Acabaremos comiendo alimentos sintéticos. Por Gusarapo

Acabaremos comiendo alimentos sintéticos.

«Tranquilos, que no voy a hablar de campo. Creo que no merece la pena seguir insistiendo en lo mismo uno y otro día. Acabaremos comiendo alimentos sintéticos»

El lunes, tras la impresionante y extraordinaria manifestación que tuvo lugar en las calles de Madrid en defensa del Campo español, una persona que fue testigo de dicha manifestación, me comentó que le parecía que el usuario final (el consumidor) tiene una imagen muy distorsionada de la realidad de unos y otros. Que la visión que tenemos otros y unos es muy distinta. Coincido plenamente con su opinión. Hay distorsión y disociación.

Durante el transcurso de la semana he podido constatar varias veces esta opinión. No sólo entre personas del ámbito urbano, también con empleados públicos que desarrollan su actividad en relación con el campo pero a distancia. A la distancia que marcan una puerta, una mesa y una silla.

La mayoría de ellos no demostraron ser conscientes de la magnitud de los problemas que tenemos quienes trabajamos o vivimos en el campo. Por lo menos, de un buen número de nosotros. «Si pueden comprar tractores de cien mil euros, no estarán tan mal«, me dijo alguien. «Con las ayudas y subvenciones que recibís ¿De qué os quejáis?«… «El agricultor se pasa la vida quejándose y pidiendo«.

Allá por 1989, un pastor te vendía un lechazo por entre ocho mil y diez mil pesetas. Un lechazo recién sacrificado por él mismo, a la sombra de una encina, o a la abrigada de la cubierta de madera y teja de un cobertizo. Lo dejabas una noche al sereno y al día siguiente lo asabas y te lo comías tan ricamente, exactamente igual que se había estado haciendo durante siglos.

Por entonces, el litro de gasóleo de automoción creo recordar que estaba en cuarenta y cinco, y cincuenta pesetas. ¿Recuerda cuánto cobraba usted de sueldo en aquel año? Compare con lo que cobra ahora. Un cordero se vende hoy,  de media, en cincuenta euros, las mismas ocho mil pesetas.

Muchos pastores ya no quieren saber nada de matar un lechazo para nadie, no se arriesgan a pagar multas.

Tranquilos, que no voy a hablar de campo. Creo que no merece la pena seguir insistiendo en lo mismo uno y otro día. Acabaremos comiendo alimentos sintéticos, insectos, vegetales y semillas cultivados con peligrosos pesticidas, y cualquier cosa que los políticos decidan que tenemos que comer. Es lo que estamos buscando. Se sorprenderían del porcentaje de población que está dispuesto a dejar de comer alimentos tradicionales para pasar a comer las nuevas delicias que nuestros próceres están fomentando. Lo que sea necesario contra el Cambio Climático. Hasta los terremotos de hoy en día se deben a ese cambio. Por lo visto.

Los gobiernos de los países que forman la UE, han decidido conducir a los ciudadanos europeos hacia un suicidio colectivo. Un suicidio demográfico, cultural, religioso, económico, industrial, energético, educativo, alimentario y hasta ecológico.

Alguien ha sido capaz de convencer a los dirigentes europeos de la necesidad de desindustrializar Europa, de trasladar la fabricación a países alejados de nuestro entorno. Y en nuestro país más aún.

Se ha creado un gran paraguas social que beneficia a unos y perjudica a otros creando la clase de los subsidiados y empobreciendo a las clases medias. Una máquina de comprar voluntades y de fomentar la desidia que consume recursos de forma imparable y creciente.

Se han establecido niveles teóricos máximos conjuntos de contaminación sin discriminar a quienes por circunstancias históricas, ambientales o geográficas no contaminan en igual medida que otros.

En base a una supuesta consecuencia del progreso, han considerado solución la transformación energética, alejando a muchas familias de la posibilidad de utilizar la energía en su vida cotidiana.

Imperan el ambientalismo, el animalismo, el especismo, el ecologismo exacerbado y se ataca la producción de alimentos y a quienes los producen. Están creando un gigantesco parque natural geriátrico. Están transformando y contaminando paisajes naturales. Se está sobreprotegiendo a una parte en perjuicio de otras. Nos recreamos en absurdos y despreciamos lo real.

No se fomenta la natalidad de los naturales y se abren los brazos a la entrada masiva de foráneos que curiosamente no tienen inconveniente en tener hijos, y que los tienen, engrosando el número de individuos que se benefician del paraguas social.

Dejamos a un lado tradiciones y cultura propias, ancestrales, para abrazar modas comerciales y cultura extrañas.Rechazamos al cristianismo, con lo que ha supuesto para el desarrollo de nuestra identidad y forma de vida, y ensalzamos otras que son contrarias a nuestros hasta ahora valores y creencias.

Se ha optado por alejarse de la excelencia educativa y formativa, del esfuerzo, de la exigencia, del uso de la memoria, de la superación personal en aras del mínimo esfuerzo y de la equiparación intelectual.

No extraemos los recursos naturales que tenemos en nuestro subsuelo para adquirirlos fuera, en otros países que gracias a ellos están creciendo económica y socialmente. Han creado dependencia económica de nuestros rivales económicos, comerciales e industriales. Y en esa dependencia hemos pasado de liderar al Mundo a ir a la zaga de quienes conculcan derechos fundamentales de las personas. Acudimos prestos a complacer a los tiranos que encarcelan, torturan y asesinan. No ayudamos a los débiles, más bien al contrario, favorecemos a sus opresores.

Se aplaude la deshumanización del ser humano y se humaniza a otros seres vivos.

Los dirigentes elegidos democráticamente pervierten la Democracia, incumplen la legalidad, coaccionan y limitan los derechos de los ciudadanos. 

Renunciamos al pensamiento individual. Renunciamos a la libertad individual, a la vida, a la propia y a la de los más indefensos.

Durante siglos el Mundo giró gracias a nosotros. Fuimos el baluarte del progreso, de la Ciencia, de la Cultura, del Derecho, de la Libertad, de la defensa de la vida. ¿Qué somos ahora? ¿En qué nos hemos convertido?

Seguramente estoy equivocado y mi observación es errónea, o si no lo es, soy incapaz de vislumbrar las bondades de lo que está sucediendo. Usted sabrá lo que ve.

Gusarapo

Soy más de campo que las amapolas, y como pueden ver por mi fotografía, también soy rojo como ellas. Vivo en, por, para, dentro y del campo. Ayudo a satisfacer las necesidades alimenticias de la gente. Soy lo que ahora llaman un enemigo del planeta Tierra. Soy un loco de la naturaleza y de la vida.

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