Los muertos siempre nos llaman con su memoria y las conjeturas sobre los hechos que vivieron justo antes de morir nos producen los mas terribles escalofríos de la nostalgia. El dolor. Y quizás por eso quizás y de vez en cuando, vemos fantasmas en nuestras pesadillas, en la cama, el monte de las ánimas, o esa autopista de la leyenda urbana en la que muchos vieron, con su camisón, a la chica de la curva.
¿Los sueños o la razón? ¿Pánico o serenidad del alma? Porque en esencia, me temo, que es la cotidiana supervivencia en esta España nuestra la que pone los pelos de punta hasta a el mas pintado y veterano capitán de los Tercios de Flandes, vendidos por cierto a su mala suerte, por los políticos de la época. Igualito que ahora.
Porque por ejemplo basta con leer algunos de los cientos de folios que los peritos han elaborado para documentar judicialmente el desastre del AVE en la curva de Angrois e intuir la peor de las pesadillas en la que los políticos relevan a los innombrables del infierno y los comisionistas son peores que los vampiros, a los que alimenta un chico de la zona reconvertido en líder social de los Zombies, de nombre José Blanco, ministro socialista del gobierno del alquimista social.



¡Qué razón tiene, don Manuel! Y, como premio, a Europa, a seguir viviendo del presupuesto. ¡Qué nivel!