La apología de la desfachatez sanchista. Por Francisco Gómez Valencia

Sánchez en su escenificación norcoreana de la mentira, la cultura de la muerte y su apología de la desfachatez sanchista.
Sánchez en su escenificación norcoreana de la mentira, la cultura de la muerte y su apología de la desfachatez sanchista.

«Nos quedan tres años de Gobierno social comunista y apología de la desfachatez sanchista, nos quedan grandísimos sinsabores que nos van a hacer sentir vergüenza cómo país»

Asistimos otra vez a un espectáculo vergonzoso y es el hecho de que aquel que nos gobierna, se dirija en esta ocasión a sus propios afiliados como el gran padre que les va a cobijar del miedo y el terror que según su psicótica opinión, representa todo aquello que no defienda sus macabros posicionamientos.

Lo hace precisamente en unos momentos en los que sus últimas alianzas para conseguir sus objetivos más a corto plazo qué son la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, han generado un gran nivel de desconfianza, incluso dentro de sus propias filas socialistas encabezadas fundamentalmente por Felipe González y Alfonso Guerra.

Las declaraciones de estos últimos, absolutamente en contra de la gestión que está llevando Sánchez de su propio partido y por lo tanto del Gobierno de España, están quedando casi como anécdotas ante la opinión pública, de la misma forma que está sucediendo con las de los presidentes autonómicos socialistas más críticos, pasando por encima de ellos la maquinaria propagandística de Sánchez, como una auténtica apisonadora.

El valor de su última puesta en escena para cualquier persona que no esté abducida está entre cero y nada, ya que es ideología barata llena de eufemismos e insultos a la inteligencia de cualquiera en su sano juicio pero, para un socialista histórico, me parece que la representación debe haber resultado una vez más absolutamente soez y burda, falsificando totalmente la realidad adaptándola a sus únicos intereses, que es mantenerse en el poder.

Sin embargo y haciendo un auténtico esfuerzo por empatizar con las personas que estén afiliadas al partido Socialista o sean simpatizantes, y que efectivamente estén de acuerdo con aquellos que son críticos a la gestión que está llevando a cabo el Presidente Sánchez, deben ser momentos muy complicados para incluso aceptar la propia situación que estamos viviendo desde hace poco menos de un año con este Gobierno actual de coalición, más el año anterior vivido en cierto modo de forma fraudulenta, puesto que el objetivo de la moción de censura supuestamente era convocar elecciones inmediatamente.

Analizando el discurso de Sánchez a sus propios correligionarios, volvemos a las mismas mentiras de siempre y a los mismos argumentos que lo retrotraen a su falsa versión de la Historia de España: insulta a todo y a todos con el mayor absoluto de los desprecios posibles llamando a lo de siempre, hablando de la dictadura, de Franco, de la mentira, de las noticias falsas en su contra mientras maneja casi todos los medios de comunicación con dinero público, de los miles de niños en riesgo de exclusión por culpa de la derecha, del desarrollo social conseguido únicamente gracias a la gestión de su partido, del supuesto carácter retrógrado de la derecha y la ultraderecha, tratando otra vez más a sus adversarios políticos en la oposición, cuya función precisamente es oponerse a su sectarismo, con tal falta de respeto, que si no fuera porque ya lo conocemos, parecería hacer bueno hasta el maléfico y siniestro José Luis Rodríguez Zapatero, que por supuesto lo apoya con el acuerdo tácito con Pablo Iglesias por si acaso llegara a caer.

Sin duda, argumentos como los utilizados por el Presidente Sánchez, debieran servir para que las filas azules y naranjas se dieran cuenta de una vez, que hay que dejar de estar predispuestos al entendimiento con este actual partido Socialista, también denominado “sanchista”, superando el síndrome de Estocolmo que parece sentir una y otra vez buscando su aprobación y hasta en ocasiones su perdón, puesto que cada vez y según van pasando los días, queda claro que su objetivo personal es mantener el poder a toda costa, y no buscar consenso alguno como persiguen los que ahora se pelean por el centro.

