¿Recuerdan la frase hecha del inconsciente colectivo de una multitud manipulada?: ¿Y tú, verdad oficial, o facha?.
Y después de una sonrisa cómplice, el estribillo:
-”… ya vuelve la teoría de la conspiración”.
Recuerdo hoy que sabemos que la Juez Belén Sánchez, ha decidido llamar a declarar como imputadas por falso testimonio, a las dos mujeres rumanas que identificaron a Jamal Zougam en los trenes de la muerte del 11-M, un montón de conversaciones que mantuve hace ya dos años con algunos colegas de mi viejo oficio del periodismo. Y el desasosiego me inquieta de nuevo. Ninguno de ellos dio entonces importancia a la valía periodística de la exclusiva que publicó el diario El Mundo. Transpiraba en ellos, y ahora estoy seguro, el miedo de verse encajados en ese membrete políticamente correcto de la «conspiranoia» que debe marcar para siempre en las redacciones subvencionadas a base de litros y litros de elixir del olvido.
Gracias a las periodistas de oficio, en la actualidad existen dudas razonables de una culpabilidad y una pregunta sencilla, concreta, debería a comenzar a rasgar el aire: ¿Y si el señor Zougam, el juzgado como único autor de la masacre fuera inocente? ¿Y si el único condenado por la colocación de las bombas está en la cárcel por una mentira de la verdad oficial?


