Estamos solos y sólo nosotros somos los responsables de nuestro puñetero destino. Por Miguel Ángel Contreras Betancor

Estamos solos hoy que la bandera nacional cumple 178 años al igual que ayer
Estamos solos hoy que la bandera nacional cumple 178 años al igual que ayer

“Estamos solos y sólo nosotros, únicamente nosotros, somos los responsables de nuestro puñetero destino. Es jodido, pero existir no es poner la mano, idiota”

 

La soledad de España tiene su génesis en el año 1700 con la llegada de los Borbones. No es una coincidencia ni una puñetera conjunción astral, simplemente tal orfandad —dicho sin ánimo derrotista— en la comunidad de naciones libres es el resultado de que los franceses sentaran sus culos entre los sillones hispanos. Con ellos, la decadencia del Imperio aceleró su final, con ellos y a lo largo de estos tres siglos, los dirigentes españoles —ni siquiera me atrevo a calificarlos como la élite— han ido socavando el edificio nacional, una destrucción que ha contado con la inestimable colaboración de los paisanos que con su dejar pasar y sus votos, cuando el sufragio fue posible, apoyaron y sustentan, lo que ahora se ha confirmado como una evidencia que ríase usted de la depresión del 1898, Annual o la Marcha Verde. Y me refiero a una evidencia porque, quien más quien menos, ha sospechado que si alguna vez se desatara un conflicto con Marruecos —provocado por el reino alauita—, nadie movería un solo dedo para apoyar la postura española. Absolutamente nadie al margen de algún que otro gritito con la boca chica: Bruselas, por ejemplo.

¿Existe una estrategia de acción exterior?

Creo que la respuesta más aproximada a la realidad diría que la nuestra es una suerte de asistencialismo con sabor a oenegé, y claro, con esas alforjas poco se puede hacer, salvo asistir a los damnificados de la catástrofe correspondiente con tiritas, mantas y café caliente mientras que son a los otros a quienes se adjudican las obras de reconstrucción. Diría que en el Palacio de Santa Cruz llevan un siglo sin catar qué es disponer de un esquema de política exterior con las cosas claras y el chocolate espeso. Pero sigamos.

No es esta una reflexión que cimente su justificación desde una postura de lagrimeo, pataleta o añoranza por tiempos pasados; es algo más, resulta que quien esto escribe y transcurridos los primeros momentos de enfado e incredulidad ante el asalto a la frontera española en Ceuta por parte de miles de marroquíes que han seguido las instrucciones del régimen dictatorial que representa Mohammed VI, ha llegado a una triste pero irrefutable conclusión: España en caso de conflicto armado o similar con el vecino africano —y resulta, casi, indiferente quien gobierne en La Moncloa—, jamás podrá contar con el apoyo de la Unión Europea, Estados Unidos de Norteamérica (qué risas con el tratado que regula las bases de Rota y Morón. Para el caso, tal vez estarían mejor en Marruecos) y menos si me refiero a la ONU —la suma de todos los mencionados—.

Pero si eso resultara poco, es mucho peor si dirigimos nuestra mirada a las naciones hispanoamericanas, en varias de las cuales se ha instalado el etnonacionalismo y en todas campa la hispanofobia (que en España goza de una excelente salud) y por tanto, el odio imbécil y analfabeto a todo lo que suene a España, origen, según el imaginario colectivo fruto de la burricie, de sus males, tanto pasados, presentes y futuros, sin que se les ocurra pensar en que algo habrán tenido que ver sus oligarquías criollas.

Afirmo al comienzo de este artículo, que este diluirse entre el resto de naciones como los granos de arena por los dedos de las manos, se vio reforzado con la llegada al trono español de los Borbones, una dinastía a la que entiendo, poco tenemos que agradecer y mucho que criticar. Es cierto que alguien puede decir que ahora no es el momento de esto, que ahora toca apoyar la figura del monarca, de Felipe VI. Que entrar por ese camino es abrir el melón de la república —régimen que precisamente no añoro—; que los golpistas, comunistas de boquilla y caviar, etarras en activo y mercachifles populistas, están ansiosos por pescar en tal rio. Pero por esa regla de tres, jamás deberíamos cuestionar lo que hace o deja de hacer el monarca, un rey que en 2017 proclamó su inquebrantable defensa del orden constitucional tras el golpe de Estado de los separatistas catalanes. Pues si en aquella ocasión todo fueron aplausos por su comportamiento. ¿Qué ha ocurrido para que ante una invasión de parte del territorio nacional Felipe VI no haya dicho nada? ¿Es o no es el Jefe del Estado? Y sí, conozco las limitaciones constitucionales de su cargo, pero la Constitución que está vigente desde 1978 es la misma en 2021 e idéntica a la del año 2017.

Y concluyo.

Nada se puede esperar del actual Gobierno de la nación encantado de sobrevivir gracias al apoyo de organizaciones políticas que únicamente desean la desaparición de la nación española. Nada se puede esperar de otras instituciones del Estado que sestean encantadas de sus emolumentos. Y menos se puede esperar de unos ciudadanos —ni siquiera me atrevo a cuantificar el número— que sólo se cabrean entre copas de vino o jarras de cerveza mientras España se instala en la insignificancia, tanto interior (y esa es la más grave), como exterior, hábitat donde únicamente existimos para dar rienda suelta a las borracheras centroeuropeas y calor a los pensionistas escandinavos. Al fin y al cabo la entrada en la otrora CEE nos tenía reservado un lugar en el gran mercado europeo donde la industria minera, pesquera, metalúrgica o ganadera, resultaban molestas, no sólo para el Viejo continente, sino para las economías emergentes (tigres y dragones). La España de los subsidios que manan de las archiconocidas políticas europeas junto al sol sureño, siempre resultan un polo de atracción para aquellos allende los Pirineos que nos visitan con ese rictus a caballo entre la sorpresa por el indígena a conocer y la penita por lo mal que hacemos casi todo. Bueno, ahora con esta supuesta pandemia, tal vez ni siquiera se dignen hacer una mísera escala técnica.

Estamos solos y sólo nosotros, únicamente nosotros, somos los responsables de nuestro puñetero destino. Es jodido, pero existir no es poner la mano, idiota.

Miguel Angel Contreras Betancor

Podría afirmar que nací en Las Palmas de Gran Canaria y no me equivocaría, incluso, si fuera menester, no me importaría aseverar que en el oficio de escribidor -variantes: plumilla y creador de historias- llevo dando el coñazo varias décadas.
Tanto es el cariño que siento por el arte de casar vocales y consonantes, que en actualidad edito y dirigo la revista https://revista-contraluz.es , una web dedicada a los géneros negro y policial Y ahí estoy, con el alma llena de balazos y los ojos a rebosar de enigmas y medias verdades. Casi, como la vida misma.

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