
«Mal muy mal van las universidades, si a sus alumnos se les utiliza como carne de cañón para lucimiento de sus revolucionarios en nómina»
Según la última evaluación de la consultora británica Quacquarelli Symonds, de 5 de junio de 2024, es decir, hace tan solo cinco días, la universidad Complutense, siendo actualmente la mejor y más prestigiosa universidad de España, ocupa el puesto 164 en el ranking mundial ¡Fantástico!
Del resto de universidades españolas, lamentablemente solo cabe mencionar que otras tres se encuentran entre las 300 mejor cualificadas del mundo ¡Extraordinario!
Del resto guardaremos un piadoso silencio, la irrelevancia no se suele comentar ¡Sublime! A la vista del actual panorama solo cabe decir que avanzamos con ímpetu hacia el desastre sin paliativos.
“No pretendo ser cruel, y mucho menos desconsiderado con la enseñanza superior española, pero lo que tenemos deja mucho que desear”. “Poner fin a la lánguida y patética existencia de la actual universidad es lo único que puede salvar a la juventud que ha decidido estudiar, sin saber a ciencia cierta si su esfuerzo tendrá futuro, porque tal y como está configurada a día de hoy, no lo tendrá”. “El drama seguirá carcomiendo la Universidad española, mientras siga estando en manos de ciertos “entes” ajenos a lo que tiene que ser una verdadera universidad libre digna y profesionalizada”.
Las frases anteriores están recogidas de entre miles de opiniones que a lo largo de los últimos años han ido dejando los que la mantienen, casi todos, y los que la sufren, otros tantos.
Aquél que se dé por aludido será el primero en admitirlo, no en balde se le supondrá un mínimo de inteligencia, al entender su propio señalamiento. Esa casta que sigue practicando el nepotismo y la endogamia, acomodando sus culos en mullidos sillones para expandir, no conocimientos ni excelencias, si no el método para poder perpetuarse en el machito. Los verdaderos culpables, los políticos, solo pisan en ella para recibir elogios por seguir sin hacer nada.
Algunas de nuestras universidades, otrora las más antiguas prestigiosas e importantes del mundo, alumbraron en tiempos pretéritos lo más florido de la historia universal, impensable en estos tiempos donde lo chabacano lo cutre y lo soez inundan el cada vez más paupérrimo e irrisorio panorama universitario español. Detalle no menor que debería movernos a pensar en el estado cuasi comatoso en el que se encuentra actualmente la universidad española, más entretenida en astracanadas políticas que en impartir sabiduría y prestigio a los que acuden a ella.
No daré nombres por razones obvias, pero es muy fácil deducir que basura de enseñanza pueden dar los que no van a impartir materias, si no a adoctrinar mentes más o menos esclavas de su propia degeneración. Como ejemplo cabe citar como hasta hace tan solo unos años se repartían títulos y licenciaturas a conocidos criminales etarras, cuyo único mérito académico conocido, consistió en haber saltado la tapa de los sesos, o haber hecho volar por los aires a ocho diez o quince españoles con las tristemente famosas bombas lapa. Grandiosa forma de formar en humanidades, derecho, filosofía u otras licenciaturas a tan asquerosas ratas, que ni siquiera fueron capaces de abrir un libro por la primera página ¿Para qué hacerlo si sus licenciaturas ya estaban redactadas? ¿En manos de qué chusma estaba ese tinglado? ¿Quién lo permitió? ¡Ahh! Era en nombre del progreso y la pacificación de la putrefacta Euskadi, a la vista está el éxito obtenido.
La universidad no debería dar carta de naturaleza a los que no van a formar e impartir conocimientos en las asignaturas existentes, si no a hacer proselitismo de una ideología tan homicida como el comunismo y sus variantes, hecho palmario y reconocido por todos ¿Nombres? Están en la mente de todos, pueden servirse ustedes mismos.
La universidad debería ser más seria en adjudicar títulos, doctorados y cátedras, y no concederlos a quienes ni siquiera los trabajaron ni merecieron ¿Qué valor puede tener un doctorado, si se puede otorgar a cualquiera, sin ni siquiera haber trabajado en su tesis? ¿Cómo se puede ser catedrática, sin haber pasado previamente por la universidad? ¿Qué tribunal otorga esos títulos sabiendo y comprobando a su vez que tal distinción no es merecida? ¿Tan poco valor dan a sus nombramientos? O lo que es aún peor ¿A cuánto cotiza el kilo de los que conceden dichos títulos? Siendo todo este mejunje intolerable, lo peor es que dichos nombramientos hayan sido otorgados por el dedazo de Don Poder.
Por si no haya quedado meridianamente claro volveré a repetirlo, más que nada porque a nadie del mundo universitario se le ha oído hasta ahora alzar la voz por tamaña fechoría ¿Tan poco valor le dan al nombramiento de un catedrático que haya estudiado y se haya formado para serlo? ¿Tan barato e insignificante es un doctorado como para que se lo den a cualquiera? ¿Y aún nos sorprendemos de que la Complutense ocupe el puesto 164 en el ranking de las mejores universidades del mundo? La verdad, o el puesto 164 es más que merecido dada su escandalosa sumisión al poder, o tal vez no han tenido en cuenta que en algunas universidades las cátedras se otorgan a cualquiera, en cuyo caso el puesto sería el 999, o incluso el 2024.
Mal muy mal van las universidades, si a sus alumnos se les utiliza como carne de cañón para lucimiento de sus revolucionarios en nómina. Mal, rematadoramente mal, irán las universidades, si sus rectores siguen creyéndose reyezuelos de taifas y siguen permitiendo y consintiendo que sus campus se conviertan en estercoleros mediáticos. Mal, muy mal iremos, si las instituciones más importantes del país se prostituyen, por conveniencia, por figurar, o por algo más prosaico, como el dinero.
