Del Ciprés, el árbol de la vida, y la necesidad del duelo. Por José Crespo

El Ciprés y la necesidad del duelo: Camino de cipreses de Vincent Van Gogh
El Ciprés y la necesidad del duelo: Camino de cipreses de Vincent Van Gogh

«Estas líneas quiero dedicarlas para recordar la importancia del duelo para una evolución sana como personas y como sociedad, lo cual no impide que podamos y debamos mantener la alegría»

Quiero comenzar diciendo que doy por comprobado que todos sabemos aplaudir, no digo que no haya que hacerlo, debemos agradecer el esfuerzo extraordinario de los profesionales a pesar de las carencias tanto de medios como de la imprevisión política, tanto más dolorosa cuando se pone un curriculum al servicio de una ideología en vez de al servicio de la sociedad. Pero estas líneas quiero dedicarlas para recordar la importancia del duelo para una evolución sana como personas y como sociedad, lo cual no impide que podamos y debamos mantener la alegría, el amor por la vida y el sentido del humor en todas sus vertientes.

¿Qué sucede cuando se quiere disfrazar, alegrar, o alejar la muerte de esa realidad que es algo tan duro y real como que se trata del final de nuestra vida?, lo explico con un ejemplo: Hoy cuando miramos un cementerio o su avenida de acceso ¿qué vemos?… una fila de cipreses, ese árbol que hoy en España se asocia con la muerte, pero eso nunca fue así.

En nuestra tradición romana el ciprés, por su forma alargada que apunta al cielo era un árbol que para los romanos simbolizaba la alegría, la elevación del espíritu, la vida en el campo, el buen ánimo que nos llevaba a mirar al cielo. Por eso en las fincas y casas de recreo romanas el ciprés era el protagonista y aún lo podemos contemplar en antiguas propiedades no solo en Italia, también aquí en España, en regiones como Extremadura y Andalucía.

Luego hubo un momento en el que se pensó en llevar la alegría a los cementerios y quitarles ese tinte de lugar de dolor, y para ello sus avenidas e interiores fueron plantándose de cipreses… pero lo único que se consiguió en convertir, por asociación, al ciprés en un símbolo de la muerte.

«Cuando algunos de esos vínculos se rompen, surge en nosotros un periodo de gran intensidad emocional al que llamamos duelo»

Como seres humanos necesitamos de los vínculos para crecer y desarrollarnos. Cuando algunos de esos vínculos se rompen, surge en nosotros un periodo de gran intensidad emocional al que llamamos duelo.

Si la pérdida es radical y definitiva, como en el caso de la muerte, de esas muertes que ahora se multiplican a nuestro alrededor, todas nuestras dimensiones personales se ven afectadas tanto en lo físico, lo emocional, lo cognitivo, nuestra conducta, nuestras relaciones sociales y también nuestra vertiente espiritual. Ese estado nos afecta, y es normal, hasta tal punto que cualquier persona puede sentirse incapaz de superarlo y requerir de ayuda para su recuperación.

Hay muchos factores que afectan al tipo de duelo, como las circunstancias de la muerte, nuestra relación con el fallecido, su personalidad y el círculo sociofamiliar. Por todo ello para el completo restablecimiento de una pérdida, es necesario atravesar una serie de etapas o fases, una especie de carrera de paso de obstáculos en la que deberemos primer llegar a aceptar la realidad de la pérdida, también expresar nuestras emociones y dolor, luego adaptarnos nuevamente al medio en el que ese ser querido ya no estará presente, colocar al fallecido en nuestras emociones sin olvidarlo y continuar viviendo.

No podemos crear una ficción, tapar esa o esas pérdidas con una comedia o una simple broma y eludir el duelo y en el caso que vivimos la pérdida en estas fechas de 11.000 compatriotas a los que debemos recordar y acompañar en el sentimiento a sus seres queridos, dando sentido real a esa frase de «acompañar en el sentimiento».

«Con esta sencilla reflexión solo quiero concluir que la muerte y la necesidad del duelo son así y no pueden adornarse de ninguna manera»

Con esta sencilla reflexión solo quiero concluir que la muerte y la necesidad del duelo son así y no pueden adornarse de ninguna manera, es el final de nuestros días, debe ser asumido y debemos respetarlo y con ello el duelo por la pérdida de los que la sufren, la sufrimos y la sufriremos siendo el duelo la opción más sana y necesaria para continuar nuestro camino por la vida, siendo felices, haciendo felices a nuestros semejantes y sobre todo acompañar en el duelo pues si no se respeta y asume el duelo y la muerte, se termina por no valorar y no respetar la propia vida.

José Crespo

José Crespo

José Antonio Crespo-Francés. Soldado de Infantería Española, Doctor en Historia. Enamorado de Aranjuez la ciudad donde vivo, colaborador en radio y publicaciones electrónicas, autor de trabajos históricos dedicados al Servicio Militar y Valores, y a personajes en concreto como Juan de Oñate, Blas de Lezo o Pedro Menéndez de Avilés y en general a Españoles Olvidados en Norteamérica. Rechazo la denominación de experto, prefiero las de "enamorado de" o "apasionado por". Si Vis Pacem Para Bellum

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