Adjetivos tan manoseados como la resiliencia, la inclusividad, el progresismo, o el feminismo, entre otros muchos, cobran poco valor utilizados por este holograma de pacotilla subido a un escenario impostado, asemejándose a los últimos grandes dictadores socialistas o comunistas vivos o muertos. Y a cualquier persona realmente moderada sea de la ideología que sea, lo que les debería provocar es una lógica reacción de inseguridad, puesto que estamos hablando de que el Presidente del Gobierno de España, es preso de su propia locura y ambición desmedida, alimentada por el profundo odio a su propio partido, que le retiró su confianza, y al que volvió gracias a la manipulación fraudulenta de votos que su candidatura llevo a cabo detrás de un biombo, como todos pudimos ver para destruirlo a la par que a España tal y como la recordábamos.

Y utiliza de una forma absolutamente torticera incluso a aquellas personas de su propio partido que ya no están vivas a las que ha traicionado con sus actos y acuerdos, pisoteando su memoria y dolor y por supuesto los actos que pudieran haber hecho para bien, si es que llegaron a hacer algo en este sentido para el país, que actualmente gobierna a su antojo.

Por hacer algo de memoria real: somos el segundo país de la Unión Europea que mayor porcentaje de fallecidos por la pandemia del coronavirus hay por millón de habitantes después de Bélgica. Somos el país que más sanitarios han enfermado y fallecido por culpa de la negligencia en la gestión, durante el tiempo en el que el Gobierno manejaba la sanidad al amparo del estado de alarma y por lo tanto bajo el mando único. Somos el país de la Unión Europea que más va a tardar en salir de la profunda crisis económica según datos de la OCDE o el mismo Banco de España. Y los niveles de paro se han acrecentado de una forma absolutamente escandalosa, sin tener en cuenta a todos aquellos autónomos que tienen sus negocios cerrados obligados por este Real Decreto arruinando completamente su futuro.

Y por si fuera poco, también nos sumamos al club de aquellos países de la U.E. que cuentan con su propia crisis migratoria resultada del efecto llamada por las nefastas políticas asistenciales para inmigrantes, por la mala gestión de nuestro inexistente Ministerio de Asuntos Exteriores y por la cicatera parte podemita del Gobierno, alentando a los enemigos de Marruecos.

Por lo tanto a día de hoy llegamos a la conclusión de que España no sabe negociar especialmente con aquellos países de los que son originarios los cerca de 20000 inmigrantes ilegales llegados en patera a las Islas Canarias, ayudados por las mafias internacionales.

Sánchez ya tiene su propia crisis migratoria para manipular más y mejor a la opinión pública. Ilustración difundida en las redes sociales.
Sánchez ya tiene su propia crisis migratoria para manipular más y mejor a la opinión pública. Ilustración meme difundida en las redes sociales.

Y volviendo al discurso de Sánchez, debemos seguir recordando qué al amparo de la escenificación de la propia verborrea acompañada de los medios tecnológicos utilizados para amplificar más aún su mensaje, no podemos dejar destacar la fecha qué marcaba el discurso: 2021 – 2026.

Un lustro supuestamente social-comunista como si el año que lleva con Podemos no existiese y el anterior, desde que Rajoy pasó a estado bolso de Soraya tampoco, al margen de los plazos legales establecidos por nuestra Constitución qué le otorgarían el derecho a gobernar el país hasta el año 2023. Y nos presenta estas fechas bajo un nuevo plan de marketing, un nuevo golpe de efecto en definitiva, uno más de los muchos que ya nos ha presentado y de los cuales hemos perdido la cuenta, primero por lo inútil que son ya que como digo simplemente es un ejercicio del marketing político, y segundo por lo vacío de contenido qué el mensaje tiene y nos aporta.

A este Gobierno le encanta marcar los tiempos a muy largo plazo para que nos vayamos acostumbrando por las buenas de que ha venido para intentar quedarse para siempre, y llegado el caso, falseará y hará trampas en unas hipotéticas elecciones allá por 2023/24, suponiendo que no lo hayan hecho ya en las últimas, a la vista de lo que está sucediendo en USA con las supuestas posibles conexiones con el sistema informático, España y la empresa que procesó digitalmente los votos en Abril y Noviembre del año pasado en las elecciones en nuestro país, accediendo a ese contrato a dedo y sin concurso público.

