La retranca de Bildu. Por Francisco Gómez Valencia

Miles de supuestos oprimidos por el Estado español de Bildu ,piden la autodeterminación de la tierra vasca dos días antes de apoyar los presupuestos a Pedro Sánchez

“La retranca de Bildu: ¿Cómo serán los dichosos presupuestos para que a los etarras los parezcan buenos, verdad?”

España desde que llegaron los socialistas comenzó la transición hacia ninguna parte germinando entonces lo que somos hoy, “una tierra de flojos”. Nadie se ha atrevido históricamente a gobernar “con un par de ovarios” demandando a la sociedad esfuerzos eficaces para hacer próspera España sacando adelante esto, porque sencillamente molesta: “esto”: Y como la mamandurria llegaba a chorros desde Europa, y hasta nos creímos que era lo adecuado para todos, hemos ido para atrás como los cangrejos.

Hoy en día quien no se declare vulnerable “por esto o aquello”, puede llegar a ser tachado hasta de ser un pringado por no reclamar lo suyo. Hay ejemplos innumerables aunque en la actualidad se llevan la palma todo lo que factura el mal denominado género, el acoso sexual, escolar, laboral, sanitario, la pobreza menstrual, la energética, la habitacional, los pobrecitos que sufren porque no somos suficientemente inclusivos con todos los tipos y marcas de seres humanos, que ahora existen y se muestran por las redes sociales y antes, pues no, el estigmatismo por problemas de salud mental, el desempleo destacando especialmente solo algunos casos de exclusión social sobre, los que se pone el acento a diario en los medios (ya me entienden), y tantos y tantos nuevos derechos adquiridos para pillar una paguita gracias a la imaginación de nuestros gobernantes, expertos repartidores de lo ajeno y justicieros bajo su estricto sentido de la igualdad según su cuota clientelar. “Y claro así pasa, que entre esto y lo de más allá, tenemos la teta de la vaca más seca que el ojo de la Inés”- Cada vez se ve el final del túnel más cerca, pero no para bien sino para estamparnos con lo que sea que está al final y que no veremos porque la luz cegadora de la mal entendida libertad, nos está esperando para que nos la peguemos definitivamente.

El Estado del bienestar no consiste en mantener a todo “hijo de p****” por lo que sea o le suceda sin que trabaje y aporte. El concepto de justicia social ha degenerado en la dictadura del chantaje a la que los partidos nos someten con sus políticas al llegar al Gobierno, reventando literalmente a la gente verdaderamente trabajadora para mantener a la otra parte del país dependiente, vulnerable, subvencionada o llámenle ustedes como quieran, que dará lo mismo porque al final la conclusión será idéntica. Aquí trabaja y paga impuestos uno y miran veinte.

Bueno pues todo esto viene porque los de Bildu han accedido a poner cinco votos a favor de Sánchez para que apruebe sus cuentas ¿Cómo serán los dichosos presupuestos para que a los etarras los parezcan buenos, verdad? Ahí lo dejo. Pero es que estos, antes de hacer pública la decisión han tenido dos episodios realmente gloriosos. El primero lo vimos este fin de semana, cuando se manifestaron a favor la autodeterminación de su País Vasco (las Vascongadas de todos y de toda la vida del Señor), cosa que no solo es ilegal en España sino en el mundo entero, aunque qué más da, como los pobrecitos se sienten vulnerables por el Estado represor y los ampara el derecho de expresión, manifestación, reunión, etc., etc., “pues leña al mono que es de goma”.

Y el segundo episodio glorioso, sucedió la semana pasada aunque no he querido dejar pasarlo por alto y fue cuando una fulanita de esas que van con el flequillo cortado en horizontal y al ras de la mitad de la frente, en rueda de prensa denunció que los familiares y amigos que viajan fuera de su comunidad para visitar a los asesinos, y tienen la mala suerte de morirse o quedar lisiados al sufrir accidentes de tráfico, también deben ser considerados víctimas de la represión del Estado, pues ellos no tienen la culpa de tener que desplazarse para ver al familiar (y asesino de turno) a cientos y cientos de kilómetros.

Si me pillan con dos copas de pacharán hasta los daría la razón por caridad cristiana si no las necesitara para no insultarlos también en el ejercicio de la misma caridad y por el número de derechos que a mí también me ampara por pensarlo y/o escribirlo. Por pedir que no quede, total, lo que no saquen ahora a los desarrapados del Gobierno igual no lo consiguen nunca. Pero es que es tal el grado de dependencia ante estos hijos de la patria vasca, que la sensación de asco me supera. Un sentimiento, cortado como la leche en mal estado que de veras pienso y creo que no es hacia las personas en sí mismas pues, como digo: sentirán y querrán igual que lo hacemos los demás a nuestros familiares, aunque los suyos tengan la mismísima cara de Belcebú.

Reflejan las tinieblas, el miedo y la muerte. Viven de ello y por ello siguen extorsionando a un país de flojos aunque también roto y retorcido de dolor y vergüenza por lo que significa tener que oírlos y verlos pedir por su boca lo que no está escrito mientras silenciamos el dolor de los que murieron en vida. España enterró a casi mil familiares y amigos por su culpa. El recuerdo de los cuerpos inertes sigue candente pero ahí siguen, reclamando derechos por su boquita de piñón con sus pistolas aun humeantes escondidas en los zulos.

Que Dios nos perdone, pero solo a nosotros y a los que perciben subvenciones porque verdaderamente las necesitan…

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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