«Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Juan 8:32).

Dice el refrán: «Madrid, nueve meses de invierno y tres de infierno»… hoy toca infierno. Hemos entrado en julio y tenemos 34 º C en Alcalá de Henares. Sí, antes de que apareciesen en nuestras vidas los timadores, profetas y agoreros asalariados del cambio climático —con el innoble doble propósito de meternos el miedo en el cuerpo a la vez que nos generan sentimientos de culpabilidad por cómo aprieta el inmisericorde Lorenzo—, los antiguos, ya conocían de dichos rigores en la meseta Central. Con este panorama, Alonso, busca cobijo bajo la sombra de los soportales de la calle Mayor, gira a la derecha por la bocacalle Carmen Calzado, metiéndose en el Mesón las Cuadras de Rocinante. Pide una de calamares a la romana con una cerveza bien fría. ¡Son muchos y gratos los recuerdos que le vienen a la cabeza, de cuando en sus años mozos, alternaba recorriendo con alegría estas calles y estos bares (de capilla en capilla) en compañía de sus amigos! Hechas las oportunas reflexiones, callejeando, se dirige hasta la plaza de Santo Domingo —el corazón histórico del campus universitario—. Frente al Colegio Mayor de San Ildefonso, está situado el Colegio Menor de San Jerónimo. En este último, se encuentra el Patio Trilingüe, lugar de la entrevista con los insignes personajes.

«El Régimen del 78 ha provocado un proceso degenerativo donde el ciudadano ha dejado de ser un sujeto de derecho para convertirse en un mero espectador»
ALONSO DE MADARIAGA
Sólo a personas dignas y merecedoras permito que escojan el lugar de la entrevista. Es una de las prerrogativas que nos reservamos quienes escribimos por amor al arte. Permítame, Su Eminencia, satisfacer la curiosidad de los escasos, resignados y penitentes lectores de estas entrevistas mordaces, ¿por qué ha escogido este lugar?
CARDENAL CISNEROS
Eres atrevido, Alonso. Desde la Transición, no es prudente hablar de Cisneros si quieres medrar en el patocrático y plutocrático paraíso político autonómico. En referencia a tu pregunta, este patio de arquitectura renacentista con su arquería y columnas jónicas, fue construido por Pedro de la Cotera (1564 -1570). El Patio Trilingüe, está íntimamente vinculado con la Biblia Políglota Complutense, una de las obras más importantes del Renacimiento, marcando un hito en la ciencia de la Filología. Fundé este centro del saber, donde se enseñarían las tres lenguas fundamentales que abrían las puertas del conocimiento, tanto a los textos bíblicos, como a los clásicos: latín, griego y hebreo. Este sería el templo donde se cultivaría el saber necesario para acometer esta obra monumental. Atraje a los mejores profesores y estudiantes, que no sólo tendrían relevancia para la Iglesia, sino para la cultura española, aportando prestigio e influencia a la Universidad de Alcalá de Henares. Sí, España, de nuevo, fue pionera, ¡provocando el crujir y rechinar de dientes de nuestros ancestrales enemigos!
PERICO I
Donde Cisneros crea un templo del saber, en su lugar, construyo un altar al olvido, ¡como buen cristófobo! Él, busca el sentido y significado exacto de los textos, mientras que lo mío es el borrado, la purga, la reinterpretación ideológica e histórica, la profanación, ¡en suma!… la resignificación. ¿Mentes libres? ¿A quién le puede interesar? Al poder le conviene mentes sumisas. Lo mío no es transmitir conocimiento, sino dogmas, consignas ideológicas. El populacho no tiene nada que entender o comprender —es peligroso—, su deber es acatar la disciplina intelectual. No hay más verdad que aquella que se acomoda y es útil al poder. Con este objetivo fundamental, mi intención es destruir la conexión entre la palabra y la realidad a través del vaciamiento semántico. La plebe debe aceptar como verdad teológica lo políticamente correcto. Lo importante no es lo que necesita España en el plano educativo, sino lo que sirve a mis intereses personales, que no es otra cosa que mi osificación y petrificación en la poltrona de La Moncloa. No ando como Cisneros, tras las mejores mentes, los mejores maestros, más bien tras comisarios políticos. Me molesta el olor a verdad, permanencia o trascendencia. Opto por la irresistible y seductora fragancia de lo conveniente, lo fluido, lo maleable en las manos del amado líder. No persigo el diálogo, sino el dominio. La verdad no se busca… se fabrica.
