
«Recordaba de aquella novela que la librería no existía como tal, todo lo expuesto era un decorado, se trataba de un escenario»
Le gustaba pararse en el escaparate de aquella librería, ya que la lectura era una de sus mayores pasiones.
La entrada a aquel local resultaba un tanto peculiar. Detrás del cierre, había un pasillo y a la izquierda, antes de entrar, un pequeño expositor de libros.
Sentía una gran curiosidad por entrar allí, ya que aunque la tienda estaba bien abastecida, casi nunca tenía gente.
Ya dentro, el cierre comenzó a bajar inesperadamente, cuando quiso reaccionar se vio encerrado en aquel rellano. Con media sonrisa y algo de timidez, llamó a la puerta acristalada para que le abriera el librero. Volvió a insistir en su llamada, al no obtener respuesta tuvo que rendirse a las circunstancias y esperar a la tarde, hasta que volviesen a abrir.
Verse encerrado en un espacio tan reducido le ocasionó un ligero nerviosismo, que trató de combatir observando libros. Uno en concreto despertó toda su atención, tanto que el corazón comenzó a latirle de forma desbocada y una lividez le hizo palidecer. Aquel libro, narraba los mismos hechos que él estaba viviendo en ese momento.
Recordaba de aquella novela que la librería no existía como tal, todo lo expuesto era un decorado, se trataba del escenario que servía a un asesino psicópata para atrapar a sus víctimas.
El giro brusco y seco de una llave abriendo aquella puerta hizo que su sangre se helara, al ver que unos ojos, carentes de sentimientos, se acercaban a él con una cuerda en las manos.
(© 2024 Manuel Sanz Real)
