Amargas victorias, dulces derrotas. Por Manuel Vicente

 Mamá, quiero ser Presidente. Por Linda Galmor
Mamá, quiero ser Presidente. Por Linda Galmor

“En el 2012 los socialistas se jactaban de las amargas victorias de su ‘bestia negra’ particular, ya que sus 47 parlamentarios, sumados a los 12 de Izquierda Unida, impedían que los populares pudieran desembarcar en la Junta de Andalucía”

En la noche del domingo 25 de marzo de 2012 Javier Arenas se asomaba al balcón de la sede del PP andaluz en la sevillana calle San Fernando con rostro incapaz de reflejar satisfacción pese a haber hecho posible la primera, y única, derrota del PSOE en unas elecciones autonómicas en Andalucía. Entonces los socialistas se jactaban de la “amarga victoria” de su ‘bestia negra’ particular, ya que sus 47 parlamentarios, sumados a los 12 de Izquierda Unida, impedían que los populares pudieran desembarcar en el aparato político-administrativo de la Junta de Andalucía. Seis años después, el PSOE toma de su propia medicina.

En la noche del domingo 2 de diciembre, Susana Díaz demudaba su faz en Javier Arenas para comparecer circunspecta ante sus correligionarios y ante los medios de comunicación, reivindicando una victoria electoral que a nadie complacía en su cuartel general, donde pese a todo se apelaba al vacuo argumento de “cerrar el paso a la extrema derecha” con tal de no hacer acto de contrición y afrontar la regeneración que precisa el PSOE de Andalucía, como cualquier otro partido que llevara 36 años en el poder. Poco se puede esperar de una dirección que no ha sido capaz de interpretar que las numerosas protestas sociales contra el deterioro de los servicios públicos -mientras seguían apareciendo escándalos como el de los puticlubs y era juzgada la plana mayor del socialismo andaluz de las dos últimas décadas- suponían una evidente muestra del hartazgo social por la longevidad de este régimen basado en redes de corruptelas y clientelas.

No podrá ser, desde luego, esa misma dirección, ni su líder, la que aborde la ineludible tarea de regeneración y reconstrucción de un partido esclerótico, cuyos dirigentes están más preocupados del mantenimiento de sus nóminas institucionales que del éxito del proyecto político, de cuya continuidad en el poder dependen los sueldos de miles de personas que a día de hoy imploran poder continuar en sus puestos de la administración paralela de la Junta. Los cinco años de gestión de Susana Díaz al frente de la Junta de Andalucía han reportado al PSOE no sólo la pérdida de 14 escaños sino también hundir su suelo electoral, en una Comunidad Autónoma considerada hasta ahora como su granero nacional de votos, hasta los 33 parlamentarios autonómicos, los mismos que en la última legislatura tenía el PP como primer partido de la oposición.

“Las facturas del ‘golpe de Estado’ interno de 2016 y de las primarias siguientes estaban guardadas en el cajón principal de Ferraz y ahora pasan al cobro. Nunca una victoria fue tan amarga”

En Madrid, Pedro Sánchez ha tomado nota inmediatamente sabedor de que, con esta aportación desde Andalucía, tendrá difícil obtener un buen resultado en las elecciones generales, por lo que los movimientos de la silla de Susana Díaz son ya insistentes y contundentes. Las facturas del ‘golpe de Estado’ interno de 2016 y de las primarias siguientes estaban guardadas en el cajón principal de Ferraz y ahora pasan al cobro. Nunca una victoria fue tan amarga.

