
«Ignacio Aguado en realidad está ya muy cerca de compartir la pocilga podemita y revolverse en su barro mientras miente al ritmo penitente de cada una de sus frases»
Ignacio Aguado representa ya para los madrileños la encarnación de la mentira y la traición, la descarada constatación de que, políticamente ha muerto y pretende vivir como los zombis chupando rueda de los muertos en vida, que más tarde o temprano los españoles echaremos a los arrabales de la historia. Porque y en esencia, tan solo le quedan para sobrevivir las falsedades y el poder secuestrado que representa el gobierno de Sánchez, sus falsas promesas y esa impostura rediviva, y totalitaria, a golpe de Real Decreto y Boletín Oficial del Estado, que más tarde o temprano acabará orillada. Los españoles y los madrileños somos así.
Aguado es un político basura, con mascarilla y sin ella pero siempre con corbata, un ser de la nada real al que nada importan los ciudadanos sino su carrera personal, las estadísticas, las conspiraciones de salón y los juegos de rol basados en el poder.
Pero hoy, y en esencia, Ignacio Aguado amanece con sus miserables delirios de grandeza, pero como nunca hasta ahora, y para la mayoría de la opinión pública, perdido en sus declaraciones a la prensa amiga que le blanquea, cuando en realidad está ya muy cerca de compartir la pocilga podemita y revolverse en su barro mientras miente al ritmo penitente de cada una de sus frases, nada más que pipitas al micro de las cadenas manipuladoras, sobre la necesidad del diálogo y la importancia de la comunicación.
Ignacio Aguado, ya nos ha abofeteado a los vecinos de Madrid cansados de poner la otra mejilla. Es un fraude de peluche, como sus mariachis que pronto quedarán a disposición de la justicia por mentir en nombre de la Comunidad de Madrid y, al paso de los traidores, avergonzarnos a los madrileños y todos los españoles.

