Traición a la sangre. Por Luis Bully

Traición a la sangre
Traición a la sangre

«La traición suele ser muy dolorosa. En algunos casos puede conducir a situaciones terribles.
La traición rompe, quebranta, vulnera la lealtad o fidelidad hacia alguien o algo»

Ayer, alguien a quien he conocido hace poco y que se ha convertido en un referente para mí, hizo alusión, en una breve conversación que mantuvimos, a la traición a la sangre, a los suyos, a los de su carne, de un familiar. 

A lo largo de mi vida he conocido varios tipos de traiciones. Ésta que he nombrado, la que se comete contra la propia familia. La traición de amor, que se comete contra quién te ama. La traición en los negocios, contra los socios o contra la empresa en la que trabajas. La traición contra tu país. La propia traición contra uno mismo. Hay muchos tipos de traición.

La traición suele ser muy dolorosa. En algunos casos puede conducir a situaciones terribles.
La traición rompe, quebranta, vulnera la lealtad o fidelidad hacia alguien o algo. Traición es defraudar.

Las económicas duelen, pero las que se llevan la palma son las sentimentales, aunque muchas veces se juntan la economía y los sentimientos.

He conocido a quien teniendo unos cuantos millones de euros en una cuenta, no dudó en estafar a sus hermanos, incluso a su propia madre, para hacerse con unos cuantos miles más.
He visto pegarse a hermanos por una casa, por un pajar, por una tierra, incluso por un deslinde. Pegarse hasta mandar a uno de ellos a la UCI de un hospital.

He sido testigo de cómo un hijo dejaba en la calle a su propio padre malvendiendo el patrimonio familiar y robando lo que por derecho le correspondía a hermanos y primos.
He vivido la traición de un empleado en quien confiabas.

La gran mayoría habrán vivido algún tipo de traición. Hay personas que se venden por un puñado de monedas, o como en el caso que todos conocemos como el mejor ejemplo de lo que significa traicionar, por un plato de lentejas.

Estamos sujetos a las más bajas pasiones, al deseo, a la avaricia, a la envidia… Nos dejamos dominar por ellas y perdemos el respeto por los demás y por nosotros mismos.

En esta semana que está terminando, he conocido dos casos. En el primero, una mujer esforzada y trabajadora, enviudó joven y quedó sola con varios hijos pequeños al cargo. Tuvo que trabajar duro y sacrificar mucho para sacar a la familia adelante. Tuvo que tomar la decisión de sacrificar el futuro de uno de los hijos para garantizar el futuro del resto.

Tenía una pequeña explotación ganadera de ovino y vacuno. Unas pocas tierras, apenas unas cortinas, como se llaman por aquí. Decidió que el mayor trabajase con el ganado y que el resto estudiase.

En una ciudad es más fácil dar estudios a los hijos, en un pequeño pueblo a algún ciento de kilómetros de esa ciudad, es más complicado. Todos menos el mayor completaron estudios superiores y encontraron empleo lejos del pueblo.

El que quedó en el pueblo trabajó para su madre sin recibir sueldo alguno. Dudó mucho para pagar alquileres y matrículas. Algo muy habitual, se trabaja lo que hay en casa para la casa, pero como si fuera para uno mismo.

La madre enfermó. Llamó a sus hijos y les expresó sus deseos antes de morir. Las tierras y las cuatro paredes de piedra serían para todos, a partes iguales, pero el ganado sería, a mayores de la parte correspondiente, para quien lo había trabajado y acrecentado.

Las palabras no escritas se las lleva el viento. Los amados hijos no tardaron una semana en incumplir la voluntad de su madre y en exigir a su hermano el pago de las reses. Un caso más entre muchos. Algo muy habitual, por desgracia.

El otro caso de la semana lo hemos conocido todos. Un partido político y miembro de un Gobierno regional toma la decisión de venderse a los deseos y la codicia y traiciona a un socio, a su propio Gobierno y a una parte de sus votantes. Y esa acción desemboca en un racimo de mociones de censura, en ceses, en movimientos oscuros y en valientes tomas de decisiones en otras partes del país.

Siempre es lo mismo, traiciones y bolsas de monedas. Y una vez más, el honor brilla por su ausencia.

El destino del alma es discutido y discutible, el de la carne es de todos conocido, los gusanos darán cuenta de ella.

Luis Bully

Luis Bully

A los catorce años sembré unas alubias, cuando las vi germinar y convertirse en unas hermosas plantas quedé maravillado y decidí ser agricultor, y eso soy, agricultor y ganadero. En el camino fui algunas otras cosas, pero no tuvieron gran importancia. y, por ello, pretendo dar a conocer las realidades de quienes habitamos un mundo condenado a la desaparición si quienes suelen dirigir nuestros destinos terrenales no cambian su forma de entender lo que es el mundo rural y las necesidades de quienes vivimos en él.

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