Ecoturistas confundidos. Por Miguel Ángel Contreras Betancor

Imagen de ARCADIO SUÁREZ de inmigrantes en el Hotel Waikiki del sur de Gran Canaria.
Imagen de Arcadio Suárez de inmigrantes en el Hotel Waikiki del sur de Gran Canaria.

«Siete contra tres. Algo habrá hecho ese trío que ahora se queja. Respeta, cede, porque ese es un septeto de ecoturistas que desean integrarse, aunque para ello prolonguen su confusión»

Contemplo a unos hombres que pasean por la playa, disfrutan de la playa; se hunden entre el cloro de azules piscinas, gritan, fuman, beben, y de vez en cuando, comprueban su móvil en busca de notificaciones. Imagino que esperan la respuesta del amigo lejano, del padre ansioso –supongo que mamá estará donde debe, con sus cosas de casa–.

Observo a unos hombres con un buen tono muscular, sin rastro alguno de esas hambrunas que asolan su espacio emocional, cultural; que a tantos han enviado al fondo de un negro habitáculo. Ellos observan, nos miran mientras apuran el cigarrillo, mientras comprueban el porcentaje de batería de su dispositivo móvil que ha sobrevivido una larga travesía. Visten con ropas que los igualan hasta que el trabajo que difícilmente encontrarán les permita ir añadiendo más prendas en su maleta.

Me llegan ecos de gente descontenta, de paisanos molestos ¡Qué digo molestos!, algunos empiezan a perder la calma, aunque según nuestros mandos al mando del asunto administrativo, ese comportamiento es fruto de un equívoco, tiene que ver, –afirman con esa firmeza que únicamente poseen aquellos que dominan la verdad–, con manifestaciones de individuos que buscan alterar la paz que caracteriza estos predios. ¡Ignoren tales mensajes. Nosotros sabemos la verdad!

Uno, hoy, tres ayer; cuatro el otro día. Ellos no querían pero no disponen de posibles para dar rienda suelta a una vitalidad que han recuperado tras una larga travesía en ciertas embarcaciones que surcan océanos, dicen que se recuestan en nodrizas mientras esperan la puesta en escena, afirman otros, que son espacios flotantes indignos para cualquier ser humano. ¡Bienvenidos!, gritan los mandos al mando del asunto: Esta es una tierra de acogida. ¿Habrán entendido que pueden coger lo que deseen porque el traductor sufrió algún percance durante su trabajo? Si fuera así, todo se debería a un error técnico. Abrazos de grupo, oenegés diseñando festejos en pos de un acercamiento cultural. Cede, cede, que ellos tienen sus maneras de entender y no quieren entender tu forma de ser: Ellos sufren si le dices que aprendan lo de aquí. Que aquí no es allí…

Siete contra tres. Algo habrá hecho ese trío que ahora se queja. Respeta, cede, porque ese es un septeto de ecoturistas que desean integrarse, aunque para ello prolonguen su confusión. La misma que sufre un turista accidental en ese laberinto en el que han convertido las añoradas terminales aeroportuarias de antaño.

Contemplo a unos hombres pasear por calles y avenidas. No sonríen. Te observan con desagrado, molestos de que estés aquí. Pero tal vez sea una impresión errónea, fruto de mi ansiedad o de una aculturación a la que me resisto. Y recuerdo a un viejo profesor de Ciencias que siempre me recomendó que si hacía experimentos utilizara gaseosa.

Miguel Angel Contreras Betancor

Miguel Angel Contreras Betancor

Podría afirmar que nací en Las Palmas de Gran Canaria y no me equivocaría, incluso, si fuera menester, no me importaría aseverar que en el oficio de escribidor -variantes: plumilla y creador de historias- llevo dando el coñazo varias décadas. Tanto es el cariño que siento por el arte de casar vocales y consonantes, que en actualidad edito y dirigo la revista https://revista-contraluz.es , una web dedicada a los géneros negro y policial Y ahí estoy, con el alma llena de balazos y los ojos a rebosar de enigmas y medias verdades. Casi, como la vida misma.

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