Ya conocemos la agenda 2030 que lucen en su solapa por medio de un PIN con total orgullo, dejando claro cuáles son sus intenciones con tal descaro que parece francamente difícil creer que no lo van a conseguir por el apoyo recibido por las grandes empresas en las que ya parece este logo como parte de su mensaje de marketing comercial, o incluso personalidades tan importantes como el propio Rey de España, al que ya efectivamente también hemos visto claudicado ante las maravillas del plan, colocándose el dichoso PIN en la solapa de sus trajes.

Bueno, pues parece que seremos los españoles de bien los que tendremos que acotar estos plazos si queremos que nuestro país no se convierta en todo aquello que el propio mensaje en sí mismo plantea, y no permitan que desde su prisma vital y desde su óptica ideológica nos provoquen el anteriormente citado síndrome de Estocolmo, necesario para terminar de aceptar por cansancio y adoctrinamiento sus consignas, porque por su parte no van a dejar de intentarlo incesantemente.

Son el máximo exponente de la cultura de la muerte, hablando con total naturalidad de los beneficios de aplicar la eutanasia con un proyecto de ley, absolutamente abominable, su reforma de la Ley del aborto, permitiendo que una menor con 16 años pueda interrumpir un embarazo sin ni tan siquiera contar con el asesoramiento de sus padres, fulmina cualquier halo de esperanza sobre el eje que debe vertebrar la sociedad, es decir, la familia, y sólo en los casos más excepcionales en los que estas estén desestructuradas o destruidas, tendrá que estar el Estado para dar soporte siempre intentando que por encima de todo, lo que predomine sea la defensa de la vida.

Para concluir diré que defender la vida es el acto más noble que existe, luchar por la de los demás, por el desarrollo de todos, por el beneficio social y por el crecimiento como país, deberían ser los objetivos fundamentales a través de los cuales, cualquier ejecutivo debiera llevar a cabo sus medidas al amparo de la parte más moderada de su propia ideología. Sin embargo observamos como este Gobierno que nos está tocando sufrir, odia a gran parte de la ciudadanía y desprecia a la otra parte a la cual acude una y otra vez con engaños, como hemos visto esta semana con la carta dirigida a sus propios afiliados, o con este discurso falaz y vomitivo escenificado al estilo norcoreano.

Nos quedan tres años de Gobierno social comunista, nos quedan grandísimos sinsabores que nos van a hacer sentir vergüenza cómo país, asistiremos a declaraciones, discursos y afirmaciones absolutamente indignas de cargos públicos dirigidas a personas civilizadas en un entorno moderno, bajo la excusa y por la defensa de su propia historia manipulada sin ningún tipo de pudor para mejorar su calidad de vida acrecentando sus intereses personales.

Por eso será más necesario que nunca que cada familia de bien trate de hacer un ejercicio de responsabilidad cuidando de la mente de sus propios hijos ante el adoctrinamiento de las aulas, tratando de enseñarles la auténtica realidad, la memoria real, la historia de España tal y como ha sucedido, la Hispanidad en definitiva ejerciendo un ejemplo positivo que les hagan ser en el futuro mejores personas y mejores ciudadanos orgullosos de su país y de su bandera.

Y debería ser así primero, para que sepan elegir bien a sus dirigentes políticos y en segundo lugar, para que sepan levantarse y enfrentarse al poder establecido amparados por la crítica constructiva conseguida por el conocimiento de la verdad real, estudiada y aprendida bajo el análisis objetivo de las vidas de sus ancestros y supuestamente después desarrollado por sus profesores.

Desgraciadamente vamos a disfrutar de la octava ley de educación en democracia, con los mismos profesores que estaban en muchas de las anteriores bajo diferentes gobiernos. Profesores muchos, por no decir la mayoría sin vocación, mercenarios sindicalizados los de la izquierda radicalmente educativa, y del otro lado encontramos a la docencia atemorizada por miedo a perder su trabajo en los claustros concertados, demostrando igualmente ser incapaces de hacerlo bien escondiendo sus cabezas como hacen las avestruces o haciendo de parapeto a las reclamaciones paternas ante las injusticias ideológicas, que a día de hoy se ven expuestos nuestros hijos al amparo de la burocracia administrativa impuesta por los comisarios políticos de uno y otro bando.

Pues que bien…

Francisco G. Valencia

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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