
«Desde hace unos años se reúnen un grupo de personas en general jubilados, que dan vueltas enfrente del edificio sede de la Comunidad de Madrid, portando banderas republicanas»
Tengo el privilegio y la fortuna de pasear Madrid a menudo. Me entusiasma descubrir cosas nuevas: estatuas, fachadas, tejados, jardines, monumentos y un sin fin de lugares encantadores. Soy un empedernido «paseante en Corte». Y cómo no, muchos de esas caminatas urbanas desembocan en la Puerta del Sol, cruce de caminos y lugar de cita de miles de personas, con su kilómetro Cero de referencia, Pues bien, en este emblemático espacio, desde hace unos años se reúnen un grupo de personas en general jubilados, que dan vueltas enfrente del edificio sede de la Comunidad de Madrid, portando banderas republicanas. Son inasequibles al desaliento de la II República.
«Es recomendable recordar a los menos nostálgicos que la proclamación de la II República, acogida en un principio con esperanza y alegría, pronto defraudó merced a su temprano sectarismo ideológico»
Una tarde y con no poca ironía por mi parte, le pregunté a uno de los manifestantes cuál era esa bandera. Educadamente, entendiendo mi desconocimiento por el corto periodo de tiempo en que fue la bandera oficial de España, me manifestó que representaba la libertad. Me encogí de hombros y le dí las gracias por la explicación. En ningún momento se me pasó por la cabeza lo que, en realidad, había supuesto ese calamitoso periodo de la II República. La nostalgia de ese grupito incitaba así más a la compasión.
Por eso es recomendable recordar a los menos nostálgicos que la proclamación de la II República, acogida en un principio con esperanza y alegría, pronto defraudó merced a su temprano sectarismo ideológico, plasmado en la nueva Constitución que, rápidamente, limitó las libertades de empresa e información, recogida en la Ley de Defensa de la República del 22-10-1931. Y es que en esa Constitución no se menciona para nada a la clase empresarial, pues solo lo hace de la clase trabajadora. Todo indicaba que se trataba de imponer la dictadura del proletariado y considerar al Estado como único patrono.
Aparece también por ley la expropiación sin indemnización adecuada, cuando así se apruebe. por mayoría absoluta, en Las Cortes. Leninismo a tope, sin consideración alguna por las personas y sus propiedades. En el articulo 3, se declaraba el estado laico, con enorme perjuicio para los católicos. Ejemplo, la disolución de los jesuitas, cuyos bienes pasaron a formar parte del Estado.Tampoco los religiosos católicos podían ejercer la enseñanza, ni tener empresas o comercios. Son el enemigo vencido.
Otro ejemplo evidente de esa sectaria Constitución llega ya en plena guerra civil en 1936, con la ley que obliga a todos los ciudadanos que se encuentren en zona roja, a entregar todos sus objetos de valor, y de no hacerlo así, serán juzgados como contrabandistas. En fin, podríamos seguir con más datos, pero creo que estos son suficientes para no añorar en absoluto ese calamitoso periodo de España, una época contraria a la libertad individual, a sus derechos y a los mínimos valores democráticos. Hay que tenerlo en cuenta con firmeza para no dejarse engañar, nuevamente, por los embrujos de los mentirosos y sectarios cantamañanas de turno.
