Me extraña que en toda esta «cortina de humo» del asunto Gibraltar los políticos españoles, politólogos y opinadores en general, no hayan salido al terreno de la confrontación ideológica ante las iluminadas teorías zapateristas – de las que en esencia es deudor-, bravuconadas, picaduras envenenadas y mentiras de Fabián Picardo que acaba de decir públicamente que su pueblo llanito siempre dejará pescar en sus aguas a sus queridos vecinos, eso sí, si los pescadores españoles acatan las leyes modernas, ecologistas y verdes que la Colonia defiende.
Porque en esencia esas de las que habla no son sus aguas y no tiene legitimidad ni derecho para tirar los bloques de hormigón a unas aguas que no le pertenecen. Y en esencia, utiliza, además, un apestoso doble lenguaje progre y ecologista para medrar con su nefasta política de hechos consumados.
Y es que además de la ya famosa cortina de humo del gobierno Rajoy para ocultar los sobres de Bárcenas, existe otra gran cortina con la que teorizan una mayoría de ecologistas, progres, y parte de la familia socialista española, de las que se aprovecha el zapaterista Fabián Picardo, como la que, en estos días de polémica diplomática, despliegan los insensatos de la multinacional «Greenpeace». Porque en esencia, para crear un criadero en escollera de alevines hace falta un consenso tanto científico como social.
En el año 2000 fui uno de los pocos españoles que entró en el HSM Tireless (S88) de la clase Trafalgar, el submarino atómico que recaló mas de doce meses en Gibraltar, por lo que en un primer momento se calificó oficialmente como de pequeño incidente en su sala de máquinas y, en realidad, resulto ser una grave avería en su sistema de refrigeración del reactor nuclear. Una pesadilla de mas de un año de duración que en todo el Campo de Gibraltar se vivió con angustia pero dentro de la colonia, a los llanitos les hizo dormir muchas noches con el miedo atávico de la proximidad de la muerte por explosión nuclear.
Y va hoy Picardp, que se benefició de la política de becas universitarias instaurada por el gobierno gibraltareño en 1988 para permitir a cualquier joven gibraltareño hacer sus estudios universitarios en el Reino Unido, y consiguió así estudiar Derecho en el Oriel College de la Universidad de Oxford, graduándose en 1993, y va hoy, insisto, y vende al mundo mundial la ecología de los mares. Este abogado tiene tanto peligro como Zapatero y ni los llanitos, ni los british, lo saben.



