Hannah o el eterno recuerdo del lobo de Florencia. Por Antonio Ramírez

Hannah, Florencia.
Hannah, Florencia.

“Es Hannah el recuerdo de un hombre que existió, Cónsul de Alemania en la Florencia de los años cuarenta del siglo pasado que hace entender lo mejor de la naturaleza humana”

Christian Gávez nos traslada a la Florencia de la Segunda Guerra Mundial con una historia conocida y comprendida en el presente. De la mano de un viejo, profundo y emocionante relato, la protagonista, descendiente de una huérfana de la guerra, va tejiendo una estructura en la que se ensalza el profundo amor al arte del Renacimiento como contrapeso a la brutalidad, crueldad, la sinrazón y el odio de la conducta humana para que triunfen la solidaridad y humanidad en los momentos de mayor oscuridad.

Es Hannah el recuerdo de un hombre que existió, Cónsul de Alemania en la Florencia de los años cuarenta del siglo pasado, apodado “el lobo de Florencia” y de tal bondad, valentía y empatía con los más débiles, que emociona y hace entender lo mejor de la naturaleza humana cuando se ve amenazada.

Antonio Ramirez Velez

Indígena melillense con varias decenas de años a mis espaldas. Periodista de profesión y dedicación institucional desde hace muchos años en lla Ciudad Autónoma de Melilla, anterior Ayuntamiento, con una paso también en la Administración del Estado, Delegación del Gobierno. Responsable en diversas legislaturas de gabinetes de prensa y relaciones institucionales, comencé a entender, hace tiempo ya, que el poder es un mar de ambiciones y conjuras permanentes y por ello la verdad, cuando sobrevive, vale su precio en oro. Mi paso por medios de comunicación, tanto públicos, como privados, me enseñó de la gran asignatura pendiente que tienen, aún, generaciones de periodistas sobre la consideración de su profesión y la dignificación de la misma.

Lector aplicado, que intento ser, concibo a los libros como uno de los últimos reductos de la libertad de pensamiento, generadores de opinión y salvaguarda, por ello, de la voluntad. Lo único que no nos puede ser arrebatado (Víktor Frankl).

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