
Se llama Jorge Vilches y es el autor de la columna (imprescindible su lectura) que hoy publica Vozpópuli titulada:
El enemigo a las puertas y la mentira cómoda
«El primer paso de las izquierdas desde el siglo XIX es señalar a los enemigos. Sin un adversario al que liquidar, el llamamiento a la lucha, el compromiso, el sacrificio, la autocrítica, el centralismo democrático, la violencia, las acciones colectivas y su organización siempre defensiva no tendrían sentido. Por eso, su definición de “progreso” está condicionada a la eliminación de clases sociales, instituciones, costumbres, iglesias y tantas cosas como obstaculicen la imposición de su “paraíso… /… El choque entre fascismo y comunismo en el siglo XX no fue una lucha entre ideologías, sino un combate incruento por el Poder entre hermanos políticos en una misma sociedad. De hecho, cuando el enfrentamiento no era directo, la simpatía era mutua. Lenin envió a Mussolini un telegrama de felicitación tras el éxito de la Marcha sobre Roma. Hitler confesó que seguía las enseñanzas de Lenin, y Stalin pactó con el líder nacionasocialista. Por cierto, esto último convirtió a personajes endiosados como La Pasionaria o Alberti en defensores de Hitler entre 1939 y 1941 como buenos agentes estalinistas que eran. ”.