ALONSO
Parece que los papeles se han invertido: por un lado, encontramos a un religioso que apela al conocimiento y la razón, y por otra lado, a un laico cristófobo que exige devoción exclusiva y fe ciega en el líder.
CISNEROS
Escribía Orígenes al respecto: «Va mucha diferencia entre aceptar nuestros dogmas por razón y sabiduría o por desnuda fe». Cristo, a nadie obligó por la fuerza a creer en sus enseñanzas. Más bien, persuadió a través de la razón. La verdad no la impuso mediante la coacción externa, ni la definió arbitrariamente acomodándola a sus intereses personales. No, la verdad no puede florecer en un ambiente opresivo, precisa de dos elementos: la libertad y la moral.
PERICO I
La gestión del relato no se puede dejar en manos de un cualquiera. De hecho, la narativa imperante, legítimamente le corresponde a quien ostenta el poder, ¡y es él quien debe ser el guardián de la «verdad»! Por otro lado, debido al estado de profunda confusión inducida en la que se encuentra el pardillo integral ibérico, este parte de una premisa errónea: más laicismo es igual a más libertad. La secularización no tiene que significar libertad y soberanía individual, al contrario, a través de su puesta en práctica se confirma la perfecta simbiosis entre secularización y absolutismo. Por ejemplo, ¿el régimen político de Corea del Norte es laico? Yo diría que superlativamente laico. Por tanto, la supuesta laicidad de un Estado, no garantiza absolutamente nada. De modo que, esta «verdad» mutable —la oficial, es decir, lo políticamente correcto— tiene una razón de ser: servir a los intereses del partido… ¡sin más consideraciones! De hecho, discrepo de Cisneros, y afirmo que ni la racionalidad ni la irracionalidad existen. El dominio, el control y el poder son las únicas «verdades» absolutas. Por este motivo, utilizo la palabra para imponer mi voluntad, y como paso previo, la vacío de contenido. Joseph Ratzinger nos tenía calados a los miembros de la secta de los Sorosianos, cuando denuncia la esencia de nuestro credo… no creer en nada:
«La democracia necesita hombres sin convicciones, seres ágiles, ligeros, liberados del fardo del valor, sin escrúpulos morales que les impidan brincar de una constelación de sentido a otra. Mann ohne Eigenschaften [hombre vacío], ser sin cualidades: he ahí el modelo de hombre democrático.[…]. El perfecto demócrata debe encogerse de hombros —o lavarse las manos— ante los dilemas morales y trasladárselos a la mayoría, que es fuente, origen, principio y raíz del valor. […]. Es hora de desprenderse de los valores y las convicciones y arrojarlos por la borda como fardos inútiles. La sociedad liberal exige la astenia ética. Mientras no se generalice la moral anoréxica, una moral debilitada y sin fuerzas que rehuya invocar los valores, la democracia estará amenazada e insegura. La más alta garantía democrática es la frivolidad. Hay que renunciar a los principios, vivir superficialmente, perseguir lo baladí, ser ligero de cascos. Tomarse algo en serio significa creer en ello, y la creencia es intolerancia potencial, es decir, inquina antidemocrática».
ALONSO
¿Qué ha aportado a España el Régimen del 78?
