
«Esto le recordó que desde la soledad más profunda, puede surgir algo que tenga el poder de conectar a las personas»
En esa zona de la ciudad, donde las calles se entrelazan como un laberinto, una mujer dialogaba con el silencio. Nunca temió a la soledad, más bien la acogía cada día como una amiga. Sin embargo, un vacío que iba más allá del silencio ansiaba ser escuchado.
Cada día recorría los vertederos recogiendo recuerdos olvidados: una vieja fotografía descolorida, una carta arrugada, restos de un juguete. Para ella esto eran las voces congeladas en el tiempo. Con paciencia creaba conversaciones para darles vida.
Una tarde, mientras rebuscaba tras un árbol seco, encontró una radio antigua. Al encenderla, ésta comenzó a hablar. Desde ese instante aquel viejo aparato se transformó en su inseparable compañero. Esto le recordó que desde la soledad más profunda, puede surgir algo que tenga el poder de conectar a las personas.
@ Manuel Sanz Real

