Las noches de duelo, cuando no albergan esperanza en el futuro son cada vez más insomnes y largas. Por Rodolfo Arévalo

 

Las noches de duelo, cuando no albergan esperanza en el futuro son cada vez más insomnes y largas
Las noches de duelo, cuando no albergan esperanza en el futuro son cada vez más insomnes y largas

«En estas noches de duelo quiero lamer tus heridas solitarias, no como un perro, sí como un ser humano que vive por la familia y los amigos»

Las noches de duelo, cuando no albergan esperanza en el futuro son cada vez más insomnes y largas. Quizás, padre, si te escribiera una carta en esta noche fría de nieve en el alma del mes de agosto, esa noche que no acaba de pasar nunca en la que no existe la paz, ni el descanso, sería menos grande tu ausencia. Quise recordarte el veinte de Julio, pero solo te regalé unas lágrimas. Tus cumpleaños han dejado de ser velas que se apiñan sobre una tarta, ahora solo son gotas saladas de los únicos ojos vivos que te quisieron, tu mujer, tu hijo y tus nietos que casi no te conocieron.

No sé si las penas pasan llorando, pero ahora si comprendo tus lágrimas en Navidad por tu padre que se fue cuando tu cumplías los veintiséis. A esa edad todavía se es huérfano, te lo digo yo que lo fui con dieciocho cuando tu profesión te obligaba a dejarnos solos en Madrid a mi hermana y a mi. Y sobre toso cuando al final no tuviste nada que agradecer al gobierno socialista de Felipe González, porque el mal nacido jefe de personal no te permitió jubilarte con el ascenso a embajador de categoría, aunque lo hubieras sido, por prejuicios sectarios. Imagino que ya no vive, pero le deseo lo peor.

Ellos no generan nunca concordia, solo odio, les encanta odiar. Y luego piden con una sonrisa hipócrita que se arrime el hombro. Mi abuelo que era socialista de toda la vida, un día me dijo: “da igual ser socialista que cualquier otra cosa, pero lo importante, lo que no has de dejar de ser nunca es buena persona, un auténtico ser humano”.

Parece que el único que hacía caso a estos consejos, imagino que muy repetidos en las casas, salvo en las de los rencorosos cuyo odio podía con su humanidad y que hoy nos traen hasta aquí, era yo y unos pocos, muy pocos más. Es verdad que después de mucho saltar, correr, y comerse el mundo, al final se vuelve padre con el alma más serena, el animal se ha domado y ahora cuando puede usa la razón, empieza a ver el declive y deja de ser agresivo y también gregario; ya solo vives por tus seres queridos, aunque las noches sean de miedo y duda por el porvenir que han pintado en tus neuronas los lobos del odio, que solo desean romper con lo establecido, romper libertades y Estados libres, hacer mosaicos con las tierras que han estado unidas desde hace cientos de años.

Las metas se hacen fundamentales aunque sean ya pocas y con un corto recorrido. Lo ves, el camino es cada vez más estrecho y corto, miras atrás y ves que lo andado es mucho más que lo queda por andar. Sé que más tarde o más temprano padre seguiré tu camino. Pero me pregunto ¿sabré hacerlo con la misma dignidad con que tú lo hiciste? Solo en la memoria están los momentos contigo, esas charlas perdidas para siempre, hieren con la nostalgia de lo no retornable.

Me hubiera gustado hace unos años ayudar a mamá a vestirte con tu mortaja color crema para el viaje hacia el fuego que lo borra todo dejando solo cenizas grises. Pero llegue tarde, El avión no llegó a tiempo, volví a perder como tantas veces en la vida. Tu muerte fue serena y tranquila, te fuiste comprendiendo que la muerte solo es una consecuencia de la vida, que no hay más allá. Recuerdo el velatorio, intentaba dormir en la sala contigua a la que estaba tu féretro. Fue entonces cuando el aire caliente y húmedo me trajo el olor de las rosas que te envolvían, me acunó en sus brazos y pude dormir.

Cuantas noches actuales he deseado oler aquellas rosas, que me apaciguaran, ese último recuerdo tranquilizador, pero lo he perdido, cada día me voy quedando sin referentes. Tantas cosas están en la memoria y, se antojan pocas, se unen al miedo de vivir el mundo vacío que nos queda, en el que el valor humano se mide en dinero y no en valores. Tanto miedo tengo que temo perder los rasgos de tu cara, no recordarlos. Hay tantas cosas apartadas, tantas cosas sin valor que ahora lo recobran, tan olvidadas, tan pocas… y tan queridas.

Si en esto consistía la vida, habría que haberlo aprendido antes, así no me hubiera cohibido tanto el beso que un día te di. Tuve la gran suerte de poder decirte “padre te quiero”. Esas palabras tan fáciles de pronunciar y tan difíciles de decir. Padre mío que no estás en ninguna parte, hoy quiero guardarte en mi recuerdo aunque ya solo sea yo una persona casi vieja, cansada y rota. Una persona que ha perdido toda esperanza en el futuro, porque unos degenerados insensibles han decidido que todos los sentimientos buenos, familiares, humanos, solo son la hez de la sociedad que tiene valores y esperanza en el individuo, la familia y la unidad de los grupos humanos cercanos.

Quiero lamer tus heridas solitarias, no como un perro, sí como un ser humano que vive por la familia y los amigos. Un ser humano que defiende la esencia del individuo como pieza fundamental de la sociedad. Por eso, padre, si estoy despierto esta noche es porque es la única forma en que sé estar de duelo; por ti, por la familia , por mi país y por ser un Homo Sapiens, un humano, un mono extraño, y extrañado de sí mismo, el mejor y el peor de todos los primates vivos. Las noches de duelo, cuando no albergan esperanza en el futuro son cada vez más insomnes y largas.

Rodolfo Arévalo

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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