Podemos, sus adláteres rufianescos y progres de guardia se empoderan de España. Por Ana Castells

Podemos, sus adláteres rufianescos y progres de guardia se empoderan de España. Ilustración de Tano
Podemos, sus adláteres rufianescos y progres de guardia se empoderan de España. Ilustración de Tano

«Podemos ha vuelto a manifestar su cortedad de miras, su aversión a los logros de la ciudadanía al margen de la tutela de papa Estado y su obsesión por apoderarse del fruto del esfuerzo y el éxito»

En la sesión sobre el estado de alarma del Parlamento Podemos ha vuelto a manifestar su cortedad de miras, su aversión a los logros de la ciudadanía al margen de la tutela de papa Estado y su obsesión por apoderarse del fruto del esfuerzo y el éxito de los que han triunfado sin necesidad de meter mano en el bolsillo de los demás ciudadanos. Lo único que le he escuchado a Echenique y demás adláteres rufianescos, es que hay que hacer que paguen los ricos.

En esta emergencia, como habitualmente, los ciudadanos están por encima y por delante de sus políticos. Ante la dejadez y cobardía del gobierno en adoptar medidas eficaces (y en hacer frente a las exigencias propagandísticas de sus socios, y socias, de gobierno) muchos ciudadanos se han puesto en marcha para paliar las deficiencias de sus dirigentes. Desde Inditex, cambiando la producción de moda primaveral por la de producción en masa de mascarillas, hasta unas humildes cosedoras de zapatos que han cambiado el cuero por la tela para contribuir a paliar la carencia de los más elementales elementos de protección de nuestros sanitarios, que se las ven y se las desean para protegerse y poder así continuar prestando sus servicios. Sin olvidar las numerosas iniciativas solidarias que palían la soledad o indefensión de tantos ancianos que viven solos o que no pueden atender a sus necesidades, e incluso quienes inventan juegos y distracciones para ayudar a entretener y superar este aislamiento a pequeños y mayores.

Los progres de guardia se apresuraron a pedir, perdón, a exigir, que se pusiese a la sanidad privada bajo las órdenes de la sanidad pública, o lo que es lo mismo, a las órdenes políticas sin recordar que si existe la sanidad privada es gracias a que algunos ciudadanos la creamos y la mantenemos con nuestro dinero, además de contribuir a sostener, obligadamente, la sanidad pública. Sin recordar que sino existiese la sanidad privada la sanidad pública colapsaría, como desgraciadamente se ha visto en este momento.

Y sobre todo, sin recordar que la sanidad privada, YA se ofreció a colaborar antes de que se le exigiese por decreto y que lo hace intentando no dejar de lado la atención a sus socios para colaborar en la atención preferente a los afectados e infectados por la epidemia. Es decir, asumiendo una doble carga de trabajo.

Por cierto, ¿quién garantiza que las decisiones que se han tomado y se están tomando están avaladas por la ciencia médica? Por lo que sé, las decisiones se han tomado entre políticos y burócratas sin consultar al cuerpo médico, especialmente al clínico (así me lo han manifestado varios especialistas y dirigentes clínicos). ¿Quién decide qué datos se dan sobre infectados y su procedencia? Por lo que sé, el hospital 12 de Octubre de Madrid recibió una avalancha de afectadas después de la manifestación del 8 de marzo, pero solo oigo anunciar que hay un brote importante en una residencia de ancianos… privada, obviamente. ¿Dónde está el criterio médico sobre la información?

Por una vez, estaré de acuerdo con una de las exigencias de VOX, el cese de Fernando Simón. SI uno no está dispuesto a defender un criterio objetivo frente a las exigencias partidistas, debe dimitir o no haber aceptado el cargo.

De esta crisis deberíamos extraer varias lecciones; un país no puede dejar en manos externas la provisión de sus elementos de defensa y supervivencia más esenciales (Japón continua produciendo arroz a pesar de ser un país agobiando por la falta de espacio físico). Un país no puede sobrevivir si la parte más preparada de sus ciudadanos se marcha al extranjero ante la falta de oportunidades de aplicar sus conocimientos avanzados por la obsolescencia de su industria, o la falta de ella; un país no puede dejar su supervivencia al albur de que unos cuantos millones de turistas decidan pasar sus vacaciones en su territorio, dejando una parte de su renta para que otros vivan el resto del año; un país no puede aceptar que sus ingresos provengan de servir pinchos de tortilla y sangría… y un país que vive así, no puede regalar el fruto del trabajo y el ahorro de sus ciudadanos a todo el que pretenda cruzar su frontera para acceder a los beneficios obtenidos con el esfuerzo, solo, de los ciudadanos, nunca de los políticos.

Anna Castells

Anna Castells

Soy Licenciada en Derecho y periodista de profesión. He sido Jefe de Prensa del Ministerio de Cultura y del Tribunal Constitucional. Directora de Comunicación y Relaciones Institucionales de la compañía RENFE. Editora y Presentadora de diversos informativos de TVE y corresponsal de RNE en Francia. Profesora en diversos Masters de Liderazgo y Comunicación.

Deja un comentario