El nuevo turismo en España y Olé. ¿Dónde está la bolita? Por Vicky Bautista Vidal

El nuevo turismo en España y Olé. ¿Dónde está la bolita? Ilustración de Tano
El nuevo turismo en España y Olé. ¿Dónde está la bolita? Ilustración de Tano

«Españita, la que vivió del turismo, pero que ahora, quiere poner en cuarentena a los visitantes. ¿Dónde está la bolita? ¿Tamos tontos o qué?»

Si no fuera por la ruina que amenaza, estaríamos todos rotos de la risa que da Españita, la triste, a causa de los dramáticos acontecimientos políticos que nos están encaneciendo a todos el cabello. Españita, la que vivió del turismo, pero que ahora, quiere poner en cuarentena a los visitantes. ¿Dónde está la bolita? ¿Tamos tontos o qué?

Me imagino que a los más tontos de todos los turistas y también a los más ricos, ya que saben que si vienen a nuestro país sin igual, deberán pagarse catorce días de cuarentena. O sea, encerrarse en un hotel a verlas venir durante ese tiempo. Hasta que puedan salir, y entonces, compartir con el ciudadano español la pobreza y las mínimas opciones.

No es que nos distingamos precisamente por la capacidad adquisitiva de nuestros turistas, especialmente los de Baleares: Señores de plan concertado de cuatro perras, que llegan al paraíso español con el tiempo justo y con los gastos controlados. Tan controlados, que alguno es arruinado al pagar más por el taxi que le llevará a su hotel que lo que le ha costado el viaje al país del tintorro, la sangría barata y la libertad de emborracharse desde que se levanta y que tanto agrada al turismo de cogorza que disfrutamos, por ejemplo, en Mallorca.

«Diles a todos estos que estarán de cuarentena catorce días y que ya luego, cuando esta termine, podrán vivir durante otros catorce sus sueños húmedos de garrafa y botellón»

Diles a todos estos que estarán de cuarentena catorce días y que ya luego, cuando esta termine, podrán vivir durante otros catorce sus sueños húmedos de garrafa y botellón. Ya en los mejores tiempos, esos visitantes que han aportado el mantenimiento de muchas economías, más por la cantidad que por la calidad, acostumbraban a venir con lo justo. Comprar en el super su agua y bebidas y sentarse en cualquier bar para pedir, con gesto digno, una ración de patatas fritas como alimento principal era la generalidad. Desayuno y cena en el hotel, concertados por su agencia de viajes.

Playa de día discoteca por la noche y mucha bebida, el segundo atractivo más importante de Spain después de las playas. Lo del balconing ha llegado mucho después ya que entre los imbéciles también hay modas y el último grito turístico, nunca mejor dicho, es arrojarse al vacío desde el balcón de la habitación del hotel esperando que haya una piscina abajo donde caer y, con un poco de suerte, solo romperse el cuello.

«Visto lo visto y contemplando el panorama que nos espera, Españita la manejable, sigue rodando cuesta abajo hacia una sima oscura»

Visto lo visto y contemplando el panorama que nos espera, Españita la manejable, sigue rodando cuesta abajo hacia una sima oscura. Si fuimos el país del Turismo: Intercambiábamos Sol por algo de dinero; parece, que deberíamos ir considerando otras opciones. Fórmulas nuevas para que los turistas vuelvan a pesar de pandemias, cuarentenas y miseria prometida.

Sugerimos como nueva opción promocional, giras de autobuses con japoneses con salacot recorriendo los nidos de políticos españoles. Haciendo fotos a nuestros gobernantes en su hábitat. Escuchando de cerca las diatribas del embustero nacional: Sánchez, en vivo y en directo. Películas al aire libre contando tórridos romances ministeriales: Ábalos y Delcy, por ejemplo, sellando su amor con el intercambio de maletas color de rosa. Apasionado morreo final, con Delcy o con las maletas… Ya no lo tengo muy claro; lo dejo para el guionista.

Después, recorrido de la ciudad; contemplando desde los autobuses las multitudinarias manifestaciones del pueblo español, antiguamente imaginado en el mundo como un grupo dando saltitos en un tablado de flamenco repleto de señoras con bata de cola tocando las castañuelas y un montón de tipos vestidos de torero. Todavía podemos disfrazarnos si hace falta, aunque, la mascarilla no es que pegue mucho, pero, el futuro es el futuro.

«Queda la esperanza de que el habitante de la Moncloa harte hasta a sus amigos, cosa que está consiguiendo a pasos agigantados»

Queda la esperanza de que el habitante de la Moncloa harte hasta a sus amigos, cosa que está consiguiendo a pasos agigantados. De que alguien le de en toda la cara con sus mismas armas, pues ni sus socios se fían de él. O quizá, no es que yo lo diga, sino que sería hasta lógico: un buen golpe de estado inesperado vestido de moción de censura perdida o algún milagro que nos devolviera de nuevo un poco de cordura. Aunque el ciudadano español, sí, el torero (con perdón de los toreros) y la señora de la peineta del tablao españolense, una vez medio “arreglao” el asuntillo del hambre, volvieran a poner sobre sus chepas, tan abusadas, a lo peorcito de la política; como han venido haciendo a intervalos en sus poco inteligentes votaciones. Que, para un masoquista, una coz en los riñones es una bendición de los dioses. Parece ser que en el bolsillo también.

Creo haber descubierto que, a los hispánicos, no nos gusta la tranquilidad. Estos periodos son los peores pues el desasosiego de la paz no gusta.

–Nada de que me arreglen el cuerpo los de turno. Lo que queremos es una buena hambruna.

Los idiotas nos ponen, sobre todo si están en el gobierno y nos quitan cosas. Ya empiezan a inquietarse aquellos que decían:

–“Como a mí no me atañe… ¡Yo no tengo ná!”– Y se inquietan con razón, cuando hasta la nada que tienen se columpia en la cuerda floja.

 «Se imparte por la tele la esperanza absurda de que el turismo patrio, al borde del desastre económico o ya empapado en él, salve la crisis»

Pero, volviendo al turismo: Se imparte por la tele la esperanza absurda de que el turismo patrio, al borde del desastre económico o ya empapado en él, salve la crisis tremebunda y llene los hoteles de cuerpos salvadores peninsulares con mascarilla.

Tal como está la economía de todos después de estos meses de inactividad y las nefastas promesas del gobierno… ¿Dónde está la bolita? ¿Tamos tontos o qué?

Vicky Bautista Vidal

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales. Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida. Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común. Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden. La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

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