Hace poco tiempo que descubrí el secreto de tu mirada. Y, ahora que comprendo el mensaje de cariño que me lanzaste sin palabras, no se sí seguir adelante. Quizás sea demasiado tarde.
Me costó entenderte pero es que, nunca supe trazar con la brújula de la memoria, como tu, el camino de la realidad a la ficción. El verdadero viaje. Me lo decías con tus ojos serenos y ahora, por fin lo puedo evocar, aunque te reconozco que tengo miedo. Quizás sea demasiado tarde: unas calles, una plaza y un puerto… las olas y un barco que zarpa al amanecer. En la espuma de su derrota flota un bidón caído que, a bordo nunca, recuperarán.
Me avisaste. Por cada palabra, frase y argumento que puedas enlazar envejecerás a golpes, pero es la única manera de explicar lo inexplicable. De recoger en la estela blanca ese bidón que parece no quiere nadie.


[…] Ellas y ellos decidieron no quedarse en casa viendo por televisión un espectáculo ensayado hasta la última sílaba; prefirieron, en cambio, asistir a (y formar parte de) otro muy diferente, en el cual se dejaba la mayor parte de los detalles al azar. Todo ello para participar en el anual y merecido homenaje que cada otoño Matasombras hace a Dolores Campos-Herrero, esa maga de las palabras que nos dejó huérfanos de su sonrisa, mas no de su literatura. […]