Las hojas presagian un otoño de la cultura occidental sin nueva primavera. Por Rodolfo Arévalo

Las hojas presagian un otoño de la cultura occidental sin nueva primavera.

“Siempre que las hojas secas caen de los árboles, pisoteo unas cuantas porque me gusta ese sonido que me recuerda la cultura occidental que hoy cada vez oigo más lejos”

Las hojas secas caen ya de los árboles, pisoteo unas cuantas porque me gusta el sonido que se produce, cuando las aplasta mi zapato. Es un ruido recuerdo del quebrar de las hojas, bajo cuero de zapato con cordones, ese calzado que la gente debe de considerar de abuelo, porque lo que está de moda son los calzados deportivos. Un calzado de toda la vida, un calzado de mi infancia, adolescencia y juventud, cuando camino al colegio o instituto, en las calles de mi infancia, su música rítmica al paso, me acompañaba.

El otoño ha llegado y ha tapizado de ocres nuestras mentes y caminos. Ya no hay rumbo, no hay valores originales compactos y fuertes, el rotundo quebrar de hojas secas bajo los pies, todo se ha transformado en algo muelle, un chicle que se mastica sin pena ni gloria, una especie de ausencia de certezas que antes sobrevolaban nuestras vidas, nuestras sociedades y cultura.

Ya no hay Europa, ni una grande, ni una pequeña, es todo un revuelto de sinsentidos, en los que no hay refugio del frio que proviene de otras culturas menos libres que la nuestra, menos independientes de religiones y políticas, menos libres y menos occidentales, porque lo que falta es el espíritu de Europa. Hasta hace poco todavía nos quedaba Merkel, como faro guía, que evitaba en parte que el continente zozobrara en manos de inexpertos dirigentes grumetes, recién salidos de un cascarón de inocencia casi pueril.

Es triste haber vuelto hace unos años atrás a Le Havre en Francia y haber descubierto que la sociedad de la Normandía se ha ido diluyendo entre velos y oscuros colores, entre desapariciones de las insinuantes curvas femeninas, ahora metidas en informes túnicas, generalmente monocromas, no fuera a ser que se revuelva Dios. Esas siluetas femeninas pertenecen a casbas y desiertos que nos pillan lejanos, pero que hemos importado sin vergüenza alguna, en loor de política correcta de santidad postmoderna y ñoña.

Todo esto que encuadrado en otros ambientes, lugares y culturas, está bien y es asumible, aquí en el continente Europeo disuena lamentablemente con la fuerza del otrora orgulloso espíritu Europeo. No me extraña nada que el Reino Unido, por las razones que fueren nos abandonara. Todo eso que hemos traído por imprudencia y buenismo, siguiendo los postulados maleables de los políticos relativistas y probablemente malintencionados, que trabajan a rio revuelto para su propia ganancia, que juegan tanto a la banda del comunismo como del presidencialismo dictador, nos es del todo ajeno y rechazable, por derecho.

No hay por qué tener complejos en decirlo alto y claro, aunque se originen huracanes en foros “Saopablistas“. Europa no debe ni tiene que agachar las orejas o la nariz, que ha de llevar bien alta y orgullosa frente a quienes quieren despreciarla y vejarla.

Una cultura, no tiene porque agachar las orejas ante otras, por muy mal vista que esté desde fuera, porque pertenecen a otras circunstancias y formas de ver la vida. Estas culturas ajenas que, lógicamente están muy bien en sus lugares de origen, disuenan con fuerza en lo que antes era parte del corazón de occidente.

Hay que ser muy bragado, muy recio, para defender los valores de nuestra cultura sin ser tachados de fascistas, algo así como de come humanos inválidos y abandonados. Tengo el convencimiento, porque lo he visto con mis propios ojos que los seres humanos, sean de donde sean, se adaptan a lo que son, a lo que tienen y a sus culturas. Y aunque ustedes no lo crean son felices.

Que no traten de engañarles haciéndoles ver que no, que en otros lugares todo es miseria y carencia. La mayor parte de los niños africanos son tan felices como los Europeos, si no más que ellos, porque no se trata de tener, sino de ser. Las culturas, no tiene por qué ser homogéneas, y quedar disueltas en un mar de diversidad, como parecen querer elementos manipuladores de consciencias, solo algunos humanos, muy pocos, pertenecientes a la cultura Europea como los Polacos sustentan aún incansables los bastiones de defensa y lo hacen porque defiende su recién estrenada, como quién dice, libertad, esa de la que carecieron bajo los regímenes comunistas.

Defender la libertad de Europa es defender tu propia libertad individual, pero parece ser que muy pocos se dan cuenta de ello en la actualidad. Por eso siempre que las hojas secas caen de los árboles, pisoteo unas cuantas porque me gusta el sonido que producen, me une a mis raíces, cuando las aplasta mi zapato. Es un ruido recuerdo ese del quebrar de las hojas, bajo cuero de zapato con cordones, ese calzado que la gente debe de considerar de abuelo, porque lo que está de moda son los calzados deportivos. Un calzado de toda la vida, un calzado de mi infancia, adolescencia y juventud, cuando camino al colegio o instituto, en las calles de mi infancia, su música rítmica al paso, me acompañaba. Era el paso de la cultura occidental y hoy cada vez lo oigo más lejos.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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