Y nunca una derrota fue tan dulce. Juanma Moreno se ha dejado 300.000 votos por el camino, ha perdido 7 escaños, ha vulperizado el suelo electoral popular hasta llevarlo a niveles de 1990 cuando el PP se estrenaba como partido refundado de la extinta Alianza Popular y confrontaba con un monolítico PSOE que sacaba 60 escaños; pero Juanma está exultante. Ante sí tiene todos los condicionantes favorables para ser el primer presidente no socialista de Andalucía, acabar con el régimen y hurgar en los cajones de la administración para airear toda la podredumbre que acumulan, siempre y cuando obtenga el apoyo de Vox y de Ciudadanos para sumar 59 escaños que le darían mayoría absoluta en el Parlamento autonómico. Los movimientos que el ciudadano Juan Marín está haciendo con el PSOE para intentar gobernar con 21 escaños parecen más un farol de mal jugador de poker que un auténtico intento de repetir la misma operación, mil veces criticadas por su partido, puesta en práctica por Pedro Sánchez en el Congreso para ejercer el Gobierno de la nación con un 24% de los escaños de la cámara legislativa.

Que Ciudadanos no quiera ser rehén del PP y presione con movimientos al margen para encarecer el precio de sus 21 parlamentarios es comprensible e incluso aceptable, pero de ahí a tomar en serio una hipotética operación que pasaría por conseguir el voto afirmativo del PSOE -ganador de las elecciones, no se olvide- y la abstención de Podemos para investir a Marín media un abismo. Se pongan como se pongan Juan Marín y Albert Rivera, la sociedad andaluza da por descontado desde la misma noche electoral que los socialistas tienen que desalojar los despachos de la Junta de Andalucía para que se fumigue en su interior, y pobre de aquel partido que se oponga a ello o que urda alguna treta para que no sea así, ya que en unos meses volverá a haber cita con las urnas y se pagarán caros los deslices.

“Cualquier participación del PSOE en la próxima gobernabilidad de Andalucía sería mal asimilada por una sociedad que ha expresado con rotunda claridad que apuesta por el fin del régimen socialista”

El mérito de haber sido el único partido que ha rentabilizado extraordinariamente su apoyo al PSOE, en contra de lo que supuso para el desaparecido PA e Izquierda Unida, puede acarrearle a Ciudadanos un exceso de euforia, con la consiguiente sobreestimación de sus habilidades políticas, que le lleve a protagonizar un movimiento en falso en forma de pacto endiablado de consecuencias impredecibles en próximas elecciones. Cualquier participación del PSOE en la próxima gobernabilidad de Andalucía sería mal asimilada por una sociedad que ha expresado con rotunda claridad que apuesta por el fin del régimen socialista y, consecuentemente, por una inédita alternancia en el gobierno de la Junta con todas sus consecuencias ya que el deseo inequívoco expresado en las urnas es el de higienizar la administración, el cual deberá ser bien entendido asimismo por el Partido Popular en el momento de abrir los cajones y obrar en consecuencia.

Juanma Moreno debe ser consciente de que los múltiples y variados tentáculos del régimen socialista son sorprendentemente largos y alcanzan a innumerables estamentos de la sociedad andaluza, en algunos de los cuales habitan afines al PP que no por ello han prescindido de los favores de la administración. Llegado el caso, no perdonaría la sociedad andaluza que Moreno hiciera ‘mutis por el foro’ sin esclarecer hasta el último céntimo el destino de los fondos públicos, porque la pérdida de 7 parlamentarios que ha sufrido pone de manifiesto que, para los electores, el PP andaluz no es distinto del PP madrileño ni del valenciano, involucrados en múltiples escándalos que le invalidan para ser percibido como garante de la lucha contra la corrupción. Durante la instrucción del caso de los EREs y todas sus ramificaciones, han surgido determinados episodios de implicación de personas cercanas al PP -el más renombrado, y torticeramente manipulado, fue el de una posible relación de Manuel Olivencia, suegro de Javier Arenas, a través de su despacho de abogados-, lo cual no es más que una muestra de que el sistema de clientelismo tejido desde la administración andaluza abarca a toda la sociedad y, sobre todo, a aquella que precisa del dinero público para sustentar sus actividades económicas o empresariales.

