Es el momento de recoger el Juno. Atrás queda su largo verano en el que este año se ha convertido en un auténtico barco familiar. En la retina y en mi memoria quedan para siempre grandes momentos cicatrizados con su eslora. Como cuando una mañana de mar acero, sin olas, y cielo plomizo, sin viento , su barriguita o bañera se llenó de alegría, ilusiones y vida, y un pelotón de capitanes intrépidos, bajitas y bajitos, disfrutaron de la navegación y hasta del baño en la vieja mina de la bahía de Altea.
Me acompaña mi amigo Bernardo, el afinado en sus consejos, y que en su denominación de origen alicantina cuenta con el ADN de los sabios de su tierra que, durante generaciones, supieron mirar a la profundidad del mar sin dejarse engañar por el canto de las sirenas, fueron capaces de aligerar el drama con sentido el humor en los peores momentos de la tormenta, y lo que es más importante, siempre hicieron reflexionar a los demás con la exposición de sus pensamientos.
Pasamos por L’Alfàs del Pi y me relata la importancia y solera que tiene su Festival de Cine. Iniciativa de un solo hombre amante del Séptimo Arte que supo desarrollar sus sueños y trabajar con pasión en el Proyecto. Todo lo contrario, me dice, de lo que pasa en un pueblo vecino con un gran premio periodístico que nació un verano a base de dinero público, mucha política y sin alma: Mientras el Festival crece cada año, el costoso «Gran Premio» decae hacia la nada con el ritmo inexorable del paso del tiempo.
Y yo no le contesto, solo aprendo. Acabo de leer un artículo en «El País» titulado «Capitalismo amamantado y pedigüeño» que firma Antón Costas y que me ha llenado el depósito de combustible intelectual. ¿Pero que va a pasar con la industria de las energías renovables subvencionada para su nacimiento? ¿Y con el coche eléctrico y sus baterías de Litio, para los que esta misma mañana el ministro Sebastián anuncia la movilización de 140 millones de euros?
Qué lastima: dos grandes posibilidades de desarrollo del ser humano y atención a la ecología, las energías alternativas y la automoción eléctrica, nacen en España con dinero público, decisión política y sin alma. Y por ahora tan solo enriquecen a los capitalistas subvencionados, amamantados y además, pedigüeños. Por el contrario, la dura realidad de los presupuestos familiares demuestra que la política energética del Gobierno Zapatero, tan limpia, moderna y progre, a todos los demás, la mayoría en realidad, simplemente nos empobrece. Ojo al dato: las asociaciones de consumidores calculan que el precio de la electricidad ha aumentado un 30 por ciento en tres años.
