
«Los profanadores de estatuas no conocen hasta qué punto juegan con poderes más allá de su comprensión. El Comendador siempre acaba por presentarse»
«… Ese pecado, que comparten los vándalos de ahora con los talibanes de todos los tiempos, sean católicos, islámicos, protestantes o de cualquier otro culto que no respeta aquello que le precede, es la trompeta del apocalipsis cultural y moral de una sociedad que está exhalando sus últimas boqueadas de aire. Porque es una profanación orquestada y dirigida y no el acto estúpido, aislado y fruto de una intoxicación etílica vulgar, la que lleva a miles de trozos de carne con piernas y brazos a ejecutar un mandato diabólicamente envuelto en falsa rebeldía. Todo lo contrario. Lo realmente revolucionario es preservar, recordar, aprender de la historia y no reducirla a polvo como hicieron los integristas con la hermosa ciudad de Palmira que inspiró a Volney su tan hermoso como inútil libro de filosofía…».
El Comendador ha venido a cenar. De Miguel Giménez en Vozpópuli.
