Pese a algunos, la moderación no entró al trapo por Nochevieja… Por Francisco Gómez Valencia

Guerra del fin de año en los medios durante las uvas de Nochevieja
Guerra del fin de año en los medios durante las uvas de Nochevieja

«Lo mejor de Nochevieja estaba por llegar ya que la bandera rojigualda, como que de repente brotó o se reflejó en las magníficas paredes de la Real Casa de Correos»

Como no íbamos a acabar el año con diferencias de opiniones bien marcadas y destacadas por las redes; que si a algunos les parecía que tapaba poco cuerpo bronceado más a las finas hierbas que a los rayos uva, que si otros decían que bastante han pagado al cocinero por estar de palmero poniendo cara de “yo pasaba por aquí”, o que si vaya espectáculo lacrimógeno con la gran “Anita García Obregón” de protagonista rosa del momento, o que si ya era hora que faltara el heteropatriarcado en el último momento antes de saltar de año y más teniendo en cuenta que ya pueden volver solas y borrachas gracias a que ya tienen un Ministerio de las mujeres y tal y tal… si total ¿para que nos necesitan las del “nosotras parimos, nosotras decidimos”? Más exultantes que de costumbre tras las últimas celebraciones por tierras de la Pampa una vez lograda la aprobación del aborto, como si Diego Armando Maradona hubiera resucitado otra vez y se ofreciera el primero para hacerlo…

Pero lo mejor estaba por llegar ya que la bandera rojigualda, como que de repente brotó o se reflejó en las magníficas paredes de la Real Casa de Correos, también conocida como el edificio de la Comunidad de Madrid a cuyos pies se encuentra la baldosa más pisada y fotografiado de España, la del famoso kilómetro cero.

Que placer y que urticaria, que orgullo y que vergüenza, que maravilla y que asco, que primer plano y que manera de ocultarlo ¡La bandera de España señores! Pero… ¿de quién habría sido la idea? Seguro que de Isabel Díaz Ayuso, decían los cuñados perroflautas, como no. La culpable de todo en este país desde la óptica progresista, la heroína de Móstoles reinvindicante del derecho a disentir, del derecho a ser libre, del derecho a no plegarse ante el discurso “monguer”, del derecho a ser lo que no quieren que seamos y así hasta el día del juicio final, porque me faltan adjetivos para calificar a la nueva musa madrileña (tiembla Pablo, que en el 2021 algunas aprietan más que unos zapatos nuevos y cual “menosmola” igual te terminan esquilando las barbas).

Y aun así brotaron las flores del balcón de las elegantes y educadas “Anas” como si estuviéramos en el máximo esplendor de la primavera y claro, eso provocó una estampida importante al canal de la estilizada y “poligonera” Pedroche, fiel reflejo de la sociedad “choni” a la que representa y culturiza por Instagram. El asunto en general creo que no era para ver sus encantos cada vez más devaluados por su mal entendido y explicado feminismo interesado a golpe de billetes, sino por escuchar a esa mujer que cantaba por otra Ana, “la Torroja”, que igual bien hubiera hecho en aparecer o mostrarse limando asperezas con el mayor de los Cano, para de esa manera haber redimido sus pecados por defraudadora de Hacienda enalteciendo su imagen cara a la opinión pública.

Pero no, fue una ilustre desconocida que junto a un supuesto coro de viudas embozadas demasiado lorquianas para mi gusto, animaba la interpretación de un Nacho Cano con el pelo liso de media melena canosa por la edad y los disgustos, bien sujeto a la silla, como si de ella estuviera atado para evitar sus habituales respingos más propios del ritmo que lleva en la sangre, que por la calidad de sus melodías bailables en los 80 y que tanto nos hizo cambiar.

Aún recuerdo cuando compre el single del temazo “maquillaje”…

“Sombra aquí y sombra allá

maquíllate, maquíllate,

un espejo de cristal

y mírate y mírate.

Mírate, mírate, eeeehhh…”

Gracias a Nacho Cano y su banda, muchos comenzamos la forzada transformación de hombrecillo de las cavernas fieles seguidores del gran Sherpa de Barón Rojo o del mítico Rosendo y su banda Leño, porque era eso o no comerse un colín, ya que ellas los preferían blanditos con pantalones pitillo blancos y con bambas sin calcetines antes que con botas de básquet o tenis mal olientes y camisetas sin mangas. Qué tiempos aquellos del inicio del trajinar…

El gran Nacho acabó el mini concierto levantando el dedo al cielo acordándose de los que ya no están como si unos minutos después al empezar el año nuevo las cosas hubieran cambiado. Hasta el mismísimo José Mota en su acostumbrado pestiño preuvas, este año lo tenía fácil acordándose de los mayores como así hizo a la par que denunciaba la mediocridad de los políticos y de la misma sociedad por elegirlos, hecho fehacientemente demostrado y de lo cual incluso y casualmente yo mismo traté publicando el mismo día treinta y uno un artículo en el que denunciaba a la sociedad, por santa y por puta, como lo mejor y lo peor del 2020.

Los medios progresistas saltaban echando chispas por lo de la bandera española siendo protagonista de la Puerta del Sol más bonita y sola que nunca aun cuando ya se conocía la decisión de adornar la fachada desde hace un mes, pero claro el espectáculo estaba servido y ni en la despedida del año más maldito recordado desde hace décadas podían tener la fiesta en paz aquellos que alardean de ser moderados e inclusivos.

Afortunadamente ciertos asuntos pese al intento intencionado de algunos medios para provocar cierto debate impostado, como el sentir algo o no porque la bandera de todos aparezca en el mejor momento en el que se podía homenajear a los fallecidos, a los damnificados y a los que custodiaban la Puerta del Sol, son estériles y la inmensa mayoría moderada y madura se alegraron de los dos falsos motivos de fricción planteados a la opinión pública por populistas y malpensados, así pues el acto de presencia de la bandera de todos y la falta de un varón en las uvas de TVE, pues no calaron más de la cuenta ya que el morbo puede al pseudo “machiruleo” progre- feminista que decidió privarnos de Ramonchu en cuerpo, que no en espíritu como bien dejaron claro las dos Anas, al recordar que sin ellas no son nada, pues el de las capas de fin de año es tan representativo como cualquiera de las dos divas protagonistas del escarceo de la bandera bien tapado con el aluvión floral.

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FranciscoGómezValencia.Politologo

Francisco G. Valencia

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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