CISNEROS
El personalismo del poder, que es la centralización de este en unas pocas personas o grupos. Es decir, el poder político lo ejerce un grupo reducido de personas, donde realmente se concentra la autoridad de verdad, posibilitando que lo ejerzan sin un contrapeso institucional auténtico, sin ningún tipo de fiscalización ni mecanismos eficaces de control. En estas pocas personas —y no el pueblo español— reside la soberanía nacional. No responden ante nadie. Hacen y deshacen a su antojo, de ahí que la corrupción sea estructural, endémica y que vaya acompañada de todo clase de abusos. Es una dictadura disfrazada de democracia. O sea, observa la formalidades propias de una democracia, a la misma vez que vacía de contenido a las instituciones, eliminando de facto la separación de poderes. Los partidos políticos se convierten en agencias de colocación y destinos, creando redes clientelares. A la vez, son suertudos, les sonríe la vida, y por eso, es frecuente que sus delitos prescriban, sean archivados, sobreseídos, y en el peor de los casos… indultados o amnistiados por un precio módico. Nacen blindados, con el código genético del privilegio, inmunes e impunes. Chapotean con regocijo y sin control en el fango del nepotismo, el tráfico de influencias y la apropiación indebida de los recursos públicos. La Administración del Estado es su rehén. Toman las decisiones con absoluta discrecionalidad y sin una rendición de cuentas real, con total opacidad. De hecho, es un poder que va más allá de no estar sometido a la ley… crea ley. Este Régimen del 78, ha resultado ser patocrático. Como apuntabas con atino, Alonso, en tu libro El depredador entre nosotros: el psicópata en la política, al decir:
«Realmente, estamos indefensos ante la ausencia de mecanismos institucionales que nos protejan de estos licántropos disfrazados con piel de oveja. Los depredadores están aquí, entre nosotros, caminamos a su lado, sintiendo su resuello en nuestra nuca. Podemos esconder la cabeza haciéndonos los suecos o tomar medidas para identificarlos y protegernos, cultivando el arte de reconocerlos entre la manada».
El Régimen del 78 ha provocado un proceso degenerativo que ha erosionado lenta y sistemáticamente la democracia representativa, vaciando de contenido las instituciones, donde el ciudadano ha dejado de ser un sujeto de derecho para convertirse en un mero espectador, un producto a consumir, o si se prefiere, el limón a exprimir.
PERICO I
Por razones de eficiencia, los oligarcas hemos privatizado el poder. El concepto sagrado de la representación democrática, es una milonga, un brindis al sol. Por definición, el poder no se puede compartir. Por este motivo, carecen de sentido tanto el poder legislativo como el poder judicial. Además, las políticas que hemos de aplicar los globalistas son duras e inmisericordes para con los devoradores de recursos, el populacho. ¿Que si estas decisiones conllevan sustanciales daños colaterales…? Sí, son inevitables por necesarias. Así que, la concentración del poder en unas pocas manos, posibilita la agilidad en la implementación de medidas políticas impopulares. En la sociedad, la función del votante apoquinante es la de obedecer, nada de participar en la gestión del poder. Ya que, el obligado tributario, por naturaleza, es débil y maleable, carece de formación, preparación y visión estratégica. Se necesita un gran timonel, alguien como yo —el más apto genéticamente— que lidere al rebaño con mano firme. Aunque, llegado a este punto, haré una matización: a mí me han colocado en este puesto como un simple gestor y permaneceré en el cargo mientras les sea útil implementando estas políticas. Quien me sustituya, posiblemente Alberto Núñez Feijoó, seguirá mis mismas coordenadas. Eso sí, prometerá todo a todos… hasta que alcance la presidencia. ¿Datos…?:
«Con el cierre de la actual legislatura en el Parlamento Europeo emerge la cohesión política entre el Partido Popular y el Partido Socialista. La alianza, que en palabras del vicesecretario de acción institucional del PP, Esteban González Pons, es una “coalición”, ha mostrado un nivel de acuerdo que alcanza el 88,28% en los últimos cinco años. […]. El pasado mes de enero las formaciones lideradas por Alberto Núñez Feijoo y Pedro Sánchez votaron de manera idéntica en el 94% de las enmiendas, expedientes, resoluciones y directivas. La sesión plenaria de febrero reflejó una armonía de casi el 90%».
Lo verdaderamente importante es cumplir con los objetivos marcados, el cómo, nos es indiferente. Para vender nuestra mercancía a las masas, emplearemos palabras que les confundirán y harán que comulguen con ruedas de molino: moderación, igualdad, progreso, estabilidad, ecosostenibilidad, transversalidad, regeneración, discriminación positiva, resignificación, etc. ¿Qué es lo que justifica el poder? No su legitimidad, sino su utilidad. Personalmente, necesito el control total de la sociedad, ser todo para con todos.
ALONSO
Don Marcelino Menéndez Pelayo, describió tu obra con estas palabras:
«La grande obra de aquellos insignes varones fué la Políglota Complutense, monumento de eterna gloria para España, como que hace época y señala un progreso en la crítica aplicada á los sagrados textos: una de las grandes y positivas conquistas del Renacimiento, que fué (no me canso de decirlo) la restauración de la antigüedad sagrada al mismo tiempo que de la profana».
