
«En un mundo que presume de paz pero respira conflicto, la violencia se ha instalado en las calles disfrazada de justicia, de ideología, de necesidad»
Hoy hay luces de color rojo en la oscuridad, pero no son como las de antes, suelen consistir en violencia de fuego y conflicto, casi siempre callejero. Si no recuerdo mal la historia, esto no pasaba, o pasaba muy poco, tras las guerras mundiales. Claro que era la guerra fría, Comunistas contra mundo libre y viceversa.
Leí en alguna parte hace años que los seres humanos necesitan liberar tensión cada cierto tiempo y que una manera de hacerlo son los conflictos y guerras. Es inevitable… Me impactó la afirmación, pero cada vez me lo creo más, solo hay que ver la emoción que levantan los partidos de fútbol, que no son otra cosa que la sublimación de la guerra. Y a veces la guerra misma entre dos grupos rivales. Quizás es que lo desconozco, que no me he enterado, o lo que es peor, creía que no era así, ¡no quería enterarme! Me quejo sí, pero no hay que irse muy lejos para comprender que todo está patas arriba.
Sea en Tombuctú, o a las puertas de nuestra casa, las personas andan a la greña por un quítame allá esas pajas. Se ha perdido la tranquilidad que en otras épocas había en general, no está libre la vida de tropezones, pero nunca estuvimos blandiendo espadas de guerra, incomprensión y mala ralea. Hay algo natural en todo ser humano y me incluyo, el querer poseer un espacio, una tierra, una casa, un sentimiento cercano que me una a otros que comparten mis valores. Pero parece como si se hubiera abierto la caja de Pandora, no en aquellos maravillosos años en que la envidia y los desfases culturales no se nos echaban encima, el mundo no era tan global como ahora y poseer lo que teníamos en occidente no era primordial, ni siquiera imaginable, por parte de los que vivían en el tercer mundo. Sus civilizaciones no habían conseguido el estadio de evolución de la nuestra. No como hoy en que a civilizaciones que llevan un desfase cultural de siglos se les hace ver que en occidente somos muy egoístas y por eso ellos no tienen lo que nosotros tenemos.
A ningún vendedor de esas motos se le ocurre decir que exportar siglo veintiuno a siglo sexto o anterior es una memez. Esos mundos son los que occidente dejó enterrados afortunadamente tras el Renacimiento y siglos posteriores de cultura e intelecto. No es culpa de nadie, aunque ningún país hubiera intervenido o sí lo hubiera hecho. Hay fuera de las fronteras occidentales quienes quieren que nuestros valores desaparezcan, son mundos violentos, incomprensibles para la mayoría en el siglo XXI, dispuestos a arrasar con todo a su paso, recordad a los Hunos y Atila, y todo porque unos malnacidos les engañan con la zanahoria colgando del palo, unos y otros no desean saber que pertenecen a un lugar u otro y que las mezclas hay que hacerlas con gaseosa, con culturas que en muchos casos pueden chocar, esto me asusta, me incomoda, no me parece el camino para llegar a la comprensión e igualdad dentro de la diversidad. Por eso los que han decidido jugar a ser Dioses con esa caja de males, esa que más tarde o más temprano se abrirá para sacar la rabia de los que se creen pobres y lo son o se lo creen y no lo son, o de los que creen ser ricos y no lo son, o creen serlo nada más, van por un camino de destrucción total de civilizaciones. ¿A quién aprovecha?, busquemos ahí la respuesta.
NOTA: Esta reflexión, que pertenece al libro que estoy escribiendo en la actualidad, aborda la inquietante sensación de que algo profundo se ha roto en nuestra convivencia, y que quizá, sin darnos cuenta, caminamos hacia una tormenta sembrada de buenas intenciones y errores irreparables.
