Una vez mas ilumina la polémíca esa vieja descarada e íntima relación entre fútbol y política, tan perversa que ni tan siquiera pretende ocultarse en nuestros inconscientes y excita y agita pasiones y banderas.
Quedó ayer claro por la decisión de la UEFA que la diplomacia española no cuenta demasiado. En esta deriva circense española de crecimiento de todos los enanos, no hay ni tan siquiera espacio para la declaraciones de principios ni la presumible indignación. La selección llanita se paseará por Europa con todos los derechos de los países y no es un país. Una situación de difícil digestión para el estado español aunque nuestros dignatarios callen.


