
«Fritz Lang pidió un poco de tiempo para pensárselo. Y vaya si se lo pensó, el tiempo justo para coger un avión y salir pitando a París»
«En 1931 Fritz Lang estrena M. el vampiro de Düsseldorf, y los nazis la censuran. Dos años más tarde, acaba El testamento del doctor Mabuse (1933), y de nuevo se la prohíben. El clima en Alemania está cada vez más enrarecido, y el cine no se escapa de lo que va a venir. Un día, el ministro de propaganda Joseph Goebbels lo convoca para una reunión, y Lang se inquieta como sólo lo puede hacer quien que se sabe en el punto de mira del régimen. Pero Goebbels no lo quiere mandar a un campo de concentración, como hará en Theresienstadt con tantos compañeros, sino darle la dirección de los estudios de la UFA. Lang no se lo puede creer. “Pero si me has censurado películas”- podría haber dicho. Nada, pelillos a la mar. “Pero si mi madre era judía, aunque convertida al catolicismo”. Y aquí sí sabemos lo que le contestó Goebbels: “Nosotros decidimos quién es judío y quién no”. Lang pidió un poco de tiempo para pensárselo. Y vaya si se lo pensó, el tiempo justo para coger un avión y salir pitando a París. Atrás dejó su carrera, un futuro prometedor en la UFA, sus amigos y familia, y a su señora esposa…»
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