
«La palabra facha, es comodín de trolls y personas diversas que se definen a si mismas como de izquierdas… Ya no se dicen socialistas, porque han caído las caretas»
La palabra facha, es comodín de trolls y personas diversas que se definen a si mismas como de izquierdas… Ya no se dicen socialistas, porque han caído las caretas y prefieren, los ínclitos, manifestar su verdad íntima. Facha, es un calificativo de uso común entre los herederos de aquellos personajes que pontificaban en las tabernas de hace muchos años, amenazando con qué ya rodarían las cabezas, con el chato de vino en una mano y el Celta corto en la otra, hábilmente sujeto entre los dedos pulgar e índice; meñique tieso, y ejecutando con la uña de este, casi siempre más larga y teñida de amarillo por la nicotina, el rito de sacudir el pitillito para arrojar la ceniza al suelo acogedor.
Sí, me refiero a la taberna de antes, aquel lugar de paredes tapizadas de toneles que inundaban el olfato del transeúnte con el olor ranció a vino peleón, y que fue la antecesora de los bares. A algunos niños, nos enviaban los mayores a comprar a granel el vino para la comida sin considerar el antro; porque, en aquellos tiempos, la gente no se paraba a meditar demasiado sobre donde metía a sus niños. Recuerdo ir con mi prima, las dos pequeñísimas, al recado cotidiano para su padre. Y como siempre me encantó observar a las personas y la vida alrededor, pude guardar en mi memoria, muchas veces de pez, estampas de valor histórico que me han servido, como mínimo para contarlas aquí, ahora.
Fuera de la taberna el mundo avanzaba y caían esquemas, sensaciones antiguas, reivindicaciones obsoletas. La gente, de la que gran parte se ha ido ahora a causa del coronavirus, olvidaba y comenzaba a crecer y a trabajar por un nuevo país.
El odio, que se disolvió, mayoritariamente por la necesidad de todos de dejar atrás pasados muy dolorosos, dejó residuos ocultos en las vísceras de borrachines tabernarios, que seguían rememorando un pasado obsoleto y amenazaban, hartos de vino barato, a la nueva civilización que avanzaba implacable.
«No importa la ideología del “culpable”, con que no esté de acuerdo con la doctrina del odio y de la miseria por vocación, es acusado de facha»
Que de ese residuo surgieran semillas parecía absurdo, que estas fructificaran, impensable.
Pero sí, el odio injusto, aislado, continuó desarrollándose bajo tierra como una semilla maligna; el tiempo no lo durmió. Y en el principio de los años veinte del siglo XXI, encontramos carteles como este. Resultaría solo ridículo si no mostrara una iniciativa muy peligrosa. El adjetivo calificativo que unifica a todo ser viviente que manifieste, aparente o contradiga en algo la filosofía calcada de los grandes movimientos nefastos que han demostrado con creces la insuficiencia de su valor y las consecuencias asesinas para millones de personas es la palabra Facha. Una especie de sello con significado abstracto que el ingenuo militante de partidos de izquierdas utiliza para calificar a quien no comulgue con sus ruedas de molino. No importa la ideología del “culpable”, con que no esté de acuerdo con la doctrina del odio y de la miseria por vocación, es acusado de facha.
A estos patéticos soldados de su propia ruina, entonces, podría llamárseles “fichas”, sin denigrar ni falsear el significado, pues ficha representa al “objeto” que se utiliza en tableros de juegos diversos como herramientas de la estrategia del jugador.
«Elija cada uno que prefiere ser, si facha o ficha con arreglo a los significados del presente.
Podría ser este cartel un bulo. Incluso sería deseable»
Elija cada uno que prefiere ser, si facha o ficha con arreglo a los significados del presente.
Podría ser este cartel un bulo. Incluso sería deseable. Pero ese bulo es una consigna y las consignas, son extremadamente peligrosas cuando hay chusmas atentas.
El día 23, fecha en la que Abascal llama a una gran manifestación en las capitales de toda España, los convulsos morados, olvidando la Democracia y los derechos de todos, no se privan de proponer a los suyos violencia e infamia. Olvidando que es la infamia la que empuja a los españoles a sentirse cada vez más hartos de que les politicen hasta el hambre y la enfermedad. De sentirse perseguidos y manipulados por personajes que les odian a ellos y a su patria.
Malos tiempos corren para la libertad.

Si atacan mi coche, les monto un festival en la Gran Vía que lo de la verbena de la Paloma se queda en juerguecilla.
Como somos. Encima que las criaturas han tenido la delicadeza de no incluir lo del tiro en la nuca.