El Madrid apestoso de olor a orín y el transporte público de la EMT. Por Rodolfo Arévalo

El Madrid apestoso de olor a orín y el transporte público de la EMT
El Madrid apestoso de olor a orín y el transporte público de la EMT

“Voy a relatarles el último evento de suspense y dolor que me aconteció ayer mismo por la mañana en esta ya horrible ciudad en que se ha convertido el Madrid apestoso”

Como ya no es la primera vez que me ocurren aventuras urbanas de ciencia ficción en Madrid, desde que el Ayuntamiento está regido por Carmena y sus chicos, voy a relatarles el último evento de suspense y dolor que me aconteció ayer mismo por la mañana en esta ya horrible ciudad. Pues verán, enardecido y entusiasmado por haber acabado un cuento que me estaba dando mucho trabajo, decido armarme de valor y en este pasado y abrasador jueves, me voy a Madrid desde la localidad en la que vivo, Villanueva del Pardillo. Como estamos en agosto, intuyo que no habrá mucho tráfico y que llegaré en unos veinte minutos a Moncloa. Después de hacer fotocopias de la obra, cojo mi automóvil, porque el autobús tarda ni se sabe en venir y decido acercarme al aparcamiento del Corte Ingles. Lo dejo aparcado allí durante cuatro horas que dura mi estancia a unos sesenta céntimos de euro el minuto. Bueno digo, todo sea por no contaminar.

El Registro de la Propiedad Intelectual, está en el barrio de las letras, zona peatonal, casi junto al Congreso del país. Decido coger junto al comercio el Autobús que han puesto para apoyar el transporte a Sevilla, centro de Madrid, que queda cerca de la Puerta del Sol. Hasta aquí todo correcto, salgo del parking, me acerco a la parada del microbús que hace el recorrido Bulevares Sevilla y viceversa. Llega al cuarto de hora y sin mayor complicación subo junto con otras personas, no éramos más de cuatro. Perfecto todos sentaditos y tan contentos. Serpentea el microbús eléctrico con trotecillo grácil en el asfalto a veces muy agrietado y vamos adelante felizmente. Al cabo de media hora hemos llegado. Me bajo, resuelvo unos papeleos de mi mujer que consisten en recoger algunos autos de varios juzgado en una especie de empresa que se encarga de la recepción del correo. Encargo realizado, me dirijo al registro de la propiedad, cojeando ya un poco debido a mi no curada del todo, tras dos años, operación de menisco en la rodilla izquierda. A esto le sumo el dolor de la otra articulación por la pequeña artrosis que padezco, vamos la gloria.

Procuro andar por la sombra porque ya a las once y media empieza a subir la temperatura. Llego al registro. Una amable funcionaria de seguridad me hace pasar todos mis bártulos por el escáner, no vaya a ser que sea un terrorista hijo de Allah o de cualquier otro totalitarismo terrorista. Paso alegremente y sin problemas, todavía no soy lo suficientemente hijo de puta como para poner bombas. En menos de cinco minutos me reciben en la mesa número dos y una funcionaría en la cincuentena me atiende de maravilla, conversa un rato conmigo y se queja de las obras del centro. Con toda la razón pienso, todas las calles están cubiertas de un polvillo denso que se va depositando en los automóviles aparcados, para mayor gloria de la contaminación del aire de la ciudad.

Parece que no había bastante contaminación, que el ayuntamiento ha tenido que reforzarla durante unos meses con las obras públicas. Madrid me recuerda ahora al Egipto faraónico con sus grandes obras públicas para dar trabajo en las fechas en que no hay cosechas. No sé pero me parece que un uno por ciento del coste de las obras es tradicionalmente para el alcalde de turno y es legal. Hasta aquí no ha ocurrido nada digno de mención. Salgo a la calle y voy al encuentro de Manuel Artero, con el que he quedado para tomar un aperitivo. Hago el recorrido, más bien corto hasta el lugar. Me cruzo con una fauna humana curiosa, viejos con tatuajes y camisetas sin manga, jóvenes de pelo rapado por un lado y largo por otro, coletismos infinitos, gente rapada, como yo, pero con más pelo que yo etc…

Esto que no tiene ya a estas alturas nada de extraño es el contrapunto a mujeres vestidas con ropas vaporosas y translucidas que a contraluz dibujan sus bien conformadas siluetas femeninas. Otras en cambio van con tales mini faldas, que escandalizarían a cualquier realizador de porno blando, pero mientras no te muestres muy interesado y si miras desde lejos, la cosa va bien. No vaya ser que alguna se sienta acosada y te demande por insistencia visual agresiva, que entonces estás jodido. Ver unas piernas bonitas es agradable, no tanto si el vestido por detrás al andar descubre la braga semi transparente o los glúteos separados por el tanga.

