¿Cómo no iba a desear la vuelta al cole?

LA VUELTA AL COLE...
La vuelta al cole

 

La vuelta al cole… Campañas publicitarias de los grandes almacenes… ropa nueva.., libros nuevos…, y a veces hasta colegios nuevos. Tal vez cuando eres niño, o mejor dicho… cuando yo era niña no fuí consciente de lo que eso podía significar para unos padres.., económicamente por supuesto, que es lo que ahora parece que mas les preocupa a muchos de ellos.., o al menos que mas preocupa a la sociedad en general. Vivimos llenos de tópicos absurdos: “la vuelta al cole”, “estrés postvacacional” y otras zarandajas por el estilo.

“No recuerdo muy bien, porque esa parte de mi infancia está bastante difusa en mi memoria, a qué edad exactamente comencé a ir al colegio

 

No recuerdo muy bien, porque esa parte de mi infancia está bastante difusa en mi memoria, a qué edad exactamente comencé a ir al colegio. Creo, según oí contar a mamá, que fue a los 5 años. Solo tengo conciencia de cuando mi etapa de colegiala, tuvo importancia en mi vida. Fue a partir de los 10 años. A esa edad había un curso antes de empezar el bachillerato que se llamaba “Ingreso”. Ingreso en los estudios que verdaderamente iban a formar parte de mi educación. Dictados y mas dictados…cuadernos de ortografía que nos salían por las orejas. El Quijote de principio a fin leído varias veces en alto. Tengo que aclarar que estudié en un colegio de monjas y que se leía a los clásicos en las clases de costura o manualidades. De ahí me viene a mi la inutilidad para la costura y otras habilidades, puesto que “la que yo tenía”, según la profesora, era la de leer correctamente y con buena entonación. Así es que me liberaban de esas tareas odiosas como… hacer dobladillos, ojales o vainicas dobles…  a cambio de prestar mi cristalina voz para “deleite y envidia” de mis compañeras de curso.

 

 

A los once años empecé el Bachillerato y así fueron pasando los cursos…entre clases de Matemáticas, Geografía, Literatura, Historia, Latín etc etc…Un año tras otro íbamos creciendo y los uniformes se nos quedaban pequeños. Antonia, la modista que venía a casa dos días a la semana (en aquella época era bastante frecuente tener una persona que cosiera todo tipo de prendas en casa) les bajaba el dobladillo o nos hacía unos nuevos. Apenas vi en casa apuros económicos, aunque estoy segura que los habría al llegar estas fechas, pero eso pertenecía a la intimidad de cada familia. Solo pensaba en estrenar la nueva cartera que le pediría a los RRMM unos meses mas tarde, mientras tanto lustrábamos bien la del curso pasado…los libros del nuevo curso forrados con papel azul marino y con unas etiquetas blancas, pulcramente rotuladas con mi nombre y el de la asignatura correspondiente. Era emocionante llenar la mesa de comedor con papel, tijeras, plumas, bolígrafos y ayudar a mamá, cuando éramos mas pequeños, y luego hacerlo a nuestro aire y apilarlos unos encima de otros con las hojas blancas y bien apretadas esperando a ser abiertos en los próximos días. Sacábamos nuestro viejo “plumier” de dos pisos y lo ordenábamos cuidadosamente con lapiceros de colores, sacapuntas y la siempre pluma Parker 21 (la 51 cuando ya éramos mayores) llena de tinta azul lista para la revista final.

 

 

Mi vida de colegiala fue sumamente feliz. Mis notas eran brillantes porque tenía el don de aprender rápido y con no demasiado esfuerzo. Tal vez os suene a repipi y empollona pero nunca lo fui. Mis notas eran siempre sobresalientes y matrículas y si no hubiera sido tan revoltosa y contestataria jajajaja…¡Ayyy!… la Banda Blanca de Honor habría lucido en mi pecho los 6 años que duró mi etapa en el colegio. Tuve que conformarme con la rosa que era solamente de Buena Aplicación.

 

 

Lo pasé de cine en el colegio: jugábamos a la pelota, saltábamos a la comba, subíamos a los árboles de morera a coger moras, hacíamos tómbolas, bailábamos todo tipo de bailes regionales en fin de curso y tenía una amigas estupendas con las que corríamos mil aventuras y por las que éramos castigadas con frecuencia a quedarnos un par de horas a la salida de clase al famoso “Estudio vigilado” por la madre Victoria, la Prefecta que era muy estricta.

