Conversaciones en el andamio. La pillada infraganti de Baltasar. Por Francisco Gómez Valencia

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Conversaciones en el andamio. La pillada infraganti de Baltasar.

 

“¡Que alegría y que emoción… ¡han venido los Reyes Magos!: La noche lo merece Don Baltasar, y la ilusión también, así que no te entretengas”

 

Para los que ya peinamos canas estaba todo controlado y resuelto, pero anoche dando el definitivo y último gélido paseo en la última noche mágica de las navidades y mientras hablábamos sobre que a ciertas edades la ilusión, no es que se pierda sino que quizás se apacigüe un poco aunque, “quien quiere puede” y “quien tuvo retuvo”, de repente…

-Hombre Baltasar ¿a donde vas tan tarde?

-Al garaje…

-¿Y eso?

-Pues a por los pedidos reales…

-¿Al garaje?

-Ya me contarás, bici por aquí, patines y equipación completa más otros asuntos por allá, libros y eso, más lo del resto de la familia para no movernos mañana… ¡Ah! y para la pequeña una muñeca que no se donde la vamos a meter de lo grande que es y un montón de cosas más. Este año han sido muy generosos.

-Y ¿Dónde lo tienes guardado?

-En el maletero y el asiento de atrás del camello…

-Jajajajaja, eso no lo haces con tres viajes…

-¡Puff! No creo, harán falta al menos cuatro o más, y me falta montar un circuito de coches para los chicos de parte de la suegra que ya estaba guardado en casa y una casita de no se qué de la niña, que ya veremos porque me sobrarán piezas seguro…

-Y…no ¿tienes paje?

-Si claro pero los estaba terminando de dormir, a ver si al final duermo en las escaleras…

-Jajajaja, Balta, eres un crack, hasta te envidio un poco, pero solo eso, un poco…

Ya de vuelta del paseo tras casi una hora de trote más rápido de lo normal, pues el frio seco de la capital se mete hasta dentro pese a ir muy bien abrigados, y el toque de queda se vislumbra ciertamente cercano, a lo lejos veo al elemento ya hasta con el abrigo desabrochado no sé si por el calor de a menos 5º, o por el estrés de las horas intempestivas porteando el tercer viaje, y aún así se ríe y me hace la señal del pajarito mientras yo le hago el gesto del corazón con las dos manos con una gran y silenciosa sonrisa pues a esas horas no conviene hacer ruidos para no interrumpir los dulces sueños de los inocentes angelotes del barrio.

-Vamos majestad que se le echa la noche encima y pudiera dar la sensación errónea de venir o ir a una “rave”…

-¿A una qué?

-A una fiesta de esas últimamente sin final feliz…

-Calla, calla, que la tía esa se parecía a Dora la exploradora, pero en tetas. Anda que no hay cosas mejores que hacer además del capullo con nocturnidad y alevosía…

– Jajajajaj, Dora la exploradora dice… La noche lo merece Don Baltasar, y la ilusión también así que no te entretengas.

-Sea pues, la familia y las tradiciones van por delante de las quejas y el frío polar.

-Así es majetón…

Pues va a ser cierto, siempre cumplen, son magos, y por ellos no pasa el tiempo, este Rey Mago de última generación no cumplirá ni los treinta y cinco…

¡Vamos¡

05 de enero de 2021, San Simeón.

***

FranciscoGómezValencia.Politologo

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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