¿Qué te impulso acometer esta obra magna?
CISNEROS
En mi época, España era el centro espiritual de la sociedad cristiana occidental. Nos regíamos por la ley natural, apoyada explícitamente por la ley divina, tal y como se expresaba en la Biblia. Un derecho natural válido para todos por el sólo hecho de ser hombres, derecho no sujeto a los vaivenes interesados de una ventana de Overton que se desplaza a voluntad de la oligarquía dominante. Un religioso de mi posición, como cardenal de España, tenía encomendada una triple misión: interpretar la voluntad de Dios para gobernar al pueblo, la predicación del Evangelio y la conversión del infiel. Sin embargo, ninguna traducción puede transmitir fielmente el original. De modo que, no es que fuese importante, era algo más, fundamental el que interpretásemos la Biblia con exactitud. ¿Cómo acometer esta tarea sin estar seguro de la correcta interpretación de las Santas Escrituras? La Biblia, originalmente fue escrita en los siguientes idiomas: en hebreo el Antiguo Testamento —unas pequeñas porciones en caldeo—, y en griego, el Nuevo Testamento. La mejor traducción que teníamos entonces era la Vulgata Latina (siglo IV), obra de san Jerónimo. De modo que, aparte de desarrollar el estudio de lenguas orientales, necesitábamos lingüistas y filólogos en dichas lenguas. Con este objeto, reuní en Alcalá a los mejores: al cretense y maestro de griego, Demetrio Dúcas; a los judíos, Alfonso de Zamora, Pablo Coronel y Alfonso de Alcalá. También, a prestigiosos en letras helénicas: los dos Vergaras y Lorenzo Balbo de Lillo. Al comendador griego, Hernán Núnez… y a mi entrañable e irreductible Antonio de Nebrija. Utilizamos los muchos manuscritos en hebreo de que disponíamos por la dilatada presencia de las comunidades y sinagogas judías en España; la Septuaginta (traducida por setenta sabios judíos, del hebreo al griego durante los siglos III – I a. C.); el Tárgum de Onquelos —siglos II – I a. C.—, una traducción de la Torá (los cinco primeros libros de la Biblia hebrea) al arameo (considerada durante siglos como la versión oficial en muchas comunidades judías); la Vulgata. Se viajó por todo Europa en busca de códices y manuscritos, comprándolos. Como carecíamos de manuscritos en griego, se los pedí al papa León X, quien nos prestó los que había en la Biblioteca Vaticana.
Invité al luterano de Erasmo para que participase en nuestro proyecto inclusivo, pero declinó la invitación con un Non placet Hispania. ¿Por qué? La raza española y el ambiente en España estaban demasiado semitizados para su gusto:
«España era, a sus ojos de occidental, uno de esos países extraños en que la cristiandad entra en contacto con los semitas rebeldes al cristianismo y se mezcla con ellos. Parece casi como si hubiera, en este ciudadano del mundo, un secreto antisemitismo. Ahora bien, sea que se haya contagiado de esta prevención en Italia, sea que haya tenido que tratar con los mercaderes marranos de Amberes y de Brujas, sea que juzgue a priori la situación étnica de España de acuerdo con su historia, la Península ibérica se le muestra como profundamente semitizada. Así escribe a Capitón, rogándole que deje a un lado el Talmud y la Cabala: “Preferiría ver a Cristo envenenado por Escoto que por esas boberías. Los judíos abundan en Italia; en España, apenas si hay cristianos. Tengo miedo de que la ocasión presente haga que vuelva a levantar su cabeza esa hidra que ya ha sido sofocada”. Y a Juan Slechta, a propósito de la situación religiosa de Bohemia: ‘Estáis atestados de judíos. Es un rasgo que os es común, según parece, con Italia y Alemania en general, pero sobre todo con España’».
Fue un proyecto que duró diez años. Costeado con mi fortuna personal. Sí, a pesar de que nunca fui un hombre que escribiese mucho, estaba enamorado del saber, seleccioné a los más cualificados —¡sin cuotas ni leches en vinagre!— y fui persistente en alcanzar la meta. Mi objetivo era que se pudieran leer las palabras de Cristo sin pasar por el filtro de la traducción.
