Se critica a Macron por haber puesto en su sitio al adolescente: “A mí me llamas señor presidente o señor”. Por Rodolfo Arévalo

El presidente de Francia, Emmanuel Macron regaña a un estudiante
El presidente de Francia, Emmanuel Macron regaña a un estudiante

“Hace años que la palabra respeto y honor, cayeron en desuso. Dejaron de enseñarse en los colegios y en las casas”

En esta época feliz de pajarillos voladores, de alegres campanillas movidas por el viento, de desenfadas bienvenidas y de políticas de mentirijilla, vamos en esta sociedad descafeinada de pensamientos y sentimientos que no sean los de novela romántica del corazón, La de lágrima sensiblera sin verdadera substancia que las soporte, de plañideras verbales y gritones variopintos hace años que la palabra respeto y honor, cayeron en desuso. Dejaron de enseñarse en los colegios y en las casas.

El primer lugar en el que se perdieron esas palabras fue en las propias casas particulares y en los lugares en los que debiera ser no solo norma, si no obligación ineludible. Desde que mi hijo es mi colega y desde que mi profesor es un “enrrollao” es imposible que no se haya perdido el respeto. Se critica a Macron en todo lugar por haber puesto en su sitio, sitio por otra parte que debiera haber sabido el interpelado, con una charla a un chaval adolescente acerca del tratamiento con el que se dirigió a él. Y la culpa, no es ni mucho menos del chaval no, la culpa es de sus educadores y de la laxitud de las sociedades en donde se crían los nuevos jóvenes.

Recuerdo que con ocho años en mi colegio de Le Havre, cuando aparecía en clase el padre, la madre, una persona extraña o incluso el director del colegio u otro profesor, la clase se ponía en pie y decía: “buenos días señor o señora” o lo que correspondiera. Esto siguió siendo así hasta que cumplí con mis estudios escolares y por supuesto cuando empecé a relacionarme con los adultos de mi alrededor. Me costó mucho trabajo y aún me cuesta llamar de tú sin su permiso a la gente, porque eso demuestra un cierto alejamiento del compadreo y un acatamiento de la distancia entre los individuos.

Vale que se haya pretendido dar menos rigidez a la relación social, pero esto no se consigue relajando las relaciones interpersonales, si no haciendo que cada uno sepa asumir el lugar que le corresponde en cada momento y en cada relación. ¿Cuántos mal entendidos se solucionarían con este pequeño posicionamiento entre las personas?. El tratamiento de señor o de cualquier otro tipo, del usted, no es clasista, si no más bien un servicio léxico para establecer quién lleva la voz cantante en una situación. Y si ha de romperse ha de ser porque no hay otra manera de que se obtenga el respeto mutuo. El respeto es connatural a la autoridad y preparación, al saber y la posición social, porque sí, porque lo es. Marca el terreno que cada cuál se ha labrado de manera personal frente al resto de individuos y solo puede ser roto por el consenso de los dos humanos que se relacionen. El respeto es un atributo de la autoridad, que no del autoritarismo, conceptos que últimamente la gente confunde mucho. La autoridad de un policía es la que le proporciona su estatus de funcionario público que defiende la convivencia en el Estado de Derecho y no puede ponerse en ridículo con un tuteo de amigos, porque la policía, entendida como elemento de orden no puede ser un colega.

“He oído en la radio, y para más INRI en Radio Nacional a una persona defender que Macron actuó mal, porque le corrigió el comportamiento al chico”

He oído en la radio, y para más INRI en Radio Nacional a una persona defender que Macron actuó mal, porque le corrigió el comportamiento al chico. Nada más alejado de lo que debería hacerse en todos los casos, aleccionar al que comete el error para ponerle en el buen camino del comportamiento social. Los seres humanos, como buenos primates, tienen jerarquías que se establecen precisamente para evitar la violencia en el grupo. Luego el respeto es una cualidad no solo deseable si no exigible a todos para evitar males mayores en las situaciones violentas. Y ese respeto debe de ser muy superior entre profesores y alumnos, entre encargados y trabajadores, entre empresarios y subalternos, entre políticos y resto del pueblo. Esto no es vejatorio ni discriminatorio ni nada parecido, es lo que debe de ser para que las sociedades funcionen y no se conviertan en el totum revolutum que tenemos en la actualidad, así que ya sabemos, la autoridad es necesaria y el respeto es la base de la convivencia. Si no existe todo se va al garete.

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Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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