Eso, para que tengamos alguna certeza acerca de que lo que nos rodea es realmente así y no de otra forma. Esto ocurre a veces cuando revivimos hechos pasados, los recuerdos: Emociones, alegrías o penas, sentimiento y emociones. Son tan sutiles como los olores, son fugaces e inestables. Durante un sueño una flor que huele bien, puede no ser una flor, puede ser una novia que realmente no es tu novia pero que vives como si lo fuera.
Si caes puede ser que sea agradable o aterrador, no lo controlas. Pero a veces en la vigilia pasa lo mismo y eres incapaz de gestionar esos gestos y sentimientos hacia los otros. Pueden resultar tan artificiales como irreales. Cuando recuerdo hechos lejanos en el espacio del recuerdo, es difícil tener plena consciencia de la carga emotiva que los acompañaba. Ha veces es más presente el color, a veces lo es más el sentimiento y a veces es un burdo ejercicio de apilamiento de imágenes auto excluyentes, que en un continuo luchan por perdurar, sin orden ni concierto. ¿Que es más importante , lo que realmente fue u ocurrió o lo que imaginamos que ocurrió? No podemos saberlo, salvo si el recuerdo es un pensamiento íntimo, y ni aún así, porque el entorno lo modificó. Si se trata de un hecho ocurrido con relación a muchas personas el tema se complica, porque deberíamos poder tener las imágenes y emociones de todos ellos para poder recrear el ambiente de emoción que se produjeron en nuestro cerebro inestable y por momentos inconcreto.
No se es tan difícil creer en que lo que fue, realmente pasó. Ni tampoco es difícil creer en que nunca pasó. Reinventar los pasados es fácil, porque nunca existieron como un continuo, sino como una sucesión de presentes cosificados, cuánticos a fin de cuenta, con sus probabilidades de ser ciertos o no.