El carnaval de los resentidos. Por Vicky Bautista Vidal

El carnaval de los resentidos. Ilustración de Tano
El carnaval de los resentidos. Ilustración de Tano y J.J.

«El nunca suficientemente desenmascarado hombre del moño y los aretes lidera una fusión de perroflautas, mendigos, resentidos sin causa y marginados»

El colectivo del resentimiento”: Así denomina “Hilda Molina”, doctora cubana que fue durante años favorita de Castro a aquellos que siguen desde la vida muelle de sociedades capitalistas los cantos de sirena del Comunismo.
Molina, fiel seguidora durante gran parte de su vida del dictador comunista cubano y arrepentida, se alejó de él no sin haber formado parte, desde adolescente, del ejército de seguidores de la ideología y simbología caduca de Castro. De buena familia y sin conflictos, esta mujer cayó en la trampa de la demagogia disfrazada de nobles aspiraciones, lo que demuestra que no basta la inteligencia ni los ideales ni la supuesta buena intención, para no ser soldado del error y ladrillo en edificaciones terribles.
El arrepentimiento no es suficiente, aunque sí deseable, porque mientras el mecanismo depredador ha funcionado para el sujeto todo parece bueno y absoluto. Solo cuando la organización falla personalmente a un individuo “elegido” este, pasa a aceptar la realidad y percibirla con claridad: en muchos casos, no sin antes haber colaborado entusiasta o egoístamente en la permanencia de la opresión y el error.
Según Molina, todos los seguidores y abducidos por regímenes totalitarios y por dictadores déspotas defensores del comunismo engañoso tienen un nexo en común: son resentidos. Para ser resentido no es preciso ser pobre, haber nacido entre la escoria o haber padecido algún tipo de maltrato en la vida, aunque tales circunstancias complementan un cuadro psicológico adecuado. Muchos son triunfadores y disfrutan de la riqueza y las libertades que su líder idealizado desprecia y sueña derribar para todos menos para él.
El resentido militante puede serlo también por pura ignorancia, por la educación recibida, por una tendencia psicológica que inclina al sujeto a odiarlo todo a causa de una insatisfacción visceral nata; incluso puede elegir el resentimiento como una pose y situarse, tan solo por esnobismo, en modo rebelión, como muchos de nuestros hipócritas progres.
El descontento injustificado inclina al quejicoso sin causa a abrazar políticas absurdas, únicamente favorables para el cabecilla, independientemente de la fortuna, la posición social, el coeficiente intelectual o la evidencia…
O los ideales equivocados del jovencito, que cree que el mundo se arreglaría repartiendo por igual, y que ha sentido que la frase de Marx: “El Comunismo es una asociación de individuos libres” es una promesa de libertad y futuro, y que se involucra radicalmente en ideologías sensibleras sin ser capaz todavía de discernir la mentira entre la confusión de conceptos manidos; hasta que se encuentra de manos a boca con la grotesca realidad, recapacita y abandona, como es el caso de muchos, que abominaron de las ideas cuando pudieron comprobar el resultado desventurado de tales tendencias en la vida de los pueblos oprimidos y esquilmados por ellas. Aunque, en muchas ocasiones el mal ya estaba hecho.
En nuestro presente político, los resentidos se han hecho con el poder, lo cual, es uno de los peligros más grandes que han podido cernirse sobre nuestra Patria.
El ejemplo de resentido sin causa lo tenemos ahora en casi todo nuestro gobierno, excluyendo al presidente: socio de mafias y malnacidos, traidores y ambiciosos, pero tan solo en su propio beneficio y en el de sus promotores. Por lo que no entra de momento en catálogo.
Contamos, entre otros, con un perfecto resentido sin causa que utiliza su aparente ideología para medrar: El nunca suficientemente desenmascarado hombre del moño y los aretes; socio y protegido de la oscuridad mundial; responsable de un movimiento tan cutre como el que fue el de los “Indignados”: fusión de perroflautas, mendigos, resentidos sin causa y marginados que marcaron, gracias a los medios pagados, un proceso de cambio, absurdo pero favorable como viento impulsor para el siniestro “barco” de los nuevos piratas de tierra.
Nos rodea la filosofía del infierno, donde la desesperanza y el vacío es la promesa para los inconscientes peones del siniestro juego.
Esta marioneta de otros, de nombre irónicamente cristiano: Iglesias, corre, coleta al viento, deseando devorar al último reducto: Madrid; y para ello, aparentemente, sacrifica una vicepresidencia, la posesión del CNI, Televisión Española y una serie de privilegios… ¿Alguien se ha creído que no dispone de una estrategia y medios para hacer virar el timón de la forma que sea como para que eso le resulte rentable?
Y muy rentable le tiene que resultar y mucha seguridad debe tener en la posible maniobra y manipulación para arriesgarse desde un partido convulso con pocas expectativas a perder la vicepresidencia y a perderlo todo políticamente.
Tenemos ya muestras de la perversión de la Democracia en España, por ejemplo: las reiteradas reelecciones de presidentes nefastos como Zapatero y Sánchez, como para empezar a bailar y tocar las palmas suponiendo que las cosas van a ir por el camino recto.
Señores, menos aspavientos y más ojo avizor, por la cuenta que nos trae.
Vicky Bautista Vidal

Vicky Bautista Vidal

Nací en Madrid. Y como a casi todos los madrileños, todo el mundo me parece cercano y de casa: es el carácter de la ciudad. Esto me ha ayudado después para congeniar con toda clase de personas en los diferentes sitios donde viví. Soy curiosa, inquieta, autodidacta y un pelín dispersa, precisamente por que me siento atraída por muchísimas cosas, escribir es una de ellas. Lo hago al golpe de víscera, según el momento y me faltan algunas vidas para alcanzar a Cervantes o alguno de los inmortales. Soy la primera sorprendida por que observo como últimamente me meto en berenjenales de opinión acerca de asuntos políticos, cuando en realidad, la Política, me importó un bledo toda la vida. Puede ser sentido común herido o un amor recién descubierto por España y su unidad. No milite, milito o militare en nada. Pero estoy de parte de la razón y el sentido común. Defenderé a cualquier gobierno que me facilite la vida y reprochare sin pausa a quienes me la incomoden. La Libertad es para mi la única joya a lucir, la lógica una herramienta y creo que sin pasión por algo, poco se puede conseguir.

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