Conversaciones en el andamio: la fiesta de la «Seña» Almudena… Por Francisco Gómez Valencia

Conversaciones en el andamio. Hoy la "seña" Almudena
Conversaciones en el andamio. Hoy la «seña» Almudena

«La “Seña” Almudena, se marca al menos los sesenta y cinco y se operó los pechos hace unos ocho años para mayor gloria de su señor esposo, Don Marcial»

Siempre que es festivo, es decir cada domingo o cuando toca, hay una obligación curiosa en el barrio, un peregrinar silente que se repite de forma obligatoria. Y pobre de aquel que se trate de escaquear sin el permiso, de la “Seña” Almudena…

La susodicha, además de estar de buen ver pese a su aspecto desgarbado y flacucho, llama la atención por un par de razones y no solo por ello, sino también por su simpatía se la perdona hasta su “pelín” grasiento. Nos convoca, nos controla y audita casi totalitariamente lo cual, a veces provoca hasta ciertas discusiones entre los miembros resignados que hacemos cola ordenadamente y sin rechistar, pues el respeto se lo ha ganado con el paso de los años con tantas y tantas “bolas” regaladas, solo a quien ella consideraba pertinentemente y sin inmutarse delante del que se va revisando las vueltas o del siguiente cantando el pedido, como si marcara a ciertos clientes por el motivo que sea.

-Que se yo…

Al principio se resistía a dejar de pintarse el ojo porque aún en esas condiciones, decía que hay que estar bien guapa y más cuando se está de cara al público, aunque al final tuvo que claudicar muy a su pesar con el consiguiente cachondeo del heteropatriarcado (el del bueno) pese a lo grave de la situación, pues teniendo en cuenta su enorme y generoso canalillo, el cual llama la atención sin duda, es una motivación extra para madrugar los domingos y festivos…

Por aclarar hay que explicar que la “Seña” Almudena, se marca al menos los sesenta y cinco y se operó los pechos hace unos ocho años para mayor gloria de su señor esposo, Don Marcial, el cual además de aguantar el cachondeo, pues la doña salió por la tele por lo de lo suyo, vamos por lo que se dedica y, fue tan grande su alegría por su estreno televisivo, que no pudo aguantarse y dio la exclusiva en ”prime time” con un par, al calvo de las tardes cuando era reportero. Por cierto y en segundo lugar, decir que además Don Marcial los tuvo que bien pagar…

Poco dura la alegría del pobre y Don Marcial se murió de un infarto unos meses después, lo cual cuando sale el tema, que es siempre, muchos lo explican simplemente asistiendo con la cabeza con cara de circunstancia, pensando incluso en voz alta en “ellos” y en “él”, así como para hacerse notar…

-Normal. Si es que ya no estaba para esas alegrías…

-Hombre… que mala leche pensar y decir eso en la misma cola sin guardar el pertinente respeto ¿No?

-Que va hombre, que va. Si sarna con gusto no pica y ella ya está echa a todo. Total: lo que no disfrutan los gusanos, lo agradecemos los paisanos…

-Doña Almudena, ¡Buenos días!

-Buenos días cariño, ¿Cuánto te pongo?

-Uff… Me pone mucho Doña Almudena ya lo sabe, pero hoy además, seis porras y diez churritos, por favor.

-Como estos… la bola (1), de regalo que te he visto hablando con Don Jesús y me ha hecho la señal para que te la guarde.

Y yo pues casi siempre que me acuerdo la digo…

-Madre mía… “Seña” Almudena, como gana su producto en las distancias cortas.

Ella mientras, me pregunta con socarronería, porque sé que la gustan los halagos siempre con respeto porque, así lo hace saber bien en alto ya que chilla mucho y además despacha sobre un cajón para ganar perspectiva de negocio apabullando a la clientela mirando desde arriba, o al menos eso cree ella…

-Chocolate… ¿Llevas?

-Si, una mediana…

-Mañana es fiesta, mi santo para más señas. Aquí te quiero ver qué hay que ayudar al pequeño comercio…

-No le quepa la menor, que este momento es un plus y no está “pagao con na…”

-Anda y saluda a la afición al salir…

Me dice con una sonrisa picarona como para “putear” a los demás… bueno o eso creo, que ya uno no sabe.

Seguro que me tanga hasta en las vueltas, pero no me importa, hay que ayudar al comercio del barrio y además a cada uno nos hace sentir un cliente especial gracias a su gran repertorio personalizado de atención al cliente en versión de barrio.

Aún así, pago casi siempre con lo justo porque uno también está de vuelta, por lo que esa propinilla pactada sin haberlo negociado, se la gana de sobra solo con su mirada y esa sonrisa innata…

Bueno vale… y por ese gran “pechamen” de oferta, que hay que decirlo todo…

-Don Jesús, le toca….

-Ya te digo, que maravilla… ¡Oye! Espérame en el quiosco donde Doña Flora que así no me engancha “La Pilingui” al ir contigo. Como no te saluda, jajajaja…

¡Vamos!

09 de Noviembre, en los “madriles”: festividad de la Almudena.

***

(1) La bola: chorrete final de la masa (con forma de bola) ubicada en el centro de la rosca generada al tirar la masa en crudo en el aceite hirviendo.

Nota: en Madrid, un churro y una porra no son lo mismo. ¡Vamos hombre! Donde va a parar…

FranciscoGómezValencia.Politologo

Francisco G. Valencia

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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