Más de uno, no yo que estoy acostumbrado llamaría a eso acoso sexual, dado que los hombres están programados por la naturaleza para ser atraídos sexualmente por la visión del cuerpo de la mujer. Dentro de unos límites esto esta bien pero cuando se rebasan los límites de la retambufa deja de estarlo. Al parecer o muchas féminas no son conscientes de ello o están deseando pensar en el tipo corriendo a un servicio a aliviarse. Hasta aquí todo correcto. Bajamos mi amigo y yo, tomamos un refrigerio y se nos une un amigo de mi amigo. Lo que hablamos no viene a cuento en este contexto, lo pasamos bien, pagamos y nos vamos. Son las doce y media cuando dejo a mi amigo en una esquina cerca de su casa y enfilo camino para tomar el microbús de vuelta al corte Inglés de Princesa. Las calles están bastante sucias y secas, no han regado en tiempo. Se ven cúmulos de orina reseca aquí y allá y no precisamente de cánidos. Veo que sus dueños muy diligentemente recogen sus deposiciones y las depositan en las papeleras. Digamos que la suciedad no es esta, es el ambiente general que además acrecienta con el calor algunos olores “raros” reverdecidos.

Bueno vuelvo a la aventura. Llego a la parada del M12 a la una, intento resguardarme del sol sentándome en el saliente de un escaparate en el que hay un poco de sombra. Espero. Al cabo de media hora me incomodo y voy dentro de un portal junto a una señora que también espera: – Estará al caer – digo – – Si, pero ya está tardando bastante, no sé. ¿Habrán quitado la línea? – No creo señora yo he venido antes, a las once. – Voy a acercarme a la esquina a ver si lo veo y si no me voy en otro transporte. – Me parece muy bien señora, adiós. – Adiós. La veo alejarse, intuyo que no va a volver. Yo armado de paciencia sigo de pie, con un dolor de rodillas creciente. Ya no me puedo sentar están todos los lugares al sol. Me refugio en la sombra de un alibustre y me apoyo en su tronco. Han pasado ya tres cuartos de hora desde que llegue. Veo turistas bajar y subir a los taxis. Los conductores les aconsejan llevar los bolsos delante por si los “cacos”. Siempre me he preguntado desde que en el año setenta y cinco vi, en la Estación de tren de Transtevere, un cartel advirtiendo de lo mismo en Italia. ¿Cómo no tienen los regidores vergüenza ajena sobre este tema, cuando está en su mano resolverlo con policía? Más tarde comprendo que si algún policía actúa contra el delincuente es seguro que al final lo empapelan, con lo cual el policía dice, que lo detenga la alcaldesa. Lógico. Pasa un funcionario de la EMT, le pregunto acerca del tema, no sabe nada, dice que sí, que hay servicio, pero me dice que va lento a causa de las obras de Gran Vía.

Pasa un cuarto de hora más, ya no siento ni pena ni dolor de rodillas, están insensibles por el dolor y el calor. Llamo al 010, nadie me dice nada, no saben. Cuelgo y entonces albricias, tras haber esperado hasta las dos aparece por la esquina el M12. Para, me subo, paso el abono transporte. Sube un revisor y empieza a contarle al conductor que debe de variar el recorrido, porque el otro vehículo ha sufrido una avería y esta bloqueando una calle de vuelta. Comenta que la grúa tardará en actuar, porque solo hay una. Ya le pasó otra vez y estuvo liado hasta las doce de la noche. Aunque tengo un cabreo del trece, no digo nada, para qué, ellos no pueden hacer nada y Carmena no pondrá en orden en la Concejalía de transportes, total, ¿para qué protestar? Llego a princesa, cojo mi coche hago una compra para que me descuenten dos horas de parking, pago catorce euros y vuelvo al pardillo a las tres y media encantado de haber conocido nuevamente ese Madrid ahora apestoso, ruidoso, mal gestionado y por mi aborrecido. Tal cual.

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Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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