
«Crónica anfibia desde un estanque seco y apestoso mientras los políticos chapotean en lodazales de cinismo, desvergüenza y miseria democrática»
Hay días en que algunos quisiéramos ser ranas o sapos, y estar en cualquier estanque de aguas limpias, croando a placer y, de algún lengüetazo, pillar un insecto volador a precio asequible de mercado. No como lo que mercamos a diario, con prudencia, para no dejarnos el sueldo y la piel de siervos del gran Yoyó, que aún debe de estar en los cielos.
No hay Constitución, ni pueblo, ni bandera de esplendor que, al parecer, no sienta su derecho y dé precio a su… ¿Qué poner? ¿Jeta? ¿Caradura? ¿Estulticia? Por creerlo —lo de estar en los cielos—, que no sufra: digamos que todavía siguen cayendo, poco a poco, los engañados que fueron llamados a votar —o a botar— al peregrino que, acompañado de Ábalos, recorrió la piel de toro para ser elegido en desigual congreso socialista. Vaya usted a saber cuántos le apoyaron y no fueron elegidos. Al parecer, continúan embobados; o sea, con la boca abierta.
Digamos que el croar de todos los sapitos que han trabajado y trabajan, dejándose el lomo como burros de carga, daría lugar a una nueva canción, en la que ruegas —más que pides— a tu hermano que espere un nuevo día.
—Pero ¿qué dice usted?
—Pues ¡paparruchas!
—Aquí lo único que se espera, día a día, es el canto de algunos sinvergüenzas más.
Esos que solo esperan pillar por la cara otra jornada.
—No estoy informado, ¡oiga!
—Ya, es lo que le suele pasar a la mayoría: que no están informados, leen poco y menos los periódicos y diarios que publican las asquerosidades de algunos que dicen trabajar en política —no todos— por y para el bien del pueblo.
¡Permítanme que me tronche y me parta de risa histérica! ¡Qué cara de cemento tienen algunos!
Les paso un consejo: si quieren robar, ¡roben! Los ciudadanos no podemos hacer nada para evitarlo. Pero no se preocupen, ya vendrán las elecciones. Y sí, ya van quedando pocos tarados mentales que les crean. A lo mejor les votan menos, y eso que iremos ganando.
Lo malo es que los estanques de aguas claras —de los que hablaban en los setenta los del grupo musical Creedence Clearwater Revival— ya no existen. Están tan secos como el mar de Aral, y debe de ser que eran un tanto inocentes frente a tanto caradura indecente y arrabalero. Las clases medias se dejan engañar porque no suelen ser tan indecentes y esperan que otros tampoco lo sean.
Algunos mares y lagos, en la actualidad, no parecen existir. Solo acumulan la arena que fue su fondo cuando todavía había agua. Las arenas y capas de costrosa mierda acumulada en ellos no permiten ni siquiera darse un breve chapuzón, aunque fuera de arenilla caliente, ardiente, quemadora.
Es curioso que, en el país de la improvisación y de la chapuza —que es España—, no puedan darse algunos el baño de multitudes porque son abucheados impenitentemente. Un baño en el que, en la piscina, mar o río, seguro que florecerían las asquerosidades, por la roña que sueltan algunos desde su piel y su alma.
No basta con creerse guapo, listo, inteligente, abrumador y gracioso. Hay que valer para el cargo, que desde luego no es ser cajero de supermercado —a mucha honra—, sino gestor de todas las obligaciones y ministerios de un país. Eso no es moco de pavo. Y no, no se improvisa, por mucho título que uno tenga, sino rodeándose de personas adecuadas para esa misión y esos puestos. Pero cuando el aprobado resulta rasado, la posibilidad de pegarse un morrazo es casi segura.
Lo único que podemos esperar es que el tiempo hasta las elecciones vuele más rápido que las moscas que devoran las ranas. Por eso comenzaba diciendo que hay días en que algunos quisiéramos ser ranas o sapos y estar en cualquier estanque de aguas limpias, croando a placer y, de algún lengüetazo, pillar un insecto volador a precio asequible de mercado. No como lo que mercamos a diario, con prudencia, para no dejarnos el sueldo y la piel de siervos del gran Yoyó, que aún debe de estar en los cielos.
No hay Constitución, ni pueblo, ni bandera de esplendor que, al parecer, no sienta su derecho y dé precio a su… ¿Se parecerá a Osiris?

