Operación «cenar en Nochebuena». Por Francisco Gómez Valencia

 

Todo apunta a una maravillosa cena familiar celebrando la Nochebuena, como debe ser.

«Operación cenar en Nochebuena: La Navidad triunfa, la familia resiste, el amor y el cariño por ellos se acrecienta y ya los echas de menos» 

Son las fechas que me embriagan y condicionan; por ello, estoy dispuesto a escribir sobre el sabor y el olor de la Navidad, para ir terminando de buen rollo el año. De hecho mientras lo hago ataviado con mi jersey de renos, mis pantuflas de pana de revolucionario disidente de salón, competencia de las de cuadros de Sánchez Dragó y por supuesto equipado con el impresentable chándal hogareño: me planteaba si otorgar o no una última oportunidad a la pestilente actualidad antes de las grandes cenas de Navidad, o sencillamente ponerme a enumerar las bondades del ser humano.

Familia, picoteo con amigos, picoteo gourmet, quesos, jamón, disfrutar tranquilamente los momentos más especiales compartiendo una cerveza hecha sin prisa, pates y untables, mariscos, sopas y canelones que enaltecen el sabor de la Navidad con trufa, piezas selectas de carnes y acompañamientos escogidos y seleccionados por verdaderos expertos que además vigilan el bienestar animal. Los sabores del mar haciéndonos disfrutar de lo mejor de nuestros mares, nuestros vinos, cavas, licores, postres y helados, postres franceses, productos de sobremesa importados de otras culturas. Bombones, turrones, mantecados, chocolates, y por supuesto la estrella de todas las mesas, el roscón de antes de reyes; es lo que cualquier cadena de alimentación nos propone con amor.

¿Qué sería de nosotros sin que ellos nos lo recordaran de tal manera? Conocen nuestras costumbres ancestrales y sin pudor, nos piden el penúltimo esfuerzo del año, pues saben que pase lo que pase en la mayoría de los hogares las tradiciones se respetan; mejor o peor, pero al menos se intenta, que es lo primordial.

Los de siempre lo intentarán “in extremis” y hablarán de las virtudes de la mascarilla y el gel hidro alcohólico. Conectarán en directo con la casa de los horrores, es decir la de los Martínez de turno, nos retransmitirán el mensaje del Rey, el previo del reyezuelo autonómico, y quizás, hasta algún mensajillo grabado y metido de soslayo y con calzador del felón antes de ponerse moreno otra vez, mientras se ríe de todos nosotros desde alguna playa lejana. En el último momento del telediario de las nueve nos recuerdan otra vez que vamos a morir todos por cualquier motivo pero sus tristes argumentos laicos y sobreactuados sin ninguna consideración, por mucho que los duela, pasa a segundo término salvo que el cuñado seleccionado como gestor del protocolo covid, lo rebuzne haciendo la gracia con tono quizás más elevado de lo recomendable para el desempeño de su función, aunque todo esto ya importa poco para lo que se nos viene…

Las luces para la ocasión inundan las calles de tradición y a través de los ventanales de los salones se atisban los arbolitos de Navidad que adornan los salones con olor a comida de la rica, de la hecha por la mama, la abuela, la contraria o incluso -y que Dios me perdone-, por esa cuñada que con gran destreza ha sido capaz de traer el postre desde el PAU donde se fueron a vivir -porque no había un sitio más lejos-, sobre sus rodillas. La incomoda postura, la hace más extraña aun de lo que ya lo es, a lo que hay que sumar que el extraordinario asiento de copiloto del coche eléctrico del otro, la provoca un agudo dolor de cervicales que aunque condicionará su carácter agrio, no lo mejorará ni un poquito, pero como solo se hace una vez al año y para dar gusto al suegro, “dientes, y que no noten que nos jode”…. El suegro para quitar hierro al asunto pues se siente culpable, en modo zampabollos al ver el percal saca del bolsillo la pastilla de ALMAX diciendo que él: ¡“vive la vida a tope”!, mientras se golpea airadamente la panza. El sobreesfuerzo por haberlo preparado a desgana merece la pena…

Una vez terminado el festín, algún petardo de tipo pirotécnico, fisiológico y/o en forma de vecino berreador rompe el silencio de la nochebuena. El soporífero concierto enlatado del incombustible de turno, no por su genio y figura sino por lo repetitivo del acto en sí mismo, acelera el final de la jornada. El cuñado de turno y de nuevo en su afán por recobrar algún protagonismo, en un momento de descuido del rey de la casa, de escapada al baño o al cigarrito furtivo, logra hacerse con el mando a distancia de la televisión cambiando compulsivamente de canales, hasta encontrar la inoportuna escena de sexo a deshoras. La delicada situación y los gemidos a gran volumen precisamente son perfectos para despertar al suegro, el cual hace más de una hora y media que yace K.O. por la inevitable fermentación, y la famosa pastilla.

Todo parece controlado y el fin asoma por fin, porque como conoces a la tropa sabes que esto solo puede ir a peor, por lo que aceleras el momento de levantar el campamento y de practicar el dicho de: “cada mochuelo a su olivo”.

El desfile de cariños se repite pero esta vez en la dirección adecuada, es decir, la de salida y comienza de nuevo el carrusel de besos estridentes, muestra del amor incondicional. Abrigos de corte largo, corto, chaquetas de vestir en serio, pañuelos, bufandas, fulares, gafas, la funda de las gafas, los guantes, gorros, gorras al estilo Villarejo y todo lo demás ¡Preparados, listos… ya! Desfilando que es gerundio y que el vertedero, recobre su carácter digno y muestre su verdadera cara ahora que la familia se ha marchado ganando la batalla, el necesario silencio. La musiquilla de las luces del árbol vuelve a asomar tímidamente mientras las risas y los gritos se escuchan por las escaleras y saludas desde la ventana… ¡Adiós, adiós, hasta mañana! Porque esto no ha terminado, solo acaba de comenzar.

La Navidad triunfa, la familia resiste, el amor y el cariño por ellos se acrecienta y ya los echas de menos aunque sabes que mañana será otro día, comerás sobras y alguna vianda más.

¡Feliz Navidad, mis queridos amigos!

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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