
«Ha dicho usted señor Bergoglio que deberíamos aprender a llorar, y para mí, con esa aparente sencillez se ha retratado en su ignorancia»
Estimado Bergoglio:
Mucho me temo que la entrevista que alguien de su gabinete, estoy segura, concedió a la Sexta, haya dejado al descubierto su mediocridad como Papa y como ser humano.
Yo me voy a centrar en algo que ha dicho y dejo a otros eruditos y comentaristas la crítica acerca de sus errores de apreciación y de sus ideas nada relacionadas con lo que es una religión y una justicia.
Ha dicho usted que deberíamos aprender a llorar, y para mí, con esa aparente sencillez se ha retratado en su ignorancia. ¿El mundo no ha llorado bastante? ¿No sigue llorando el mundo en infinitas regiones? ¿Quizá se refería usted a llorar de alegría? Me temo que no. ¿Llorar de hambre, de pena, de dolor, de miseria, de asesinato, de injusticia, de desesperación, de pobreza, de soledad, de abandono?…
No señor, no. No es a llorar a lo que debe aprender el hombre de Dios, que es cualquiera que habite el mundo.
Otros han predicado, quizá hipócritamente, pero hablaban de lo que se supone que es la base de todo: El amor al prójimo, la esperanza, la ayuda, la tolerancia, la compasión, el perdón, la caridad y todos esos valores que parece ser que no hacen falta por que todos debemos aprender lo que, por desgracia, conocemos demasiado bien: Llorar.
No, señor Bergoglio, aprenda usted, que si lo dice es por que es usted quien lo necesita. El pobre ser humano, tan solo desde que nace en un mundo desconocido lleno de ignorancia, lo que necesita es felicidad, alegría, prosperidad, familia, hermandad sí, consciente, no servilismo a la bondad interesada de otros.
Las luces robadas que todos somos ya hemos llorado demasiado, y la Esperanza, que es una de las cosas que usted debería predicar habla de paz, y de todo lo contrario al llanto.
Es usted un papa adecuado a la época: Mediocre. Lo último que se necesita en la Cristiandad.
Al menos ensaye tópicos para cuando tenga que acudir a entrevistas, para que no se le vea el plumero y tenga que perder el tiempo que duren en justificar aquello que dijo en tal o cual momento.
Donde se maneja la luz hay siempre bichos y oscuridad. El Vaticano es la meta de los buenos y de los malos. Cuide de su rebaño de ovejas blancas y negras, y si no tiene cosas mejores que decir no las diga. Siga usted dando el juego que se le solicita y no deje desprotegidos a sus creyentes en aras de ideologías e intereses. Y no nos enseñe a llorar, que ya nos lo sabemos cómo para matricula de honor. Enseñe a ser feliz, a comer todos los días, a pensar que hay justicia para todos, por ejemplo.
¡Adiós! Señor Bergoglio.

El PAPACO es marrano. Sobran las demás explicaciones
Pues estoy con el Papa, ojala el Espíritu Santo nos dé muchos como él.