PERICO I
Si existe un libro peligroso, por atentar contra la autoridad del autócrata en pantalón de pitillo, ese es la Biblia, ¡no me extraña que haya sido tan perseguido a lo largo de la historia por tantos regímenes políticos! Por ejemplo, estas palabras de Pablo, en el Nuevo Testamento, cuando las escucho me producen dentera:
«Les trajeron, pues, y les presentaron en el Sanedrín. El Sumo Sacerdote les interrogó y les dijo: “Os prohibimos severamente enseñar en ese nombre, y sin embargo vosotros habéis llenado Jerusalén con vuestra doctrina y queréis hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre”. Pedro y los apóstoles contestaron: ‘Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres’» (Hechos 5:27-29).
Este pasaje limita el ejercicio de mi omnipotencia como el gerifalte del Estado —no puedo emplear la palabra «España», ¡se enfadan Otegui y Puigdemont!—, en tanto en cuanto, el cristiano, es conocedor de lo bueno y lo malo gracias y en gran parte a esa obra monumental que hizo Cisneros con su equipo de traductores, la Biblia Políglota Complutense. La Palabra de Dios, emancipa y libera a quien la lee, constituyéndose en un obstáculo insalvable e incompatible con un régimen de control, totalitario. La élite, no necesita que un instrumento tan poderoso como el lenguaje aporte una luz que ilumine las mentes, más bien, nuestra obcecación se focaliza en pervertirlo y convertirlo en un instrumento de dominación. Se persigue el control integral del súbdito en todos y cada uno de los diferentes planos: lenguaje, ética, memoria… y también fe, ¿por qué no?
No puedo permitir una creencia que fomente la colaboración con el Estado en tanto en cuanto dicho Estado no se sobrepase e intente legislar sobre lo que el cristiano tiene que aceptar bíblicamente como bueno o malo. Con esta limitación a mi potestad, no puedo hacer mi santa voluntad. No puedo aceptar, de ninguna de las maneras, este conflicto entre la autoridad del Estado y la conciencia individual o la lealtad a una autoridad superior (divina o moral). El Estado debe ser todo para el obligado tributario, ocupando el lugar de Dios al contestar oraciones como «Danos nuestro pan para este día». La conciencia, entendida como un límite moral que impide la lealtad incondicional al líder, debe ser combatida y eliminada del subconsciente del plebeyo. Les prometo a todos los votantes, lo que dijo alguien en alguna parte: «Yo os libraré del miedo a pecar, porque haréis todo pecado sin culpa. Yo os daré la beatitud de la amoralidad».
ALONSO
¿Qué tipo de leyes puede generar un legislador para el que no existe la moral? ¿Ha perdido vigencia la determinación a obedecer la voz interna de la conciencia a pesar de los problemas —incluso de naturaleza legal— que pudiera ocasionarnos tal elección?
CISNEROS
Históricamente, la degeneración moral de una nación, imperio o civilización, ha estado vinculada a su ocaso y extinción. Por primera vez en la historia de la humanidad, el hombre tiene la capacidad de destruir la vida en la tierra. La ciencia nos puede ser útil como siervo, pero nunca como amo. Sin responsabilidad moral, el avance tecnológico se convierte en una herramienta para el mal, capaz de un horror inimaginable. ¿Qué importancia tiene la vida humana para una élite globalista y satanista que nos otorga a las personas el valor de un insecto molesto, una plaga que pone en peligro la viabilidad del planeta? Esta élite amoral, con la asistencia de la ciencia y la tecnología, representa la mayor amenaza para la raza humana. Hoy, más que nunca, hemos de escuchar la voz interna de la conciencia cristiana, que otorga a la vida humana un valor sagrado. No es que sea un derecho, es nuestro deber.
Por ejemplo, bajo el nazismo, cumplieron con la legalidad vigente tanto los médicos, como los soldados, así como la población alemana en general, al colaborar con el exterminio del pueblo judío. Los dirigentes nazis, en los Juicios de Núremberg, argumentaron en su defensa, que ellos simplemente estaban obedeciendo órdenes, cumpliendo la ley que emana democráticamente de los poderes del Estado. En el caso concreto de Alemania, Hitler había sido elegido democráticamente. Sin embargo, el Principio IV, de los Principios de Núremberg (1950), declara:
«El hecho de que una persona haya actuado en cumplimiento de una orden de su Gobierno o de un superior jerárquico no la exime de responsabilidad conforme al derecho internacional, si efectivamente ha tenido la posibilidad moral de opción».
