Permiso para protestar. Por Francisco Gómez Valencia

Españoles libres e iguales disfrutando de la libertad de expresión mostrando su descontento el día de la fiesta nacional en el desfile de las FFAA

“¿Pues no que van unos cuantos fachas, el día del desfile y se les ocurre protestar y gritar al presidente Sánchez como si no hubiera un mañana?”

Digo permiso que no derecho faltaría más, que con esta casta política que nos gobierna declarar y reclamar ciertos derechos te convierte inexorablemente en un radical de ultra derecha…

¿Pues no que van unos cuantos fachas, terraplanistas, negacionistas y radicales el día del desfile y se les ocurre gritar al presidente Sánchez como si no hubiera un mañana? Bueno pues la sangre no llegó al río y se demuestra que tan grave no fue, aunque por las declaraciones de algunos, pareciere que ser ciudadano con derecho a berrear o silbar a pleno pulmón con o sin dedos (quien sepa o domine el arte), tuviera que cohibirse ante el disfrute del momento.

Bastante duro fue ver a esos aguerridos legionarios luciendo su “pechamen” con el careto tapado por el bozal mientras la famosa cabra iba cantando lo de: ”soy el novio de la muerte” con la bocaza bien abierta (que la vi yo con estos ojitos que Dios me ha dado). Menos mal que Alfonso Guerra, (el hermanísimo del delincuente Juan Guerra), exvicepresidente (en los tiempos del socialismo “guay” al que quieren regresar los impresentables de ahora, según dicen en su convención), puso las cosas en su sitio.

Es curioso, vino a decir (más o menos) que en España haya gente que disfruta el día de la Fiesta Nacional asistiendo al desfile para abuchear al presidente o aclamar a la cabra… El gran Salomón, se hubiera tenido que tomar un paracetamol de haber estado presente cuando se produjo la drástica declaración por no decir salomónica (bueno ya está dicho). Y es que cuando hablan los expresidentes o exvicepresidentes ponen un tonito como muy displicente dándonos a entender a los vulgares ciudadanos, que no hemos dejado de serlo pese a que ellos alguna vez nos gobernaron.

Qué pena no haber aprovechado tanta cultura, tanta movida, tanta libertad sexual con derecho a cagarse en Dios y la Virgen si te apetece, tanto desparpajo para hacerlo mientras te aplauden o abuchean por ello, tanta grosera corrupción, tanta desigualdad social reventando a la clase media, tanta ruina expropiando o reduciendo a la nada el tejido industrial o las empresas públicas, tanto paro estructural, tanta muerte por culpa de los terroristas consentidos y sus partidos políticos financiados, tanto GAL como solución socialista y progresista al problema, tanto Roldán, Chaves o Griñán, o finalmente tanta libertad para estar hoy dispuestos a sacrificarla berreando en la calle contra el presidente del Gobierno, en vez de estar inundando de pétalos de rosas el camino ante sus pies, como le hicieron al bello Alejandro a las puertas de Babilonia, cantando loas en su honor por sus hazañas, buena suerte y fortuna a la hora de desvelarse por nosotros.

“Con su boquita de piñón decía en los corrillos formados entre sus iguales que sintió vergüenza ajena de esa parte del pueblo español”

Margarita con su boquita de piñón decía en los corrillos formados entre sus iguales que sintió vergüenza ajena de esa parte del pueblo español, y como le debió gustar la reacción de los pelotas que como zánganos(as) revoloteaban alrededor de su excelencia, se lo espetó a la prensa para su posterior divulgación a modo de reprimenda al vulgo, desde su ilustre posición.

¡Váyase usted a cascarla doña Margarita! Que yo abuchearé si me da la gana al árbitro que perjudica cada domingo al Real Madrid, al sindicalista que nos putea la vida o la empresa, a Pablo Alborán por moñas o a Alejandro Sanz por provocar que nos sangren los tímpanos, a “Rociito” (presuntamente) por pedorra, a Messi por chupón y lerdo, a Luis Enrique por ser Luis Enrique, al Papa por comunista, a Pedro Sánchez por felón, al Rey por bobón y hasta a San Pitopato por tenerlo “pa´dentro”, si nos sale de las narices.

¡LIBERTAD DE EXPRESIÓN! Y si no está contenta con los españoles que la pagamos el “sueldazo” usando los derechos adquiridos con la sangre de nuestros antepasados, renuncie al cargo y váyase de una vez a su casa y deje de arrastrar el honor de las Fuerzas Armadas por los suelos con sus estupideces, que para eso está el derecho al honor si es que se le ha perjudicado a usted en algo por abuchear a su jefe. ¿Pues no que va y le dice a los “paracas” que igual hasta lloraron cuando recogieron a los afganos? Claro estos la contestaron: “¡Señora! Somos paracaidistas del Ejercito del Aire de España” ¡QUÉ VERGÜENZA!

La monumental cagada fue reconducida en la entrevista que le hicieron al felón en La Secta, y vino a decir dos cosas: una cierta, que es que él tiene las espaldas muy anchas y por lo tanto a la política se llega llorado: y otra que es falsa, que es que no se abucheó a las instituciones, ni tampoco se faltó el respeto al acto en sí mismo, o a la Corona y lo que representa como Jefe del Estado y Capitán General de los Ejércitos de España. Ni tampoco se hizo lo propio contra la Jefatura del poder ejecutivo o resto de poderes y administraciones representadas en la grada de personalidades, sino a la persona física, al ínfimo ser humano, al felón, al gusano en si mismo que okupa la Moncloa, gracias a pactos aberrantes.

Supongo Señora Margarita, que igual así le queda claro…

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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