De otros papelillos no precisamente literarios

De otros papelillos no precisamente literarios
De otros papelillos no precisamente literarios

 

 

Siempre he sido una persona que ha intentado cumplir con sus deberes como ciudadano, pero hay situaciones que exasperan. Es frecuente que me encuentre en el parabrisas de mi coche mil y un folletos de propaganda, un montón de papelillos que no he solicitado ni deseo. Junto al anuncio de la última promoción de tres pisos con ático, puede uno encontrarse milagrosas soluciones para que su hipoteca no sea tan gravosa, anuncios de señoritas enternecedoras y solidarias que te hacen compañía e incluso el gran vidente africano Profesor Kulumbulé, que promete resolver todos sus problemas de amor, salud y negocios.

 

“Surge además el problema sobrevenido de qué hacer con estos papelillos. Lo más lógico y cívico es tirarlos a la papelera”

 

Esta abigarrada biblioteca de las maravillas y los milagros es depositada frenéticamente y a diario en todas las ciudades españolas por ávidos repartidores que se tienen que ganar la vida, y a los cuales respeto, si bien alguno con peores mañas me ha roto ya una vez el parabrisas en su afán de encasquetarme los panfletos con forma de papelillos. No me merecen tanta consideración las empresas que se dedican a este tipo de propaganda porque no contribuyen más que a ensuciar las calles y poco más, ya que dudo mucho de la eficacia de tal tipo de marketing. Supongo que a ellos también es a los que debería reclamar el importe de mi parabrisas roto.

 

 

Surge además el problema sobrevenido de qué hacer con estos papelillos. Lo más lógico y cívico es tirarlos a la papelera y así lo hago casi siempre, pero cuando la más próxima se halla a 500 metros cuesta hacer la caminata y perder el tiempo en eliminar algo que no es mío. Si a uno le pilla de mala leche, dan ganas de mandarlos directamente al suelo. Otra opción es no quitarlos y cuando el coche echa a andar, salen volando, aunque alguno se resiste. También podría guardármelos y tirarlos luego en casa, pero volvemos a lo mismo, no tengo porqué hacer un esfuerzo extra por una cosa que no he pedido.

 

 

El único que me dan ganas de guardarme es el del profesor Kulumbulé. Él podría tener la solución para librarnos de tantos nefastos personajes como pululan por España . Creo que sería interesante hacer una colecta para ver si los mágicos efluvios de la santería o el vudú pueden conseguir este efecto.

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Guillermo Emperador

Guillermo Emperador

Español, bajito, republicano y alopécico. Profesor de la escuela del maestro Ciruela, boticario y bloguero en Libertad Digital con el espantoso nick de “chinito”. Ahora autoascendido a Emperador de la tierra de las Mil Naciones (España, obviamente). Tengo un blog, una coneja y muchos amigos en la Llanura de Palmaria. Nunca pensé en escribir pero la vida es un camino que lleva por derroteros extraños.

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