La desintegración de Europa. Por Amando de Miguel

La desintegración de Europa.

«De un tiempo a esta parte, lo que priva en Europa es la trayectoria menguante respecto a su influencia en el mundo, otrora magnífica»

La verdad es que, nunca, estuvo integrada. No obstante, de un tiempo a esta parte, lo que priva es la trayectoria menguante respecto a su influencia en el mundo, otrora magnífica. Es fácil convenir que atravesamos todos una gran crisis de la economía planetaria. Lo significativo es que azota, sobre todo, a las naciones europeas, incluyendo, desde luego, el Reino Unido, Suiza, Rusia y Ucrania, además, de otras naciones pequeñas. La pretensión de un marbete como el de la Unión Europea, además de las excepciones dichas, no deja de ser un tanto dislocada.

La cosa no es de hoy; eso es lo grave. Se colige una tendencia irrefrenable a lo largo de la última generación. No se trata de un declive pasajero, afectado por las variables económicas y próximo a recuperarse, sino de una decadencia en toda regla.

El asunto viene de lejos. En contra de la estúpida leyenda sobre los años oscuros de la Edad Media europea, en ella se elabora el espíritu de la singularidad de Europa. Confluyeron algunos elementos valiosos. Véanse: el descubrimiento de la filosofía griega y del derecho romano, el orto de las naciones y de las lenguas vulgares, el arquetipo del cristianismo, la creación de las universidades, los instrumentos del tráfico mercantil, el uso sistemático de la razón. Todos esos fundamentos de una vida civilizada se vienen, hoy, abajo.

La Europa actual lleva camino de convertirse en lo que significó la Grecia clásica para los romanos distinguidos del Imperio: un lugar de visita nostálgica. Ahora, las clases ilustradas del resto del mundo peregrinan a Europa para congraciarse con un pasado ilustre y prestigioso.

La reciente invasión de Ucrania por Rusia es el último eslabón de la cadena que define la degradación europea. Sencillamente, un país europeo asola a otro vecino y afín, mientras el conjunto de la Unión Europea asiste compungido ante tal desolación. Se explica: la Unión Europea ni siquiera cuenta con un ejército propio para la exigencia de contener la invasión de Ucrania o la hipotética de cualquier otro país.

Después de la II Guerra Mundial, el debilitamiento de los países de la Unión Europea se contuvo gracias a la protección interesada de los Estados Unidos de América. Ha sido, desde entonces, el generoso aliado de las demás democracias. Pero, en el siglo XXI, la hegemonía estadounidense ha ido cediendo terreno ante el ascendente papel de China y otros países no occidentales. En el mejor de los casos, se establece un nuevo reparto de papeles entre las grandes potencias económicas y militares del mundo. Europa aparece, así, como la península occidental del gran continente asiático. En todo el mundo, el sistema democrático occidental ha perdido atractivo, sustituido por un variopinto sistema de capitalismo autoritario, centrado en el modelo chino.

El deterioro de la sociedad europea se traduce, para empezar, en lo más elemental: la estructura demográfica, con las tasas de fecundidad más bajas de la historia. El resultado es la población más envejecida del mundo, hasta el punto de tener que admitir una dosis masiva de inmigración extracontinental. Es evidente el riesgo de pérdida de identidad cultural que ello representa, además del peligro de la delincuencia y el terrorismo. Los europeos de toda la vida invierten cada vez más afectos y recursos en el cuidado de mascotas, y menos en el de los niños.

Hay no pocos ingenuos que consideran que la globalización (la vieja utopía del Estado mundial) va a suponer una detención en la trayectoria menguante de la posición europea. Empero, la realidad nos dice que, en el mejor de los casos, los impulsos de la globalización en marcha van a ser orientados por países extraeuropeos.

 © Amando de Miguel para la Gaceta de la Iberosfera.

Amando de Miguel

Este que ves aquí, tan circunspecto, es Amando de Miguel, español, octogenario, sociólogo y escritor, aproximadamente en ese orden. He publicado más de un centenar de libros y miles de artículos. He dado cientos de conferencias. He profesado en varias universidades españolas y norteamericanas. He colaborado en todo tipo de medios de comunicación. Y me considero ideológicamente independiente, y así me va. Mis gustos: escribir y leer, música clásica, chocolate con churros. Mis rechazos: la ideología de género, los grafitis, los nacionalismos, la música como ruidos y gritos (hoy prevalente).

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