«Por la mañana, en el cementerio, me habían empujado las prisas; el sol en lo alto, el suelo humedecido y como de tempero, la soledad del camposanto…».
Paseos de noviembre. Por Diego Pardos

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«Por la mañana, en el cementerio, me habían empujado las prisas; el sol en lo alto, el suelo humedecido y como de tempero, la soledad del camposanto…».

Con esta sencilla reflexión solo quiero concluir que la muerte y la necesidad del duelo son así y no pueden adornarse de ninguna manera

De nuestras espectrales calles ilumino el olivo del cementerio de San Sebastián. Erguido amigo de las almas. En sitio abierto por derecho de asilo