O sea, la obediencia debida no exonera al individuo de responsabilidad penal internacional, si este ha tenido otra opción moral, como la de obedecer la voz de su conciencia.
PERICO I
Un autócrata pata negra que se precie, necesita para su supervivencia política, controlar todo y a todos en todo momento. Despertar la conciencia en el obligado tributario —como hace la Biblia—, no es que sea una molestia o inconveniencia, más bien, supone un torpedo en la línea de flotación del régimen político. Una especie de terrorismo moral. Por esta razón, me atribuyo las palabras de Jesucristo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida». Soy un dios encarnado. Me reitero: el tirano en pantalón de pitillo no busca la verdad, la crea él mismo, permaneciendo esta verdad voluble, en un proceso de transformación permanente mientras se ajusta a mis intereses personales de cada momento. Soy la fuente de la corrección política, por tanto, de la moralidad actualizada, revisada y purificada de cualquier sustancia herética o subversiva. De modo que, la conciencia individual no puede constituirse en un atributo del plebeyo, eso es algo inadmisible. ¿Por qué? Aquí es donde entra el término que acabo de acuñar «terrorismo moral»: el pardillo ibérico en un acto de insubordinación y alta traición, antepone a los dictados del Estado, su conciencia moral, la ley de Dios o los principios del derecho internacional.
El autócrata no puede permitir desafíos a su soberanía. Este tipo de sistema político, exige uniformidad ideológica. El grupo de cándidos votantes ha de adherirse sin fisuras a los dictados y deseos del amado líder, moviéndose en bloque y al unísono, como un banco de peces… sometido al dogmatismo oficial. La objeción moral o de conciencia, representa una fisura en este bloque compacto y un atentado contra el control del relato. ¡Esto es tan peligroso, tan peligroso… que no se puede aceptar! La élite no podemos permitir ninguna forma de resistencia al poder. Quién critica los excesos de sistema, se constituye en un enemigo interno ya que está haciendo una labor de zapa socavando los cimientos de nuestra monolítica arquitectura ideológica. Para perpetuarnos en el poder y aplicar nuestras políticas impopulares, necesitamos sumisión absoluta por parte de la plebe. ¡Colectividad, nunca individualidad! No, no puede haber más opción moral —ni el imperativo ético de la conciencia individual— que la que se dicta en el Boletín Oficial del Estado.
ALONSO
Circula por ciertos ambientes enrocados en la incorrección política, la siguiente reflexión: «Donde no hay mérito, hay enchufe; donde no hay saber, hay sectarismo. La democracia sin competencia se transforma en oligarquía ideológica». ¿Meritocracia o mediocridad?
CISNEROS
Yo venía de abajo, de una familia de pequeños comerciantes, aún así, llegué a ser el confesor de la reina Isabel, La Católica. Gracias a sus buenos oficios ante el papa Alejandro VI, fui nombrado arzobispo de Toledo. Tuve un problema: los miembros de la clase clerical en el arzobispado eran todos de buenas familias, con apellidos ilustres y no podían digerir que un donnadie como yo viniera a mandar sobre ellos. Mas tarde, llegué a ser cardenal, y regente de España dos veces. Sin embargo, reconozco que tuve la fortuna de nacer en una época donde desde el Estado se buscaba y se potenciaba el talento. ¿Mi secreto? Como el de muchos de mi tiempo —el más glorioso que ha tenido nuestra nación, el Siglo de Oro español, ¡que en realidad fueron dos siglos!—, esfuerzo, mérito y capacidad. Los Reyes Católicos siempre se rodearon de los mejores para dirigir España. ¿Qué puedo decir? «La sabiduría queda probada justa por sus obras» (Lucas 7:35).