Obviar, esconder, minimizar o cualquier otra acción que tienda a dar un trato distinto a las corruptelas en función de la mayor o menor afinidad de los implicados supondría un gran fraude al mandato democrático expresado en las urnas por los andaluces, deseosos de que la alternancia en el Gobierno después de 36 años se evidencie en forma de gestión pulcra y transparente de los fondos públicos, depuración de responsabilidades por las corruptelas cometidas y reducción del inútil aparato administrativo creado por el régimen para la compra de voluntades. En caso de ostentar la Presidencia de la Junta de Andalucía, Moreno deberá pasar un duro examen en las próximas elecciones, aunque de momento tiene motivos sobrados para disfrutar de su derrota, en una posición que ya quisieran para sí Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo, quienes, parapetados en una retrógada “lucha antifascista” contra un inexistente fantasma, se niegan a hacer autocrítica después de haber fracasado en su intento de maximizar los efectos de sus votos.

La movilización juvenil “antifascista” alentada desde Podemos no tiene más propósito que esconder el retroceso experimentado por la marca ‘Adelante Andalucía’ en la que la organización podemita lideraba su coalición con Izquierda Unida y otras formaciones izquierdistas menores. En un comportamiento propio de la casta política a la que tanto denosta, Teresa Rodríguez hace caso omiso de las recomendaciones que le llegan incluso desde algunos correligionarios para hacer autocrítica, una vez que la unión de Podemos+IU ha obtenido el 2-D menos votos que los recogidos sólo por la formación podemita en las elecciones anteriores, de manera que los 15+5 de 2015 han mermado a 17. En política, 2+2 no siempre suman 4.

“Queda aún por ver si la amarga derrota de Podemos en Andalucía es el principio del fin de una formación política anquilosada en el tiempo”

Queda aún por ver si la amarga derrota de Podemos en Andalucía es el principio del fin de una formación política anquilosada en el tiempo, cuyas ansias se confrontación le han llevado a despertar a la derecha más radical, hasta el punto de que Vox, el único que puede presumir de dulce victoria, le ha arrebatado el voto de indignación de los ciudadanos contra los políticos. Atribuir la eclosión electoral de esta escisión del sector más derechista del PP que encabeza Santiago Abascal a fenómenos como un aumento de la xenofobia no hace más que poner de manifiesto la simpleza del razonamiento político de la izquierda. Si en uno de los municipios de Andalucía con mayor número de inmigrantes, El Ejido (Almería), Vox se ha convertido en primera fuerza política, pasando de 58 votos (0,24%) a 7.377 (29,51%), no es porque la sociedad ejidense haya visto en el racismo la solución a todos sus problemas sino por el hastío a la política de inmigración desarrollada por el régimen socialista, corroborada por la que han desarrollado desde el Gobierno central tanto el PP como el PSOE. Por mucho que la izquierda pretenda imponer su discurso buenista coaccionando con insultos a quienes reclaman una inmigración controlada, la concesión de privilegios a la población extranjera en detrimento de los foráneos, amén de sufragados por sus impuestos, sólo puede generar agravios, que son achacados por la sociedad local no a los inmigrantes sino a los inoperantes gobernantes. Que en Andalucía no hay 400.000 fascistas racistas es tan obvio que hasta el podemita Íñigo Errejón ha sabido verlo.

El escaso valor de los análisis ha llegado a tal nivel que incluso algunos protagonistas políticos se han atrevido a reprochar a 2.602.546 personas que se hayan quedado en sus casas optando por la abstención. Obviar que el voto es un derecho que el ciudadano puede ejercer, o no, es una insensatez propia de quienes precisamente no son capaces de motivar al electorado para que ejerza ese derecho. El único consuelo que queda al ciudadano es que los políticos pagarán su insensatez con su sueldo. Allá ellos.

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Manuel Vicente

Manuel Vicente

Cosecha sevillana del 64. Una treintena de años de ejercicio periodístico (El Correo de Andalucía y RNE, entre otros, y actualmente en Canal Sur Radio) al lado de la clase política me han permitido comprobar la degradación en las capacidades de aquellos a quienes los ciudadanos otorgamos la responsabilidad de resolver nuestros problemas. Analizar en ocasiones lo que se cuenta y lo que no, es una ejercicio generalmente gratificante. Huelga decir que mis opiniones y pensamientos son sólo míos y que sólo yo soy responsable de lo que escribo. Como siempre.

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