Conversaciones en el andamio. La crónica del Señor Eduardo. Por Francisco Gómez Valencia

Conversaciones en el andamio. La crónica del Señor Eduardo.
Conversaciones en el andamio. La crónica del Señor Eduardo.

«Vuelta a la normalidad, recuérdenme que felicité al Señor Eduardo cuando le vea está tarde al regresar a casa»

El Señor Eduardo es mítico. Desde su garita controla el horizonte político y social como nadie gracias a su transistor Telefunken de funda de cuero marrón.

Él, sabe de todo y de todos, sus crónicas pueden ser interminables o resumidas depende siempre del cliente que se pare a escucharlo mientras le saluda al salir o entrar del garaje.

Ayer con la resaca de la Hispanidad celebrada en modo interruptus por lo de la pandemia republicana, estaba deseando cruzarme con él para que me diera su versión de los acontecimientos, ya que su sentido común me aporta la dosis necesaria de modestia para ser yo mismo…

Lenguaje claro y básico, conceptos pragmáticos, ideas clarificadoras de cómo deberían ser las cosas, planteamientos en definitiva de un hombre recto y fiel a sus principios. Él dice que a quien no le gusten, que ponga la radio que hay tertulias…

– ¡Buenos días Eduardo!

– ¡Así sean también para usted, Don Francisco!

– ¡Qué! como se le quedó ayer el cuerpo después de los acontecimientos regios y políticos…

– Bien hombre bien, los que chillaron e insultaron a quienes se lo merecen se quedaron como Dios ¿No cree usted?

– Bueno y además rindieron pleitesía y tragaron sin querer, aunque luego protesten…

– A esos desgraciados con tener la tripa caliente y la cartera llena de billetes, les da lo mismo todo y todos. Y sin comer que se quedaron, así a partir de ahora debía ser ¡A comer a su casa!

– Ya pero, y la de negocios y enchufes que se gestionan en esa comilona…

– Si usted lo dice, pues vale eso es cierto. No me negará que algún Presidente autonómico, como el de las anchoas, no tiene pinta de que cada vez que viene a Madrid, es para colocar a alguna sobrina. Pero aun así ¡Que se la paguen ellos!

– Adiós Señor Eduardo ¡Que pase buen día!

– Y usted qué lo vea.

Cien metros más adelante ya conduciendo y mientras me iba sonriendo pensando en las sabias palabras del Señor Eduardo, en el paso de cebra, Bea la hija de Rosa me hace burla con la mano mientras su mamá tira de ella como una posesa para dejarla en el cole. Malo eso es que me he entretenido charlando más de la cuenta, voy tarde…

Martes 13 de Octubre 2020, festividad de San Eduardo.

Vuelta a la normalidad, recuérdenme que felicité al Señor Eduardo cuando le vea está tarde al regresar a casa.

Francisco G. Valencia

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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