 

 

Por eso esperaba con verdadera ansiedad mi vuelta al cole. El colegio fue para mi ese reducto donde aprendí, aparte de conocimientos sobre distintas materias que nunca he olvidado, a comportarme en la mesa…respetar a los mayores… guardar silencio cuando era necesario y a expresar mi opinión cuando tenía dudas. Allí entre los muros, el jardín, el patio de recreo, la capilla con la imagen de la Divina Pastora.., rodeada de compañeras y amigas fui haciéndome mayor. Cantaba en el coro.., recitaba poemas a la Virgen en el mes de Mayo.., llevaba mis gusanos de seda en una caja de cartón.., cambiaba cromos y alfileres de colores con mis compañeras.., aprendía a tocar el piano.., a tocar la guitarra.., celebrábamos la llegada de la Navidad antes de irnos de vacaciones.., vivíamos el recogimiento de la Semana Santa. Cientos de experiencias emocionantes que nos hacían reír y a veces llorar y que llenaban mi vida de infancia y adolescencia…plenamente. ¿Cómo no iba a desear LA VUELTA AL COLE?

Share on Facebook0Tweet about this on TwitterShare on Google+0Pin on Pinterest0Email this to someone
Mercedes Ibáñez Huete

Mercedes Ibáñez Huete

Realizadora de TVE casi desde que nací. Capricornio nata, amo la poesía y el chocolate apasionadamente, adoro la Navidad, las charlas con amigos y la familia. Me encantan los días de otoño y las noches de invierno y aunque soy española de nacimiento y de corazón, viajaría en el tiempo hasta la Escocia de los siglos XVIII y XIX y me quedaría allí mucho tiempo. Definitivamente el Romanticismo es mi época. Esa soy yo.

Un comentario sobre “¿Cómo no iba a desear la vuelta al cole?

  • Antonio De la Torre Luque
    el 17 septiembre 2017 a las 18:20
    Permalink

    Me ha gustado mucho el artículo, Dª Mercedes. Y me ha hecho reflexionar sobre esa época del comienzo de la edad escolar.
    Yo la recuerdo perfectamente, aunque no hay duda de que los comentarios familiares habrán ayudado a ello.
    Recuerdo que empecé con cuatro años, en 1953, en la Escuela Preparatoria del Instituto Nacional de Enseñanza Media de Córdoba -entonces el único que había-. Los dos primeros años en la clase de párvulos y allí tuve a dos profesoras -estoy viendo sus caras en este momento, créame-, la Srta. Ana Mª, mayor y un cardo borriquero, fea y seca como la mojama, y la Srta. Enriqueta, la antítesis, más joven, de buen ver y agradable en el trato. Y recuerdo alguna travesura y los castigos correspondientes, que iban educando y formando y algunas imágenes de entonces que las veo como si fueran de hoy y no hay fotos de ellas, sino que la memoria las guarda -no me pregunte cómo-.
    Y recuerdo también cómo llegaba a casa, algunas veces -para sorpresa de mis padres, con más cosas de las que llevaba -lápices de colores y gomas de borrar, no otra cosa- que me regalaban los y las compis -el parvulario era mixto, lo que no fue después Primaria y Bachillerato-. Allí estuve hasta el curso 1958-59 en que hice el 3er grado, que entonces terminaba con el examen de Ingreso al Bachillerato -no quiero parecer pedante diciendo la nota de ese examen, pero fue muy buena-, que hice en el citado Instituto -en algún momento pasó a llamarse Séneca, para diferenciarlo del femenino Luis de Góngora-, Preuniversitario incluido -menudos paisanos tuve, Lucio Annéo Séneca y Luis de Góngora y Argote. Eso debe imprimir carácter, supongo.
    Y aquí lo dejo porque si sigo me alargaría demasiado, pero si me acuerdo de esa primera etapa, imagínese cómo me acordaré de las siguientes. Lo dejo para otra día.
    Enhorabuena por el artículo y gracias por hacerme recordar esa fenomenal etapa en la que íbamos educados de casa y allí nos enseñaban y complementaban esa educación.

    Respuesta

Deja un comentario