
Destroza Daniel Lacalle en cada párrafo de su libro «Nosotros los mercados» los tópicos mas habituales sobre los conceptos de deuda pública y privada, los especuladores, la City, la prima de riesgo, los bancos, los «hedge Found» y la empresa financiera.
Y la velocidad y el acierto con lo que lo consigue es directamente proporcional al interés que suscitan sus páginas en el lector. Su fórmula: la mirada que proporciona la propia experiencia, tanto la real de la biografía, con sus aciertos y equivocaciones, como la mas íntima de los sentimientos, que en la mayoría de las ocasiones nos lleva a todos, a elegir entre los diferentes caminos vitales.
No es extraño, por tanto que su libro se haya convertido en todo un éxito editorial y figure destacado en las listas mas influyentes de los mas vendidos. Las librerías cuentan desde su tercera edición un nuevo capítulo sobre el rescate a Chipre.
– » Normalmente un libro de economía vende entre 1.500 y 3.000 ejemplares. «Nosotros los Mercados» va ya cerca de 10.000. El éxito viene, en mi opinión de que no es un libro dictado por una visión partidista y que, según me dicen, es fácil de leer, sencillo, ameno y personal, valido para expertos y no expertos. La verdad es que ha habido muy pocas criticas negativas. Me pareció muy interesante una que decía que era una pena que me dedicase al trabajo al que me dedico (gestionar fondos), y otra que decía que el libro ataca los pilares consensuados de la economía keynesiana, lo cual me pareció fantástico».
Las palabras de Daniel Lacalle definen, con ironía y sencillez, hasta los mas intrincados conceptos económicos. Por ello, ha construido con su libro una metafórica piedra roseta que permite descifrar las claves de esos eufemismos con que banqueros, políticos y avezados economistas, cada día, nos hablan en forma de jeroglíficos indescifrables. Además, sus agudas críticas a la política económica española y la propia estructura del estado no tienen desperdicio.

La economía real crecerá cuando
se bajen los impuestos,
se cercene la burocracia
y se atraiga capital
que vea seguridad jurídica y claridad regulatoria
Solo así, evitaremos volver a caer
en los engaños de las preferentes,
los bosques, los sellos y cosas así»
Sin la falsedad de los gurús mediáticos de pacotilla, Daniel Lacalle alude continuamente a la actualidad. A eso problemas o sencillamente declaraciones políticas, que nos lanzan a la cara toda las mañanas los titulares periodísticos, pero su profesional punto de vista incluye en las respuestas el difícil por arriesgado epígrafe de las soluciones. Escribe en su libro que cultiva un oficio competitivo en el que si tu trabajo no es de los mejores tu porcentaje de la prima anual se lo llevará alguien que haya trabajado mejor. Hoy mismo, y curiosamente conocemos en España un nuevo caso de «facturas en los cajones» , es decir, un nuevo maquillaje contable en el Ayuntamiento de Madrid, como el que los responsables europeos descubrieron hace unos días en las cuentas del año pasado a las que el ministro Montoro no sumo muchas devoluciones de la renta. Un «piquito» de nada que no coló ante la atenta mirada de los responsables de la Troika.
También hoy y el estado español ha conseguido colocar cerca de 5.000 millones de euros en el mercado de deuda, un mercado al que por ahora no entran los Hedge found de los grandes inversores extranjeros, y eso a pesar de los esfuerzos que realiza el otro ministro económico español, el señor De Guindos.
– «Hay que tener cuidado con las razones por las que un fondo compra deuda de un país. Puede ser porque espera un entorno inflacionista, porque espere que el país vaya a ser rescatado o que busque una cierta rentabilidad. Y por supuesto, puede que se equivoque. Tener mucha financiación internacional no es un síntoma de nada. Teníamos enormes cantidades de financiación en 2007 y 2008 ante una expectativa falsa de que nuestro sistema financiero era el mas solido y mejor regulado y que en España no había sub-prime. Y el mercado estaba engañado. Lo importante no es solo atraer capital, sino atráerlo por las razones correctas, porque las cuentas son sostenibles y el crecimiento sólido».
– «La prueba del algodón es doble: que el gestor que cuide de sus ahorradores se juegue su prestigio y su dinero personal con usted, que tenga invertida su fortuna en el mismo fondo y que su remuneración dependa al máximo (80%) de sus resultados. La otra prueba del algodón es que la rentabilidad que le muestre ese gestor sea absoluta, no relativa a un indice, ya que las comisiones son muy importantes. Me parece bien escuchar a todo el mundo, pero no seguir todas las recomendaciones, sobre todo cuando el que la hace tiene intereses diferentes (por ejemplo, un asesor o banquero que gane mas por venderle a usted un producto que por la rentabilidad que usted reciba).»
