«Jaimitada tras jaimitada siempre pensando cacicadas pues el carajal parlamentario actual es un desastre, y la situación del Gobierno es limite».
Conversaciones en el andamio. Sánchez hace bullyng a la prensa libre. Por Francisco Gómez Valencia

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«Jaimitada tras jaimitada siempre pensando cacicadas pues el carajal parlamentario actual es un desastre, y la situación del Gobierno es limite».

Este gobierno socialista está aplicando al pie de la letra los preceptos de Goebbels, para llegar a la misma meta a la que llegó Adolph Hitler.

«Mi libertad nunca puede avasallar o ser más importante que cualquier otra, ni mancillar o impedir la propia libertad de otros».

Añoro aquellos tiempos en que cada día aparecían en mi buzón un cerro de cartas. Ahora miramos poco el buzón y de reojo.

La cultura política española debe más a la vacilante historia contemporánea que a lo que se estila en las democracias dizque avanzadas.

Los refuerzos de una propaganda tenaz, repetitiva, dan coherencia a un equipo gubernamental, a los dirigentes del partido correspondiente.

La corrupción del poder político se trata de una figura muy corriente, más de lo que indica la “investigación” de los tribunales de Justicia

La propaganda oficial proclama que España va por delante de los otros países europeos en los índices de recuperación económica tras la pandemia.

En España, el Gobierno se ha esmerado en manipular las estadísticas para tranquilizar al pueblo, como parte de una acción de propaganda.

Tan abundante es la corrupción política en la España actual, que la elevación de los impuestos, apenas, impresiona a la masa votante o contribuyente.

El dictador maneja la hacienda pública, y en ocasiones hasta la privada, con el único afán de hacerse propaganda a sí mismo.

Suben los impuestos hasta engrosar la deuda pública, para sostener los servicios públicos: el espectáculo de la política no sale gratis.

Parece un tanto lejano el supuesto de múltiples revueltas populares. Sin embargo, las condiciones son bastante propicias.

En la utilización sistemática de la propaganda, el doctor Sánchez ha llegado a tal refinamiento que daría envidia al mismísimo doctor Goebbels.