
«Nuestra presidenta se muestra al lado de la señora Trump, señora siempre elegante, con un vestido que llame la atención, que para eso es presi en lugar de la presi»
Una monada el paseíllo envarado de la pareja que se decía continuamente: – ¡Somos presidentes!, ¡Somos presidentes! – Y lo peor, es que aun en el silencio, se les escuchaba pensarlo.
– ¿Cómo andaría un presidente? ¿Cómo andaría una presidenta? Nosotros nos ponemos tiesos y así no se nos mueve la ropa.
Acartonados, envarados, envueltos, como rebozados, y felices. Como gente que estrena sin costumbre para ir de boda.
Por si no fuera poco, nuestra presidenta se muestra al lado de la señora Trump, señora siempre elegante, con un vestido que llame la atención, que para eso es presi en lugar de la presi.
-Tiene que ser algo sensacional ¡Que se nos vea!
Entonces se pone algo fino. Nada de algo sencillo. Algo espectacular para quedar por encima de la señora de Trump ¡Hombre ya! – ¡Es tan sosa la pobrecilla! Y no esta casada con mi Pedro. Por eso, hay que hacer algo, añadamos al modelo algo que cuelgue… ¡Toma, que total!
Si es que, tenemos un gusto “ezquizito”- se dicen los dos por dentro. Y la concurrencia agradece que los hombres deban llevar la vestimenta de hombre. A saber, con qué modelazo nos habría sorprendido el guapetón si hubiera podido: “Que para eso soy presidente en lugar del presidente y hago lo que me da la gana”.
-Ya me contó Zapatero el éxito y la expectación que crearon sus nenas en el viaje que hicieron a ver a los Obama. Nosotros no seremos menos. Antes morir que no ser estiloso. ¡O sea!