Me entristece que nuestros jóvenes mejor capacitados —quienes deberían asumir el liderazgo de nuestra nación— tengan que emigrar de España en busca de un horizonte profesional, mientras que nos quedamos con la purria. Tenemos unos ministros en el Gobierno de España, que no valen ni para esconderse, ¡y así les va a los españoles! La clase política en nuestro país, en términos generales, es una casta corrupta. Dicho esto, en otro orden de cosas, me solidarizo con lo que escribía don José Ortega y Gasset, allá, por el 1917, cuando nos hablaba de una calaña… los mediocres resentidos:
«Vivimos rodeados de gentes que no se estiman a sí mismas, y casi siempre con razón. Quisieran los tales que a toda prisa fuese decretada la igualdad entre los hombres; la igualdad ante la ley no les basta: ambicionan la declaración de que todos los hombres somos iguales en talento, sensibilidad, delicadeza y altura cordial. Cada día que tarde en realizarse esta irrealizable nivelación es una cruel jornada para esas criaturas «resentidas», que se saben fatalmente condenadas a formar la plebe moral e intelectual de nuestra especie. Cuando se quedan solas les llegan del propio corazón bocanadas de desdén para sí mismas. Es inútil que por medio de astucias inferiores consigan hacer papeles vistosos en la sociedad. El aparente triunfo social envenena más su interior, revelándoles el desequilibrio inestable de su vida, a toda hora amenazada de un justiciero derrumbamiento. Aparecen ante sus propios ojos como falsificadores de sí mismos, como monederos falsos de trágica especie, donde la moneda defraudada es la persona misma defraudadora».
PERICO I
¡No seré yo quien quiera rodearse de personas por su mérito y capacidad! Como tuerto, aspiro a ser el rey en el país de los ciegos. Es la primera regla en la estrategia de conservación del poder. ¿Qué autócrata, en su sano juicio, busca crear un entorno donde se dé la excelencia, el mérito y la capacidad? ¡Yo no! Busco y quiero obediencia y lealtad. Mi éxito depende de que me rodee de mediocres, sin méritos, que dependan enteramente de mí para su supervivencia política y para mantener su espléndido tren de vida. Esta persona me será fiel aunque sea por puro interés. ¿Cuál es el único capital que tiene el pelota? ¡Su sumisión y miedo!
Esto con respecto al porqué me he rodeado de una corte de parásitos, palmeros y aduladores. Referente al populacho, la ignorancia les protege y me protege. Las personas bien instruidas, con ideas y criterio propio, no son manipulables y se escapan al control del tirano de la noche dominicana. Además, tienen desarrollado un sentido afinado con respecto a la justicia y es difícil timarles ya que conocen sus derechos. Me interesa una masa de gente infantilizada. De modo que, la educación de calidad atenta contra mi statu quo, generando disidentes que cuestionan mi idoneidad como gobernante. Por el contrario, la ignorancia masiva garantiza mi permanencia en la poltrona de la Moncloa. Así que, la mediocridad no es una carencia, sino el elemento vivífico que perpetúa la estructura totalitaria. Figurativamente, tengo mi corazoncito: no estoy en contra de la educación de las masas, siempre y cuando se las eduque para obedecer.
ALONSO
El judeoconverso, Álvar Gómez de Castro, quien fuera catedrático en las universidades de Alcalá de Henares y Toledo, escribió en latín la primera y monumental biografía sobre el cardenal Cisneros: De rebus gestis a Francisco Ximenio Cisnerio (1566), calificada como «piedra fundamental todavía no superada de la historiografía cisneriana». Una vez hecha esta puntualización, Álvar Gómez de Castro, apuntó sobre Su Eminencia: «Muy agradecido a los beneficios, pero muy justo en la provisión de los cargos, en que sólo atendía a los méritos del pretendiente».
CISNEROS
Una nación que penaliza el mérito y la capacidad, a la vez que premia la desidia y la vagancia, está suicidándose. Su clase política siempre estará a salvo de los vaivenes económicos y de la hecatombe nacional, pues sus muchos bienes terrenales (el parné) acumulados durante su dilatada vida política, estarán a salvo en paraísos nada celestiales. En toda época, esta casta, medra a costa de la ruina de España y de los españoles. Hipotecan nuestro presente y futuro con su corrupción, redes clientelares y la colocación de personas incompetentes e irresponsables a cargo de la gestión, robo y desperdicio de los recursos públicos. Esta política «progresista» tras la Agenda 2030, socava los cimientos de un desarrollo sostenible en el tiempo, que a su vez, posibilitará la cohesión social. No tiene nada de igualitario penalizar a los diligentes para complacer y premiar a los vagos y mediocres resentidos. ¿Lo más triste de España? ¡Quienes deben aportar las soluciones… son el problema!
