
«Permitan deje aquí el pensamiento exacto que me acomete cada vez que oigo la idiotez borreguil del servil y subvencionado Aragonés»
Permitan deje aquí el pensamiento exacto
que me acomete cada vez que oigo a Aragonés:
Nada hay que se contagie tanto
como el instinto de rebaño y la gilipollez.
De hecho, a menudo van hermanados,
se sufran en nuestros primeros años
o al asomar la decrepitud de la vejez.
En Cataluña, se da buena muestra de ello,
y gilipollas y borregos andan siempre de la mano;
pero si son putos hipócritas o servilmente sinceros
es algo que aún no me ha quedado claro,
cuando es cosa que en verdad mucho importa:
sin son lo segundo, ¡no pueden ser ya más borregos!
Si lo primero son, ¡no pueden ser más gilipollas!
En cualquier caso, por tanto, compadezcámonos de ellos:
¡Darían, todos, el pego
en «La Cena de los Idiotas»!
¡Y es siempre esa «Catalunya dolça, rica i plena»
la que, de su idiotez borreguil, acaba pagando el precio,
abismada en LA MISERIA!