Compruebo hoy gracias a la compañía de Daniel Lacalle que una paseata en buena compañía permite disfrutar el paisaje de forma mas comunicativa. Sin la introspección que procura la soledad. Le pregunto al final de nuestro encuentro sobre su natural satisfacción por el éxito de «Nosotros los Mercados» y, después de la despedida. se da la vuelta y me dice » Es muy importante que haya muchos, muchísimos libros de economía. Que la gente se informe, discrepe, analice, que no se deje llevar por lo que diga Fulanito o Menganito. Que tome en definitiva, sus propias decisiones. Porque así y solo así, evitaremos volver a caer en los engaños de las preferentes, los bosques, los sellos y cosas así».

¿Por dónde comenzar? Podría haber comenzado explicando que estos préstamos los habían tomado dictadores no elegidos que habían puesto la mayor parte del dinero en sus bancos suizos, y pedirle que contemplara la injusticia que suponía insistir en que los préstamos se pagaran no por el dictador, o incluso sus compinches, sino directamente sacando la comida de las bocas de niños hambrientos. O que me dijera cuántos de esos países ya habían devuelto dos o tres veces la cantidad que les habían prestado, pero que por ese milagro de los intereses compuestos no habían conseguido siquiera reducir significativamente su deuda. Podría también decirle que había una diferencia entre refinanciar préstamos y exigir, para tal refinanciación, que los países tengan que seguir ciertas reglas del más ortodoxo mercado diseñadas en Zúrich o en Washington por personas que los ciudadanos de aquellos países no habían escogido ni lo harían nunca, y que era deshonesto pedir que los países adopten un sistema democrático para impedir que, salga quien salga elegido, tenga control sobre la política económica de su país. O que las políticas impuestas por el FMI no funcionaban. Pero había un problema aún más básico: la asunción de que las deudas se han de pagar.
Tras los cantos de sirena que provienen de algunos economistas con brillantes currículos académicos, no hay ni ciencia ni progreso. Sólo escolástica, modelos sociales y económicos que esconden una silente ideología que, pacientemente, ha ido seleccionando a sus portavoces en las “mejores universidades americanas y en las más acreditadas escuelas de negocios privadas”. Nuestros políticos tendrán, como Ulises, que atarse al mástil para llegar a buen puerto. De otra manera la crisis se prolongará y, con ella, el sufrimiento y la incertidumbre. Sin alternativas a la política que nos ha traído hasta aquí proliferará el desapego en las instituciones, proliferará el fascismo. Sin embargo, las alternativas están sobre la mesa.
[…] La Paseata, entrevista muy interesante […]
«El estado como lo conocemos no es social ni gratis, como algunos sostienen, es oligárquico, excluyente y caro. Consume enormes recursos y retrasa la recuperación, no pagando sus facturas entre otras cosas, y torpedeando el crecimiento»
Hace muchos años hubiese dicho que Don Daniel hablaba Ex-Catedra. Ahora no me atrevo no sea que nos manden a todos los que aparecemos por estas páginas a «LA BRIGADA DEL AMANECER».
Pues ya están fotografiando las viviendas en las que hemos puesto LA BANDERA.
“La prueba del algodón es doble: que el gestor que cuide de sus ahorradores se juegue su prestigio y su dinero personal con usted, que tenga invertida su fortuna en el mismo fondo y que su remuneración dependa al máximo (80%) de sus resultados. La otra prueba del algodón es que la rentabilidad que le muestre ese gestor sea absoluta, no relativa a un indice, ya que las comisiones son muy importantes. Me parece bien escuchar a todo el mundo, pero no seguir todas las recomendaciones, sobre todo cuando el que la hace tiene intereses diferentes (por ejemplo, un asesor o banquero que gane mas por venderle a usted un producto que por la rentabilidad que usted reciba).”
Hace años, se cargaron la Caja de Pensiones de la empresa (Caja Juan de Urrutia), para pasarnos a un («Pozo sin») «Fondo de Pensiones» denominado «Fondo Primavera» (yo siempre afirmé que se llamaba así porque consideraban que éramos unos capullos).
No voy a contar aquí la cantidad de cuentos chinos que nos contaban los de los sindicatos (¿seguro que ellos tenían las mismas condiciones de los demás trabajadores de la empresa? bueno, pido perdón por llamar a esos «trabajadores») sobre la «fantástica rentabilidad» y que nos íbamos a forrar cuando nos jubilásemos.
Por mis condiciones de edad y salario, la empresa tenía que meter del orden de millón y medio de pesetas al año en el fondo. Pues tuvimos muchos años que, al final de los mismos, en mi cuenta había un millón menos que al principio. Y el Banco seguía cobrando lo mismo, como el dos o el tres % de lo que yo tenía (y los demás) en nuestros «ahorros». Y sin tener en cuenta su rentabilidad negativa.
Y ahora vuelven otra vez a la carga con lo de los Fondos de Pensiones ( si, pero de los atracadores del Banco)